Durmiendo entre leones

Daniel 6

¿Ha dormido alguna vez en medio de leones? Bueno, no le estoy preguntado por el que tiene de compañero de cuarto. El salmista había dicho: “Mi vida está entre leones…” Salmo 57:4. ¿Por qué habría de llamarlos leones? Porque, a veces, el cristiano está expuesto a enfrentarse con enemigos que son muy poderosos, a lo mejor con unas mandíbulas muy fuertes para morder, desgarrar y desmembrar. A veces, el cristiano está expuesto a personas que rugen estrepitosamente sus malos comportamientos y sus blasfemias contra Cristo, y es algo terrible estar entre leones como esos. Tenemos que saber que el león no solamente es poderoso sino cruel. Es una criatura de gran astucia, que se desliza furtivamente, y luego da un súbito salto. ¿No actúa muchas veces el impío de esta manera? En no pocas ocasiones se desliza agazapado hacia el cristiano, y, si es posible, salta sobre él para agarrarlo en un momento de descuido. Cuando descubre alguna falta en el creyente, ¡le caen encima con todo su peso! Así tenemos que los enemigos de Cristo y de Su pueblo son a menudo tan crueles como leones, y nos matarían si la ley se los permitiera. Los enemigos de Daniel hicieron eso. El plan para sacarlo como administrador del rey Darío fue perverso y muy mal intencionado. Pero ¿qué hizo Daniel? Cuando el edicto que prohibía orar a otro dios por tres meses fue firmado por el rey Darío, no cesó de orar. Más aún, intencionalmente abrió las puertas de su casa para que lo vieran orar, y de esa manera decirle a los enemigos que lo último que él haría en su vida, era dejar la oración. El hombre que puede dormir en medio de los leones es el que ha podido estar despierto en oración. A la luz de esto, consideremos cuándo es que se puede dormir en medio de los leones.

SE DUERME ENTRE LEONES CUANDO EXISTE UN CARÁCTER A TODA PRUEBA

1. Un carácter no contaminado (1:8; 6:5). Daniel fue uno de los jóvenes bien parecidos que vino de Jerusalén por la deportación a Babilonia. Desde que llegó al palacio reveló un carácter extraordinario. Al comenzar su vida en ese lugar, propuso en su corazón “no contaminarse con la comida del rey” por considerarla sacrificada a los ídolos. La prueba a la que fue sometido, por comer solo legumbres saliendo de ella más robusto que los que comían de las carnes y los manjares, le hizo merecedor de altos honores, tanto así que se dice que fue hallado diez veces mejor que los demás jóvenes (1:15). Por cuanto ese carácter lo cultivó en toda su vida, sus enemigos no pudieron acusarlo de ninguna otra cosa, a menos que fuera en lo relacionado a su Dios (6:5). La oración que nos permite dormir entre los leones está ligada al carácter de quien está orando. ¿Por qué razón? Porque una vida apartada para la gloria de Dios, hará que los enemigos más vigilantes no puedan hallar ninguna otra razón a menos que sea respecto a su fe. Cuando esto es así, habrá una victoria venidera, porque nadie que se meta con Dios le irá bien. La oración e integridad de un hombre piadoso estremece al enemigo.

2. Un carácter sin acusación. El carácter de Daniel le hizo acreedor del nombre: “Muy amado” (Dn. 10:11). Este calificativo se lo daría Dios más adelante a Jesucristo, a quien llamó desde los cielos: “Mi Hijo amado en quien tengo complacencia”. Sin duda que esta es una alta distinción con la que se califica el comportamiento y la consagración de alguien al Señor y a su obra. Daniel fue un profeta y un estadista durante el gobierno de varios reyes. Ninguno de ellos pudo encontrar en él tacha alguna. Y lo más grande de su carácter fue la comunión que disfrutó con Dios. La oración fue su arma poderosa. Se le conoció como a alguien en quien actuaban los “espíritu de los dioses”, que no es sino una manera para distinguir la clase de fe y relación que él tenía con el Dios de sus antepasados. Semejante carácter fue altamente considerado por los enemigos. No vieron fisuras en sus costuras por las que tuvieran que acusarle, excepto por la oración que presentaba delante de su Dios. Detrás de cada oración poderosa hay un hombre apartado del mal. Y así podrá dormir entre leones aquel cuya conciencia está libre de culpa.

