10 versículos claves sobre la oración en la Biblia

10 versículos claves sobre la oración en la Biblia

La oración es un recurso maravilloso para nuestro crecimiento espiritual pero a la vez misterioso. La idea de que podamos comunicarnos con el Creador del universo puede parecer a muchos algo presuntuoso.

¿Por qué Dios quiere hablar con nosotros? ¿Hay una modelo para orar?  ¿Por qué Dios contesta algunas oraciones y otras no? ¿Es importante que tengamos fe para orar?

La Biblia nos habla sobre la importancia de la oración y cómo debemos hacerla.  Dios nos invita a que conversemos con Él y en la Biblia nos da pautas para orar.   A continuación ofrecemos una lista de 10 versículos claves sobre la oración en la Biblia.

 

Lucas 18: 13-14:

 En cambio, el recaudador de impuestos, que se había quedado a cierta distancia, ni siquiera se atrevía a alzar la vista al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: “¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!” Les digo que este, y no aquel, volvió a su casa justificado ante Dios. Pues todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Estos versículos están sacados de la historia del fariseo y del recaudador de impuestos que oraban en el templo.  Nos revelan el tipo de oración que nos permite entrar en una relación con Dios: «Dios, ten piedad de mí, un pecador».  El recaudador de impuestos fue honesto con Dios sobre su situación pecaminosa. Se humilló, se arrepintió y reconoció que necesitaba de la misericordia de Dios. Dios respondió a su oración y lo salvó.

De este versículo aprendemos que el primer paso para desarrollar una vida de oración sana es clamar por la misericordia y la salvación de Dios

 

Salmo 66:18: 

Si no hubiera confesado el pecado de mi corazón,mi Señor no me habría escuchado.

 Este versículo del salmo de David nos muestra un obstáculo importante para la voluntad de Dios de escuchar nuestras oraciones: el pecado no confesado. Algunos podrían preguntar: «Si el pecado impide que Dios escuche nuestras oraciones, ninguno de nosotros tiene una oportunidad, porque todos pecamos, incluso después de ser salvos».

Una lectura cuidadosa del Salmo 66:18, sin embargo, atrae nuestra atención a la palabra «confesado». Confesar implica reconocer ante Dios nuestros errores con el propósito de no volverlos a cometer.  Esto implica que debemos abandonar y renunciar a esa situación tan sólo nos damos cuenta de lo que hemos hecho por que el Espíritu Santo nos convence de ello. No se trata de que no cometamos errores, se trata de resolverlos inmediatamente nos demos cuenta que los hemos cometido (1 Juan 1: 9).

En pocas palabras, no podemos vivir un estilo de vida pecando continuamente y esperar que Dios escuche nuestras oraciones.

 

Salmo 34:15:

Los ojos del Señor están sobre los justos; y sus oídos atentos a sus oraciones.

Si tenemos un relación sincera con Dios y buscamos seguirle y honrarle con nuestras vidas no deberíamos preguntarnos si el escucha nuestras oraciones.  Si mantenemos una sintonizada con Él y escucha cada oración que sale de nuestra boca.

 

Daniel 9:18b:

…. Al hacerte estas peticiones, no apelamos a nuestra rectitud, sino a tu gran misericordia.

Este hermoso extracto de la oración de Daniel cuando los judíos estaban exiliados en Babilonia muestra una verdad muy profunda. Dios responde nuestras oraciones por su misericordia y no por nuestras buenas obras.   Muchos creyentes piensan que las buenas obras son un medio de persuación a Dios para que responda nuestras oraciones.  Dios nos llama a vivir en santidad pero no es nuestra obediencia a Dios la que le impulsa a responder nuestras oraciones.  Dios escucha nuestro clamor por su misericordia.

 

Salmo 5: 3:

Por la mañana, Señor, escuchas mi clamor; por la mañana te presento mis ruegos y quedo a la espera de tu respuesta.

En este versículo el salmista nos muestra la actitud que tenemos que tener en la oración. El modelo a seguir es la expectativa. Debemos creer que Dios escucha nuestras oraciones y las contesta.   Este pasaje también nos orienta a que si oramos temprano por la mañana tendremos el resto del día para que Dios anticipe la respuesta.

