Del escritorio de Julio Ruíz

El asiento vacío

(1 Samuel 20:18; Hebreos 10:19-25)

INTRODUCCIÓN: La amistad de David y Jonatán son únicas en la Biblia. Saúl, quien ya había sido desechado por Dios, agarró un gran celo por David hasta el punto de querer matarlo en no pocas veces. ¿Cuál era la situación? David había sido invitado a la mesa del rey como músico para apaciguar el espíritu que atormentaba a Saúl enviado por Dios. Pero David, en vista de las amenazas del rey, tomó la decisión de irse de la mesa donde solía comer junto a Saúl. Cuando Jonatán se enteró de esa decisión, dijo: “Mañana es nueva luna, y tú serás echado de menos, porque tu asiento estará vacío”. La tristeza que se esconde en estas palabras es muy adecuada para hablar de los miembros que también dejan sus asientos vacíos a quienes también se les echará de menos cada vez que nos reunimos como iglesia sin ellos. El término “ekklesia” significa: “Los llamados fuera”. La idea de esto es que los hombres son llamados del mundo para reunirse en asamblea. De la iglesia del primer siglo se nos informa que “todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar a Jesucristo” (Hch. 5:42). Los apósteles y la iglesia se reunían el primer día de la semana para partir el pan. Por lo tanto, un asiento vacío en el día de hoy es un mensaje muy elocuente de lo que significa la iglesia para algunos creyentes. Imagínate por un momento lo que te pierdes si tu asiento está vacío. Tu asiento representa el mejor espacio celestial de toda la semana. Es el lugar donde tú te sientas para cantar con los santos y con los ángeles. También es el sitio para orar y escuchar orar. Pero de igual forma es el lugar para ver los rostros amados por Dios y saludarlos con ósculo santo, preámbulo a la reunión celestial. Y sobre todo las cosas, el asiento es lugar donde recibes la comida calientita con muchas oraciones, preparada por tu pastor bajo la unción del Espíritu Santo. Es la comida que representa un manjar nuevo, con sazones distintos, molido, como si se tratara de una ofrenda mecida con “olor grato a Jehová”, “olor del conocimiento de Cristo”. Te aseguro que esa comida exquisita no la podrás comer quedándote en casa. Todo eso se pierde cuando tu asiento está vacío. ¿Por qué te echamos de menos cuando tu asiento está vacío?

I. CUANDO TU ASIENTO ESTÁ VACÍO TE ECHAMOS DE MENOS PORQUE TE PIERDES LA MÁS HERMOSA DE LAS COSTUMBRES (He.10:25).

Para un auténtico hijo de Dios nada será más importante que ser parte de la reunión de los santos. El escritor a los hebreos amonesta a sus lectores con estas palabras: “No dejando de congregarnos como algunos tienen por costumbre…”. Estas palabras plantean dos tipos de situaciones. Por un lado tenemos lo que era parte de la vida de la iglesia del primer siglo: sus reuniones en distintos lugares. La costumbre de aquellas primeras iglesias era la presencia de todos los hermanos alrededor de la palabra, en el compartimiento del pan y en los “ágapes” semanales. Pero también este texto nos dice que para cuando esa carta fue escrita ya muchos hermanos se habían dado a la tarea de perder la sana costumbre de reunirse. Al parecer la situación económica, social y hasta política comenzó a incidir en una marcada ausencia de los hermanos a sus acostumbrados cultos. Los asientos comenzaron a verse vacíos. La preocupación de los apóstoles era notoria. Un asiento vacío significa la pérdida de la más sana costumbre de un hijo de Dios: su asistencia a los cultos del Señor. El asunto es que es que hay un asiento que tiene nuestro nombre, fue puesto allí por el Señor y él quiere vernos siempre sentado a su mesa. Esa costumbre no se trata de una oportunidad, sino una obligada gratitud de ocuparlo. En cada servicio el Señor está presente y notará tu ausencia y se preguntará ¿qué otro asunto fue más importante para mi hijo que no está hoy en su asiento? ¿Qué le hizo alejarse de mis bendiciones? Considere que el presente texto es un mandamiento y los mandamientos son para cumplirlos.