    SE DUERME ENTRE LEONES CUANDO SE CONOCE EL PLAN DEL ENEMIGO

    1. Un plan bien orquestado vv- 4-9. La vida de Daniel estuvo siempre propensa a despertar la envidia de los enemigos más cercanos al rey. Por cuanto había en él “un espíritu superior; y el rey pensó en ponerlo sobre todo el reino” v.4, era natural que el resto de los sátrapas y gobernadores no quisieran que un judío estuviera sobre ellos como gobernante. ¿Sabía usted que la envidia es una de las armas que maneja muy bien el enemigo cuando usted se propone servir al Señor de una manera total? Esta malévola actitud la utiliza Satanás para debilitar a quienes se proponen vivir diferentes para el Señor. Note que en esta historia, los enemigos de Daniel trabajaron sobre un plan bien orquestado que no le dio chance al rey de conocer las maquinaciones que se escondía debajo de sus intenciones. Note también como el enemigo utiliza la ley cuando le conviene, para lograr sus fines. La ley de Media y Persia era inviolable, y de eso se aprovecharon los enemigos de Daniel. ¿Cómo se puede desenmascarar al diablo en una situación de prueba sino es a través de la oración? La oración que prevalece traerá a la luz las intensiones de los corazones. El enemigo pudiera estar utilizando mi propia prueba para hacerme sentir miserable delante de Dios. Sin embargo, mi oración desbaratará las verdaderas intensiones del enemigo. La confianza en Dios desarticula las maquinaciones de Satanás.

    2. El edicto humano no cambia el propósito de Dios. Los Sátrapas obligaron al rey Darío a firmar el edicto de la prohibición de orar a otro dios distinto a Darío. Con esto lo atraparon en su propia vanidad. Y es que así actúa el enemigo siempre. Adula la vanidad en los hombres para que luego queden atrapados en ella misma. Pero lo que estos hombres no sabían era que la oración mientras más está amenazada, y más se prohíbe, es cuando más se entrega a ella. Las pruebas hacen que nuestras oraciones se intensifiquen. Esta verdad ha sido comprobada a través de los tiempos. Se equivoca Satanás cada vez que se levanta contra la obra de Dios y los que están al frente de ella. Es como le dijo Jesús a Pablo cuando perseguía a la iglesia: “Dura cosa de es dar coces contra el aguijón” (Hch. 9:5). O cuando Gamaliel dio su veredicto a aquellos que querían detener el movimiento del evangelio. Sus palabras fueron por demás elocuentes, al decir: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios (Hch. 5:38, 39). Lo que no es de Dios no prevalece. El complot del diablo queda desbaratado cuando decimos: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”.


      SE DUERME ENTRE LOS LEONES CUANDO SE CONFIA EN EL EDICTO DIVINO

      1. La oración no tiene por qué pararse. Los sátrapas pensaron que podían prohibir la oración. Como alguien ha dicho: “Prohibir orar por tanto tiempo, treinta días, es robar a Dios todo el tributo que recibe del hombre y roba al hombre de todo el consuelo que tiene en Dios”. ¿Cómo puede un cristiano vivir treinta días sin la oración? Es como si se tratara de vivir treinta días sin alimentos, sin agua y sin respiración. Simplemente nos morimos. Note lo que Daniel hizo cuando vio venir un serio problema a su vida. Se levantaba una situación imposible de resolver desde el punto de vista humano. Daniel quedó “entre la espada y la pared” una vez que el rey firmó el edicto que prohibía la oración. Pero, ¿qué hizo Daniel en ese momento? ¿Le hizo caso al edicto, aun cuando eso implicaba que le cortaran la cabeza? ¿Se amilanó frente aquella camada de leones que se habían unido para devorarlo? ¡No! Mire lo que hizo: “Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer ante” v. 10. Hermanos, lo último que podría pararse en la vida de un creyente es la oración. Es la oración la que conquista el terreno de lo imposible. El único que podía cambiar las leyes medo-persas era Dios. Nada hay imposible para la oración de poder.

      2. La piedra de lo imposible. El texto dice que cuando Darío supo del complot en que había caído, hizo lo imposible a lo mejor hasta desesperadamente, por librar a Daniel de la sentencia que él mismo había firmado v. 14. Por cuanto él conocía las leyes de su patria, le dio cumplimiento a la sentencia, tanto así que mandó a poner una piedra sobre la cueva y sellarla con su anillo real, con la finalidad que Daniel no se escapase de tan terrible lugar. La escena no podía ser más difícil para el valiente profeta de Dios. Una de las intensiones de las pruebas es llevarnos hacia un terreno donde pareciera imposible salir de ellas. Desde el punto de vista humano, hay circunstancias para las que no vemos salidas. Una piedra puesta en aquella cueva nos recordaba a otra piedra que fue puesta sobre la tumba de Jesús. Y esa piedra, símbolo de una imposibilidad humana, fue abierta por el poder de Dios. La oración que prevalece se encarga de generar el poder que remueve lo que detiene la bendición. De la tumba y de la cueva surgió la vida. El creyente no se quedará jamás en medio de la cueva de la prueba. De allí saldrá victorioso.