Cuando oramos debemos permanecer a la expectativa para que Dios conteste.

 

1 Juan 5:14:

Esta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que, si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye.

Sabemos que a Dios le agrada responder oraciones alineadas a su voluntad. Sin embargo ¿cómo podemos saber cuál es la voluntad de Dios. La forma más idónea para conocerla es leer su Palabra.  En la medida que buscamos a Dios en oración y leyendo la Bibla creceremos en conocer su corazón y sus designios.  Leer su palabra en oración es la clave para lograr sabiduría y conocimiento espiritual.  La palabra Dios nos orienta a orar de acuerdo a su voluntad y por lo tanto Dios contestará nuestras peticiones.

Dios responde las oraciones que está alineadas a su voluntad.

 

Santiago 4: 3:

Y, cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones.

Este versículo nos dice por qué Dios muchas veces dice “No” a nuestras oraciones. Algunas veces oramos en forma egoísta, egocéntrica y por cosas que no nos convienen.  Dios es sabio y nos ama.  Como un padre que ama a sus hijos no nos da cosas que nos dañen ni que dañen a otros.

Dios no contestará nuestras oraciones si pedimos algo equivocado o con propósitos erróneos.

 

Mateo 26:42:

Por segunda vez (Jesús) se retiró y oró: «Padre mío, si no es posible evitar que yo beba este trago amargo, hágase tu voluntad».

En este verso Jesús nos muestra lo que significa la rendición y la sumisión a la voluntad del Padre. Cuando oró para que Dios le perdonara de la muerte en la cruz antepuso la voluntad del Padre. Jesús es tan humano como cualquiera de nosotros.  Sintió miedo y temía experimentar la agonía de la crucifixión. A la vez como también es Dios pudo haberse negado a morir.  Sin embargo se acercó al Padre con humildad sumisión y confianza y oró diciendo: » hágase tu voluntad «.

En ese momento parecía que la crucifixión daba por concluido el ministerio de Cristo.  Sin embargo su muerte allanó el camino para que innumerables personas reciban la vida eterna al creer en su muerte y resurrección.

Podemos rendir nuestros deseos a la voluntad de Dios con la confianza que Él sabe lo que es lo mejor en cada circunstancia.

Lo que importa no es el tamaño de nuestra fe sino a quien tenemos fe.

 

Marcos 9:24:

¡Sí creo! —exclamó de inmediato el padre del muchacho—. ¡Ayúdame en mi poca fe!

Esta es la confesión honesta de un hombre con un hijo que estaba poseído por un demonio. El hombre no estaba completamente convencido de que Jesús tenía el poder de liberar a su hijo, pero de todas maneras le pidió la liberación.

Este pasaje desmiente un mito acerca de la oración: si tenemos suficiente fe Dios contestará nuestras oraciones, y si no la tenemos no lo hará. Las Escrituras no nos enseñan que tener mucha fe grande produce milagros y poca los impide. Dios sólo nos ha dicho que pidamos con fe y el responderá nuestras oraciones.  No depende del tamaño de nuestra fe.  Una fe con temor y minúscula como una semilla de mostaza mueve la mano de Dios.

El tamaño de nuestra fe no es lo que importa sino a tener fe en Dios.

 

Mateo 18:19:

Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.

Dios no vivamos aislados sino que vivamos en comunión con otros creyentes. De allí la importancia es que compartamos nuestra necesidad con otros hermanos para que nos apoyen en oración.   Dios quiere manifestar su gloria pero que la misma no sólo edifique nuestras vidas sino a otros también.

Una necesidad por más íntima que sea no impide que la compartamos con otro creyente de confianza. Dios no quiere que vivamos la fe en forma aislada y por ello nos exhorta a que oremos unos por otros.  

No se trata de tener una gran cantidad de personas orando por nuestra peticiones aquí lo que se trata es que no oremos solos.  Este versículo nos dice que bastan con dos personas (yo y otro creyente) para que el Padre nos escuche.

 

 

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