Del escritorio de Julio Ruíz

¡Bendito el que viene en el Nombre del Señor!

¡Bendito el que viene en el Nombre del Señor!

¡Bendito el que viene en el Nombre del Señor! clamaba el pueblo mientras Jesús entraba a Jerusalén para culminar su obra redentora

Juan 12:12-19

La última semana de Jesús antes de ser crucificado, se dio en el contexto de la más grande celebración judía, la Pascua. Para esa fiesta venían a Jerusalén judíos de todo el mundo. Dondequiera que viviera un judío, su ambición era celebrar una Pascua en Jerusalén. Para el tiempo de esa celebración, Jerusalén y los pueblos de alrededor se abarrotaban de peregrinos.

Barclay habla de una ocasión cuando se hizo un censo de los corderos para la Pascua y el número llegó a la cifra de 256.000. Si se toma en cuenta que era un mínimo de diez personas por cordero, y si los números eran correctos, seguramente en Jerusalén y sus alrededores podían haber más 2.500.000 aquel año.

Ciertamente esta cifra podría ser exagerada, pero la población de Jerusalén se multiplicaba en esas fechas. Ahora, imaginémonos el cuadro. En el capítulo anterior Jesús había resucitado a Lázaro. Se había divulgado la noticia de la llegada de Jesús a Jerusalén, pero él no venía solo, porque le acompañaba una multitud de Betania, quienes se unieron con los de Jerusalén.

 La conmoción de la ciudad no podía ser más grande. Jesús va cabalgando en un borriquillo. Cuando la gente lo encontraba, lo recibían como a un gran conquistador. Esa era la atmósfera reinante.  Cuando Jesús entró en Jerusalén habían pasado alrededor de unos 500 años del último rey en Judá. Por lo tanto, la llamada era mesiánica de Israel planteaba la llegada del nuevo rey que se sentaría en el trono de David.

De esta manera, al ver a Jesús en la forma cómo entró en Jerusalén, hizo pensar en el cumplimiento de ese era. Pero, qué tremenda decepción se llevó la gente después. El rey triunfante vino a morir en Jerusalén. La multitud que ahora lo recibe como rey, pronto pedirá su crucifixión. Consideremos la significancia de la Entrada Triunfal.

El significado de aquel cantado

“¡Salve Rey!”

Juan 12:13.  ¿Estaba aquella entusiasmada multitud proclamando a Jesús como rey por mera casualidad? ¿Por qué Jesús se expuso de esta manera tan pública para ser aclamado así si él mismo rechazó anteriormente ser nombrado rey? Las veces cuando Jesús no aceptó las intenciones de la gente para querer hacerlo rey, se debió a una de las más distinguidas frases dichas por él en varias ocasiones: “Mi tiempo no se ha cumplido” (Juan 7:6).

Pero ahora, en esta aparición tan pública, donde no se esconde ni prohíbe a las multitudes saludarlo de esta manera, su tiempo se ha cumplido.  Jesús entró en Jerusalén porque aquel domingo era el cumplimiento del reloj divino. Si Jesús no hubiera entrado en Jerusalén cuando lo hizo, la profecía no se habría cumplido. “Hosanna” significa ‘sálvanos ahora’. Era un grito de urgencia. Estaban ansiosos por la liberación, pero ¿liberación de qué? 

Los judíos estaban bajo el dominio romano. En ese momento ellos no lo proclamaban como un rey celestial, sino como un rey terrenal.  Jesús había dicho: “Mi reino no es de este mundo”. Israel, y el mundo hasta hoy, no han entendido el reinado de Jesús.

Mantos, ramas y palmeras para el rey triunfante

Mateo 21:8. Si seguimos los hechos cronológicos de esos días, Jesús había llegado a Betania el viernes. La reunión de la multitud tuvo lugar después de su llegada, el sábado. Al día siguiente (Domingo de Ramos), cuando la multitud se enteró de la presencia de Jesús, cortaron ramas de palmeras y salieron a recibirlo. ¿Cuál era el sentido de este recibimiento?

Por un lado, fue un reconocimiento como un rey, pero también hubo una reacción de los líderes judíos. El trasfondo de esta práctica se remonta a las comitivas que salían a recibir a los reyes y los generales victoriosos, portando ramas de palmera. Muchos de ellos comenzaron a ver en Jesús el Mesías/Rey prometido. Y ciertamente Jesús fue coronado como rey, y aunque en aquella ocasión fue una burla por parte de los soldados, él es y seguirá siendo rey, pero no cualquier rey, sino Rey de reyes y Señor de señores (Apocalipsis 19:16).

 Y aunque aquella multitud lo recibió así, y después lo rechazaron, luego vemos en el cielo una multitud triunfante con “palmas en las manos” (Apocalipsis 7:9), para recordarnos que  Jesús es Rey eterno y triunfante.