        SE DUERME ENTRE LOS LEONES CUANDO SE LES ORDENA CERRAR LA BOCA

        1. Identificados en la prueba. Cuando un hijo de Dios pasa por una dura prueba hay un pesar muy grande. El rey Darío vivió el dolor de saber que no pudo liberar a Daniel, y lo que era peor aún, imaginarse las mandíbulas de los terribles leones en medio de la oscuridad de la noche. Tal fue su identificación del rey que aquella noche no comió, no se deleitó y tampoco durmió v. 18. Eso es lo que realmente produce la condición de un amigo cercano; para nosotros sería un hermano en la fe cuando está siendo sometido bajo el feroz de una gran prueba. El imaginarse a alguien que está bajo el fuego de prueba, donde el enemigo ha desatado toda su furia de destrucción, es algo que conmueve el alma; algo que toca las más íntimas fibras interiores. La voz entre cortada del rey cuando fue a visitar a Daniel, presagiando lo peor, revela una condición muy digna de hacer mención. El versículo 20 de esta historia es muy revelador. Aquel hombre era un pagano, pero él había visto algo distinto en la vida de Daniel. Sabía que su Dios no era como los que él tenía. Intuía que ese Dios podía liberar al profeta de aquel estado. Amados hermanos, la oración que prevalece hace que los impíos reconozcan que el Dios que tenemos es distinto a los que el mundo adora. Esto debe llenarnos de gran gozo. Los milagros son reales.

        2. Ni un solo hueso roto. ¿Quién puede amanecer vivo en una cueva tapada con una piedra y en medio de voraces leones? Solo aquel cuyo Dios es Jehová de los ejércitos. Solo aquel que ha tenido la demostración de por vida que su Dios nunca le ha fallado. Mientras el rey Darío fue con una voz entre cortada, pensando ver a los leones barrigones con comida de profeta, salió de la cueva una fuerte voz que decía: “Oh rey, vive para siempre. Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño, porque ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo” vv. 21, 22, Ninguno de sus huesos fue quebrado. Pasó una noche con una conciencia tranquila. A lo mejor escogió la melena más grande de alguno de los leones y la puso como su almohada durante aquella negra noche. La oración que prevale le cierra la boca al león rugiente. El diablo queda avergonzado cuando su pueblo se agarra de la oración. Los ángeles del cielo descienden para proteger a sus hijos cuando pasan por los más terribles momentos. Los enemigos quedan avergonzados al término de una gran prueba. En el caso de esta historia, los leones tuvieron un suculento desayuno de carne de los sátrapas junto con sus familias. Se equivoca el diablo si pretende destruir a sus hijos.

          CONCLUSIÓN: Amados hermanos, la persona que duerme entre leones es conducida a una comunión más cercana con su Dios. Además experimenta una fortaleza capaz de hacerle vivir tranquilo y feliz. Esto es posible cuando hay integridad del carácter y una resolución por obedecer a Dios antes que a los hombres. Quien duerme entre los leones al final se da cuenta que ellos están encadenados. Mis amados hermanos, los leones están encadenados; no pueden ir más allá de lo que Dios les permita. Lo más que pueden hacer es rugir, pero no pueden morder; y el rugido no rompe los huesos. Así que no temamos cuando nuestra alma se sienta entre los leones. Recuerda que si así pasara, hay otro león allí junto a los leones visibles. ¿Qué cómo se llama ese león? Es el León de la tribu de Judá. Allí está él. ¡Cuán tranquilo está! Allí está al lado de sus hijos. Finalmente, las almas que han sido echadas en el foso de los leones, deben recordar que saldrán ilesos de allí porque el ángel del Señor vendrá para cerrar la boca del león rugiente. Cuando esto sucede le tributaremos a Dios la misma alabanza que tributó Darío vv. 25-27ª. “He decretado que en todo lugar de mi reino la gente adore y honre al Dios de Daniel. Porque él es el Dios vivo, y permanece para siempre. Su reino jamás será destruido, y su dominio jamás tendrá fin. Él rescata y salva; hace prodigios en el cielo y maravillas en la tierra”

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