II. CUANDO DEJAS TU ASIENTO VACÍO TE ECHAMOS DE MENOS POR EL VALOR QUE TIENE EL SACRIFICIO DEL CALVARIO (He. 10:19-21).

Los presentes versículos nos presentan una de las más grandes razones para no dejar de congregarnos. Estamos hablando del sacrificio supremo: la muerte de Cristo para asegurarnos la salvación. El pueblo de Dios se congrega porque es el único testigo de una salvación tan grande. El creyente es la única persona que sabe cuál ha sido el costo la libertad de sus pecados. Jesucristo abrió el acceso al Padre por medio de su propio sacrificio. En el antiguo templo, el sacerdote entraba sólo una vez al año al lugar santísimo. Era la única persona que podía hacerlo para presentar sacrificio por sus pecados y los del pueblo, sin embargo, ahora todos tenemos libertad para entrar allí. Cuando Cristo murió y se rasgó el velo del templo, allí se estaba dando nuestra libertad para entrar sin la necesidad de un intermediario. Tres asuntos son importantes para destacar en esta parte: la sangre de Cristo, el camino nuevo y la intercesión de Jesús como nuestro gran sumo sacerdote. Todo esto lo hizo el Señor por nosotros. Cuando deliberadamente y sin ninguna razón no venimos a la casa del Señor para adorarle, lo que estamos diciendo es que el sacrificio del calvario no tiene mucho valor para nosotros. Si otras cosas ocupan nuestro interés de tal manera que dejamos de congregarnos, estamos menospreciando los latigazos, las burlas, los clavos y el terrible dolor que pasó Jesucristo en la cruz. Pero aún más, estamos diciendo que no nos importa la resurrección de él y su triunfo, que es lo que celebramos el primer día de la semana, el domingo del Señor. Por esta razón te echamos de menos.

III. CUANDO DEJAS TU ASIENTO VACÍO TE ECHAMOS DE MENOS PORQUE EL ENEMIGO PARECIERA GANARNOS LA BATALLA (Ef. 6:12)

Bien puede decirse que un asiento vacío es un logro espiritual del diablo. Esto querrá decir que mientras más asientos vacíos logre tener, más feliz estará al ver el debilitamiento de la iglesia. Todos nosotros sabemos que el blanco predilecto de Satanás es su iglesia.
De allí que nuestra lucha no es “contra sangre y carne”. A Satanás no le importa si alguien dejó de asistir, pues al final él sabe que esa iglesia no tendrá mucho impacto para el mundo que no conoce al Señor. Pero Satanás si sabe que una iglesia donde todos sus miembros están funcionando como “piedras vivas”, o como carbones encendidos, allí habrá unidad y poder para el avance del evangelio. Un creyente fuera de la comunión de los santos no significa ninguna amenaza para el diablo. Vea otra vez el ejemplo de David y Jonatán. En aquel momento Saúl representaba al mismo Satanás. Bien podría Jonatán representar a la iglesia. Él tenía una profunda pena y dolor porque David sería extrañado a la hora de comer. Su dulce amistad y presencia ya no estaría a la hora de tomar el pan. Pero Saúl si estaría feliz, pues si no pudo matarlo las veces que intentó, ahora sabe que está ausente y ya su presencia no le causará molestia. Así tenemos que al enemigo de nuestras almas le da contentamiento cuando sabe que los miembros del cuerpo de Cristo no se congregan. Al no hacerlo, él sabe de su debilitamiento y entonces procederá a ponerle todo tipo de tentación. Un creyente que no se congrega es un creyente sin poder espiritual. Bien sabe el enemigo que es en la casa del Señor donde la poderosa palabra de Dios alimenta a todas las almas a través del mensaje predicado, la enseñanza en la escuela dominical y todo tipo de discipulado que la iglesia tenga para capacitar a sus miembros. Así que un asiento vacío es la risa de Satanás. Él es quien sale ganando con cada silla vacía.

IV. CUANDO DEJAS TU ASIENTO VACÍO TE ECHAMOS DE MENOS PORQUE TE PIERDES DE OÍR LA PALABRA DIVINA (2 Tim. 3:16).

El asiento vacío habla con elocuencia al pastor de una iglesia. Simplemente le está diciendo: “Tu sermón o enseñanza no vale”. Muchos de ustedes saben de la responsabilidad que tenemos los pastores todas la semanas de preparar un alimento fresco, nutritivo y balanceado para nuestras ovejas. Para quienes tenemos las marcas del llamamiento divino, la predicación de la palabra de Dios es nuestra prioridad. Cualquier otro trabajo que hagamos será importante para la iglesia, pero ninguno podrá superar la preeminencia de la palabra expuesta, pues por ser “inspirada por Dios”, es útil para: enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia (2 Tim. 3:16). Es por eso que durante toda la semana trabajamos en oración, meditación y reflexión sobre el mensaje que traemos a la amada iglesia. El predicador sabe que lo único que permanecerá será la palabra de Dios (Mt.24:35). Pero el asiento vacío testificará contra los cultos o las reuniones porque mata la inspiración y ahogan la esperanza. Los pastores que amamos al rebaño sabemos que si falta una oveja de las cien, habrá siempre una preocupación por la que no está presente. Un asiento vacío incide en el entusiasmo de la predicación, pues la misma se ha preparado para que “haya alimento en mi casa” y al final, los que debieran recibir la palabra no están. Lo mismo pasará con el maestro de escuela dominical. Qué triste es para él maestro que con tanto amor preparó su clase, pero descubre que ya sus miembros no les importan las enseñanzas. La falta de oír y atesorar la palabra de Dios expone al creyente a la misma situación de Israel. La queja del Señor fue: “Mi pueblo perece por falta de conocimiento” (Os. 4:6). Eso también pudiera pasarnos.