Si estos callaran, las piedras hablarían

Lucas 19:40. Como los cuatro evangelistas narran este acontecimiento, Lucas nos da un detalle por demás interesante. Los líderes religiosos estaban profundamente preocupados porque las multitudes estaban declarando con su canto un posible estallido social, porque las autoridades romanas no iban aceptar otro rey a parte del César.

Pero ¿qué cantaban las multitudes que estaba trayendo esa preocupación? “¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas!” v. 38.

 Frente a ese inminente peligro algunos fariseos le decían a Jesús:Maestro, reprende a tus discípulos” (v. 39). Pero la respuesta de Jesús simplemente fue: “Os digo que si estos callaran, las piedras clamarían” v. 40. Y este es el mensaje del evangelio hasta hoy. Al entrar de esta manera en la ciudad de Jerusalén, Jesús supo que su hora había llegado; todo era indetenible. Si a esas multitudes se les prohibía hablar, pues la misma naturaleza proclamará lo mismo. Dios se vale de sus propios métodos con el propósito del avance del evangelio. Si se valió de una asna, lo hará también con las piedras.

El significado de entrar en un polino

¿Por qué montado en un burro? 

Juan 12: 14-16.  Para algunos de los que estaban allí este acto habría sido confuso y quizás hasta tonto. De acuerdo con el relato de Juan, ni siquiera los  discípulos  entendían realmente lo que estaba pasando allí. Los mismos soldados romanos, los mantenedores del orden, no estarían tan impresionados de un rey montando un pollino. Los soldados romanos montaban briosos caballos,  y los césares eran llevados en carruajes con toda una demostración de pompa y poder imperial.

 Sus “entradas triunfales” en Roma fueron mucho más extravagantes.  El general entró en la ciudad en un carro cubierto de oro con sementales blancos tirando de él. Las preguntas serian: ¿qué rey real montaría en un burro tonto? ¿Qué líder poderoso se rebajaría tanto? Pero ellos no sabían que al entrar en ese burro «tonto», Jesús está comprobando su real mesianismo para Israel al cumplir la profecía de Zacarías 9:9-10. 

 Esta declaración fue dada 550 años antes de que Jesús entrara cabalgando a Jerusalén. En ese momento, Israel no tenía rey. Pero Jesús no vino para ser el rey esperado por su pueblo, sino un rey para cada corazón a través del arrepentimiento.

¿Por qué querrían hacerlo rey por la fuerza? 

Jesús entró en Jerusalén en un pollino y no en un caballo, pero eso no impidió a la multitud querer hacerlo rey. Creo que es la misma razón por la que le están dando esta recepción real ahora. Los judíos deseaban un Mesías político para sacarles del dominio romano y con ello restaurar la libertad de Israel.

La manera cómo fue recibido Jesús por aquella multitud, haciendo para él una alfombra con variados colores por los mantos, las ramas y las palmas, recordaba la manera cómo Israel reconocía a sus reyes.  En 2 Reyes 9:13, cuando Jehú fue ungido como rey de Israel, dice que ellos tomaron sus mantos y los extendieron debajo de él. 

De esta manera, tenemos tres indicadores separados para darle a Jesús la bienvenida como rey: las ramas de palma, las declaraciones de la gente y la extensión de los mantos. Aunque puede haber tenido motivaciones políticas, debemos reconocer que con la “entrada triunfal” de Jesús, las multitudes ávidas de tener otra vez a un rey ahora ven en Jesús al hombre para ser proclamado así. Sin embargo, su rey no venía para una celebración triunfante, sino para morir en Jerusalén. ¡Que decepción!

Lo que significa para sus enemigos

Los fariseos están desesperados

Juan 12:17-19.  Hay aquí dos multitudes moviéndose y uniéndose. Unos seguían a Jesús desde Betania donde había resucitado Lázaro. La otra multitud ya estaba en Jerusalén. Ahora estos grupos se juntaron para ir a ver la entrada de Jesús en Jerusalén. Como nunca había pasado esto, los fariseos comenzaron a ver en Jesús una gran rivalidad. Ellos estaban acostumbrados a ser el centro de atención en momentos como estos. 

Ellos recibían la pleitesía y admiración del pueblo. Ahora aquí están todos acudiendo a Jesús, rindiéndole homenaje. Jesús estaba robando su trueno y eso no se lo iban a permitir. Más que eso, estaba siendo aclamado como rey. ¿Cuál era el contraste entre Jesús y los fariseos? Que mientras los fariseos buscaban la gloria del pueblo y la anulación, Jesús jamás buscó una gloria personal, ni la de este mundo.

