7 consejos para alcanzar quietud en la oración

quietud en la oración

Una de las características del mundo contemporáneo es la hiperactividad.  Hoy más que nunca nuestras mentes están sobrecargadas de distracciones de toda índole .  Esta situación conlleva a que muchos no logremos disfrutar de quietud en la oración con nuestro Dios.

Además de las distracciones tradicionales, la tecnología formenta esta situación de hiperactividad.  Vivimos bombardeados de continuos mensajes que nos llegan a través del correo electrónico, grupos de whatsapp y redes sociales.

Sehiperactividadgún un informe elaborado por la Universidad el Sur de California (USC) hay indicios de que jóvenes expuestos a las plataformas digitales son 10% más propensos a sufrir desorden de Déficit de Atención/Hiperactividad

La hiperactividad además de generar en nuestras vidas problemas de concentración nos hace impulsivos y genera agotamiento. Con todo ello las personas con desorden de déficit de atención son propensas a sufrir depresión, ansiedad, y tienen mayor riesgo a sufrir accidentes por no poder concentrarse.

 

En su presencia encontramos descanso

La oración es una herramienta vital para la salud espiritual y existen varias formas de practicarla.  Una de ellas es la quietud, una disciplina que muchos han abandonado y que nos puede ayudar para dejar a un lado la sobreactividad que tanto nos abruma.

Nos podemos apropiar de la promesa que Dios hizo a Moisés “Yo mismo iré contigo y te daré descanso —respondió el Señor.” (Éxodo 33:14).  El mismo Jesús nos invita a que nos acerquémos a Él y nos ofrece descanso  “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.  Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas (Mateo 11: 28-29).

La mayoría de nosotros luchamos por experimentar ese descanso.  Tenemos serias dificultadoes para permanecer quietos y en silencio ante la presencia de Dios.  En esa quietud es cuando Dios nos brinda la restauración y el descanso.  A menundo cuando oramos el ruido del caos a nuestro alrededor nos impide llegar al punto de quietud a tal punto que podemos sentirnos frustrados.

Si crees que esto es así en tu vida queremos ofrecerte esperanza.  Para ello vamos a exponer unos breves pensamientos que pueden ayudarte a alcanzar esa quietud y paz que tanto anhelas.

1. Los inicios de la  quietud en la oración no requieren de mucho tiempo

Tras un derrame cerebral los fisioterapeutas señalan que al principio sólo se necesita un caminar un minuto diario para avanzar en la recuperación.  Este minuto no es limitativo ya que si trascurrido este tiempo se desea seguir andando se puede proseguir. Aliviar la tensión aumenta el deseo y esto hará que poco a poco, minuto a minuto se pueda aumentar el tiempo.

Lo mismo ocurre con nuestro tiempo de quietud con Dios. No lo pospongas hasta que ubiques tener “suficiente tiempo”.  Establece no pasar más de cinco minutos en silencio con Dios. Poco a pocos te darás cuenta que necesitas más y estarás en la capacidad de agregar más tiempo.  Propónete disfurtar sólo unos pocos minutos en quietud con Dios.

2. Deja a un lado tus expectativas

No te preocupes demasiado por lo que vas lograr en estos minutos de quietud. Libérate de tus expectativas y tu concepción de lo significa estar en silencio. Te has dispuesto a estar a solas con Dios y eso es lo que importa. Es cierto que tener una meta es importante pero no dejes que esa meta sea un obstáculo.  Ten en cuenta que estar en quietud con Dios es un acto de sumisión y es Dios mismo el fijará las metas y es quien va a obrar.

 

3. La consistencia es un ingrediente fundamental para la quietud en la oración

Para perseverar en el camino que nos hemos trazado conviene practicar esta disciplina en forma consistente.  Para formar un hábito nuestro cerebro necesita coherencia.  Es por ello que es importante dedicarnos a ello en el mismo horario, lugar y forma.

Es por esto que es primordial que escojas una hora específica del día y un sitio tranquilo para ello.  Fíjate la meta incial de poder ejercitar tu oración diariamente durante los próximos 30 días.

 

4. Aquieta tu mente

Es posible que te resulte casi imposible permanecer en quietud y a la vez enfocado.   Recuerda que los dispositivos digitales han hecho mella en las neuronas de nuestros cerebros.  Este abuso tecnólogico ha producido que nuestras mentes esten en un continuo movimiento.  Sin embargo con la ayuda de Dios podemos recuperar el control de nuestros cerebros y esto es más fácil de lo que pensamos.

Una  ejercicio que puede ayudarnos es comenzando con la respiración.  Inicia tu tiempo con varias respiraciones profundas reduciendo el ritmo en cada una de ellas.  Inhala suavemente y de la misma manera aspira.  Mientras haces este ejercicio enfócate en Dios. Este es un ejercicio orientado sosegar nuestro entendimiento y no pretende ser un rito o una fórmula mágica.  Es algo similar al consejo que se le da a una persona impulsiva para que cuente hasta 20 antes de contestar.

 

5. Comparte tus vivencias con otros

Dios nos creó para que crezcamos en comunidad.  Por este motivo es importante que compartamos con al menos un hermano nuestros avances y retrocesos.   Sin embargo este consejo no debe conducirte a más estrés por eso es importante escojer bien a la persona.  Puede ser algún amigo que quiera comprometerse contigo en esta aventura.   De esta manera ambos pueden orar el uno por el otro y compartir lo que les ayuda y lo que no.

 

6. Celebra tu progreso

La mayoría de las veces nos obsesionamos con nuestros fracasos o sólo vemos lo que no hemos hecho bien.  En un mundo tan competitivo como el nuestro se nos enseña a que veamos siempre los puntos a mejorar.  Si bien es cierto el cristiano debemos perfeccionarnos y buscar la excelencia, enfocarnos sólo en esto no nos permite ver nuestros avances.  En la medida que avanzas en esta disciplina es importante que alabes a Dios por tus progresos y le pidas la gracia para que puedas mantener el ritmo mañana.

 

7. Disfruta la quietud

No nada más hermoso que experimentar que Dios está con nosotros y que Él  quiere restaurarnos y darnos sosiego.  Es cierto que en nuestro andar habrá días buenos y dias no tan buenos.  Momentos en que experimentamos avances mientras y momentos en que nos sentiremos estancados.  Por ello disfruta los momentos especiales en Dios se manifiesta en tu vida.  Esos momentos en los que experimentamos su presencia como un bálsamo que calma.  Momentos en que susurra, nos inunda con paz, o su Palabra se hace viva en nuestros corazones.  Disfruta de estos momentos no sólo cuando ocurren sino a lo largo de ese día.   A medida que hagamos esto nuestra fe crecerá exponencialmente.

 

La quietud en la oración nos ayuda a experimentar la paz de Su Presencia

En este mundo tan convulsionado cada uno de nosotros necesitamos experimentar la paz que produce la presencia de Dios.  Calmar nuestra hiperactividad no es nuestro objetivo.  El objetivo es conocer a Jesús y experimentar que Él es nuestra fuente de paz.  Jesús se nos revela como amigo que nos ayuda a quitarnos las cargas.  El ha prometido estar con nosotros siempre y nada en este mundo puede ser más gratificante que experimentar la maravilla de este don.

 

 

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