V. CUANDO DEJAS TU ASIENTO VACÍO TE ECHAMOS DE MENOS PORQUE JUNTOS GANAMOS LAS ALMAS PERDIDAS (Sal. 133)

Una de las cosas que aprendemos por la palabra de Dios es el gozo que se registra en el cielo cuando un pecador se arrepiente (Lc. 9:15). Cuando tú no estás presente te pierdes del gozo de ver la conversión que hace feliz al cielo. Tu presencia en cada culto es importante para clamar al Señor por aquellos que nos visitan cada vez que nos reunimos y llegan a conocer al salvador. La conversión de un alma es tarea de todos. El predicador extiende una invitación, pero tu oración traerá al perdido. Un asiento vacío es un enorme mensaje que nos habla de la falta de compasión por lo que Jesús habló de las “ovejas que no tienen pastor”. Lo que estoy tratando de decir acá se explica con las palabras del salmo 133, que dice: “Mirad cuan bueno y cuan delicioso es habitar los hermanos juntos y en armonía… porque allí envía Jehová bendición y vida eterna”. Cuando todos los hermanos “habitan juntos y en armonía”, se crea la unidad anhelada donde el Señor trae su bendición y su salvación. Cuando todos los hermanos están reunidos en armonía se produce un fuego que es visto en la alabanza, en la oración y por supuesto en la exposición de la palabra viva. Un asiento vacío es como un tizón que se saca del fuego. Es posible que usted no sea un ganador de almas como otros, pero su presencia continua en la iglesia apoyando todo lo que aquí se haga, contribuye de una manera notable en la salvación de los demás, pues usted le testifica al no creyente que vale la pena ser un cristiano leal y consagrado al Señor. Cuando todos estamos presentes el fuego contagia a los otros y el Señor envía vida eterna. El negocio más importante del creyente es la salvación de las almas. Asegúrese que ese es su negocio al reunirse.

VI. CUANDO DEJAS EL ASIENTO VACÍO TE ECHAMOS DE MENOS PORQUE TU FORMAS PARTE DE LOS QUE CONOCIMOS EL PRIMER AMOR (Apc. 3:4)

Cuando uno se convierte al Señor hay dos cosas que quiere siempre hacer: testificarles a otros de lo que me ha ocurrido y estar siempre en la casa del Señor. Si estas dos disciplinas ya no son lo más importante, entonces pudiera ser que se ha apagado el primer amor. En el mensaje enviado a Éfeso, la primera de las siete iglesias del Apocalipsis, hay un destacado elogio a las cosas buenas que esta iglesia estaba haciendo y viviendo. Se reconoce que ella ha tenido un arduo trabajo y paciencia. Que no ha podido soportar a los malos y se ha dado a la tarea de probar a los verdaderos apóstoles y en todo eso ha salido bien. Por si faltara algo, esa iglesia había sufrido con mucha paciencia, arduamente sin desmayar. Semejantes características la hacían una iglesia ideal que todo pastor quisiera pastorear. Pero el Señor descubrió una gran falta: la iglesia había perdido su primer amor. Esa gran queja puso al descubierto una terrible verdad del evangelio. Hay creyentes que están envueltos en un sin fin de cosas, pero el amor por su Señor ya no es lo más importante. Esa falta de amor por el Señor queda reflejada en mi ausencia de los cultos por cualquier trivialidad. Yo no puedo decir que amo al Señor, pero descuido a su iglesia. Si la iglesia como novia es la que finalmente se unirá en matrimonio en las Bodas del Cordero, ¿cómo descuidarla? Si Cristo será el esposo, ¿cómo no amarle? ¿Se ha apagado mi amor por Jesucristo? Una palpable demostración de mi amor por Jesucristo es mi presencia en su iglesia.

CONCLUSIÓN: A una mujer lisiada que se arrastraba sobre dos bastones, se le preguntó cómo le hacía para asistir fielmente a la iglesia. Ella contestó: —Mi corazón llega primero, y mis piernas paralizadas lo siguen. Muchos cristianos son exactamente lo opuesto a este caso. Tienen buenas piernas, y aun automóviles, pero sus corazones están paralizados. Al hacer esto el creyente no obedece el mandamiento del Señor Jesucristo que dice “no dejando de congregamos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuando veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:25). Amados, si hay alguna razón porque la que no debemos dejar de congregarnos es porque “aquel día se acerca”. ¿Dónde le gustaría que el Señor le encontrara cuando venga? No deje que su asiento se mantenga vacío. El Señor anhela verte siempre allí. El profeta de antaño dijo: “Mas Jehová está en su santo templo…”. ¡Obsérvelo!

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