Él tenía una gloria propia dada del cielo. Ni siquiera con este acto público Jesús no buscó aprovecharse de los demás. Su principio era el mismo: “No he venido para ser servido, sino para servir”. Así, pues, los fariseos no podían contra él. Su entramado religioso está ahora en juego por el nuevo rey.  

Jesús enfrenta a sus acérrimos enemigos

Juan 12: 10. ¿Por qué Jesús vendría a la fiesta si sabía que los principales sacerdotes conspiraban contra él? Los fariseos querían atrapar a Jesús y llevarlo a la cárcel en secreto. Pero aquí está Jesús entrando a Jerusalén abiertamente y no impide que la gente lo vitoree. ¿Cuál era la situación planteada?

El escritor Tasker escribió lo siguiente: «Su continua popularidad entre la gente como hacedor de milagros estaba creando una situación peligrosa para las autoridades, que se ven obligadas a admitir que sus contramedidas aún no han resultado efectivas». A partir de ahora, los líderes religiosos se encenderán más en su enojo contra Jesús. La paranoia entre ellos los llevó hasta el extremo de decir: «¡mirad cómo el mundo entero ha ido tras él!» (Juan 12:19). ¡Que bueno si así fuera!

 Es cierto, muchas personas vienen a Jesús en todo el mundo, pero ¿no sería maravilloso si todo el mundo siguiera a Jesús? Cuán distinto sería este mundo si se humillara y aceptara al Rey de reyes y Señor de señores. Lo cierto es que aquel humilde carpintero, montado en un asnillo crea gozo, pero también descontento, y así sigue siendo.  

Lo que significaba para Jesús

Para Jesús, aquella era la última pascua con sus discípulos. Esa semana tendría el cumplimiento profético del “cordero pascual”. La pascua recordaba la noche cuando cada hogar judío sacrificó un cordero. La sangre puesta en el dintel era la señal protectora del ángel destructor aquella noche cuando mató a todos los primogénitos egipcios (Éxodo 12:1-51).  Cuando Jesús introdujo la “Cena del Señor”, aquella misma noche habló de su cuerpo siendo entregado por todos nosotros (Lucas 29:19).

Allí se estaba cumpliendo la simbología de la pascua. Pero para Jesús aquella “entrada triunfal” también significó un momento de profundo dolor. Cuando ya había pasado la euforia colectiva, Jesús vino a la gran ciudad, y viéndola, pronunció las palabras de Mateo 23:37. Jesús lloró frente a Jerusalén por su falta de voluntad para abrazarlo verdaderamente, no como obrador de milagros, o líder político, sino como Salvador y Señor.

 Cuarenta años después Jerusalén fue destruida, esto era la razón del lamento de Jesús. Ellos clamaban ‘Hosanna’, pero no estaban buscando un salvador espiritual. Jesús había venido a salvarlos de sus pecados, no de su situación política. Y qué de nosotros ¿lo aclamamos como rey?  ¿Lo reconoceremos como nuestro salvador?  

¡Bendito el que viene en el Nombre del Señor¡

La entrada triunfal a Jerusalén marcó el final de la vida de Jesús. Durante tres años había pedido a la gente sanada que no dijeran nada.  En varias oportunidades se había escapado de sus enemigos. En no pocas ocasiones dijo: “Mi tiempo no se ha cumplido”.

Pero ahora ha dejado que una gran multitud lo proclamen como rey, y aunque él no aceptó la manera cómo ellos pretendían hacerlo rey y libertador, si sabía del cumplimiento profético de Zacarías, cuando dijo: «Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.» (Zacarías 9:9).

Aquellas “voces de júbilo” dieron testimonio del rey que ocuparía la silla de David. Pero ¿qué ironía? He aquí un rey sin soldados, sin ejército. Aquel era un rey sin usar espada, sin embargo cabalgada en medio del pueblo venciendo y para vencer.

Como dijo Spurgeon en un sermón sobre este mismo texto: “Extraño reino, en el que se ve la palma sin la espada, la victoria sin la batalla. ¡Sin sangre, sin lágrimas, sin devastación, sin ciudades quemadas, sin cuerpos mutilados! ¡Rey de paz, Rey de paz, este es Tu dominio!”. Y su reino es de paz, por eso entró en Jerusalén en un pollino. ¿Es Jesucristo tu rey? Quiero decir ¿gobierna Jesús tu vida? ¿Es él tu salvador?

Julio Ruiz

Venezolano. Licenciado en Teología. Fue tres veces presidente de la Convención Bautista en Venezuela y fue profesor del Seminario Teológico Bautista de Venezuela. Ha pastoreado diversas iglesias en Venezuela, Canadá y Estados Unidos.

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América
América
2 meses de haberse escrito

¡ gloria, honra ,sabiduría, poder sea a nuestro Rey !!

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