El dador alegre

El dador alegre
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2 Corintios 9:6-8

Al darle una mirada rápida a este texto, lo primero que notamos es que no dice que  Dios prospera, enriquece o bendice al dador alegre; y aun cuando esto acompaña a quien da con esa actitud, eso es resultado, mas no la motivación. La palabra clave es que Dios “ama” al dador alegre, siendo el gozo el grande tema en  la mayordomía de dar.

No quisiéramos tener bendiciones si primero no contamos con el amor de Dios. No queremos una prosperidad sin que esté rubricada por el amor de Dios. Tampoco queremos ir más adelante si no contamos con el amor de Dios. Por otro lado, el texto nos habla de la persona que es amada por Dios: el “dador alegre”. Si puedo leer bien el texto, ¿significa entonces que Dios no ama a aquellos que dan “por tristeza o por necesidad”, o con los que se quedan con todo para ellos?

No nos corresponde a nosotros calificar a los amados o los no amados por Dios. Pero sí debemos considerar la deferencia que Dios tiene para con los que poseen un corazón alegre y generoso a la hora de dar para su obra. Prefiero ser muy amado por mi Dios por mi desprendimiento que tengo de las cosas materiales, y usar los recursos que él mismo me ha dado para la extensión de reino, que ser reconocido por él como tacaño, egoísta e insensible para adelantar su reino en la tierra. Por supuesto que esta no fue la experiencia de los hermanos de Macedonia, quienes siendo muy pobres ofrendaron con gozo.

El texto también nos muestra que el dar es parte del servicio que presentamos al Señor. Es verdad que podemos servir al Señor con nuestros dones, talentos, habilidades etc., pero también lo es el hecho de dar. El capítulo 8 y 9 de 2 Corintios pareciera ser una especie de “manual de instrucciones” para aquellos que buscan verdaderos incentivos para dar. Cada versículo está cargado de estímulos que parecieran ir en forma ascendente, pero el que corona todo lo dicho por el apóstol  es el que nos dice: “Porque Dios ama al dador alegre” (8:7). Consideremos la naturaleza de esta declaración bíblica a la luz del amor de Dios por el que da con esta actitud.

El Dios del dador alegre

Él es el Dios de quien procede todo de lo que tenemos

2 Corintios 9:10.  Semilla y pan son dos hermosas figuras que ilustran la fuente de toda nuestra provisión. Ambas cosas vienen de Dios. El uno fue necesario para que viniera el otro. Génesis 1:12 dice: “Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género…”.  

El hombre sin Dios cree que la semilla que siembra y el pan que come de ella vinieron por generación espontánea. No tiene a quien agradecerle por lo que come. Pero el hijo de Dios reconoce que él es la fuente de su sustento. Hasta ahora no ha dejado de ser el Dios que lo suple todo. Póngase a pensar por un momento en todo lo que él hizo  y descubrirá que la tierra en la que vivimos fue diseñada para que viviéramos en ella sin que nos faltara cosa alguna.

Por lo tanto, él merece todo de nosotros. Cuando usted entrega sus diezmos y ofrendas lo que está diciendo es “… pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos” (1 Crón. 29:11-20). Nada de lo que tenemos es nuestro. No nos quedemos con lo que no nos pertenece.

Él es el Dios del don inefable

2 Corintios 9:15.  La palabra “inefable” era muy conocida en el idioma griego. En muchas inscripciones sagradas, especialmente en referencia a los misterios de sus dioses, era común oír esta palabra. Se definía como «palabra demasiado sagrada para ser pronunciada».

Esta palabra aparece solo tres veces en el Nuevo Testamento y su connotación era  de algo maravilloso que no podía ser hablado, y quien la usara no tenía palabras para explicar su asombro y sus sentimientos cuando se refería a algo relacionado con su dios. Pablo y Pedro la usaron, y ambos la mencionan para referirse al asombroso Dios a quien amaban y seguían. El primer “don inefable” del cual hablaban tenía que ser Jesucristo.

Al referirse a ese don, lo que más se destaca es el incomparable amor de Dios por esta humanidad perdida (Jn. 3:16; Ef. 3:18).  Y es que nada podrá ser más grande que este don inefable entregado por Dios. También Pablo hablaba del don inefable de los cielos (2 Cor.12:13). ¿Qué es lo que nos espera en el cielo? Pablo dijo: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman”. ¿Acaso no es esto suficiente motivación para tener un corazón alegre y generoso? Si ya somos poseedores de semejante don inefable, ¿por qué no ser fiel al Señor en lo poco cuando lo que nos espera es tan grande?

El significado de ser un dador alegre

Lo que no significa: Dar con tristeza

La tristeza es todo lo contrario al gozo. Dios nos hizo tan a su imagen y semejanza que estas dos reacciones delatan el comportamiento del corazón. Esto me hace pensar que el momento de más gozo o el de más tristeza del culto es cuando estamos entregando nuestros diezmos u ofrendas. ¿Qué significa el dar con tristeza?

El dar con tristeza es cuando en verdad no se quiere dar. Aquí hablamos del creyente que desea a toda costa evitar que se toque ese tema. Es el creyente que está en una iglesia; le gusta como funciona todo, pero quisiera que en el programa se evitara la parte que corresponde a los diezmos y a las ofrendas. “Dar con tristeza” significa dar lo menos posible.

Se trata del momento cuando abro la cartera y deseo que aparezca el billete de más bajo estimación. Es el momento de su lucha mental. El que da con tristeza tiene un espíritu mezquino y reacio a desprenderse del dinero. Pero sobre todo, posee un corazón cerrado a las bendiciones de arriba (Ilustración).

Lo que sí significa: Dar como propuso en el corazón

Aunque si bien es cierto que en la mayordomía del dar, el diezmar es nuestro punto de partida como un deber cristiano, así como lo fue para los judíos, ninguno de nosotros está restringido a una cantidad específica al momento de participar en este acto. Pablo introduce la nueva manera de dar que corresponde a la dispensación de la gracia. Él dice: “Cada uno de como propuso en su corazón”. En esta sola oración se resume la verdadera motivación de este tema.

Por un lado, se habla de un deber individual al decir “cada uno”. En este sentido doy mi parecer sobre la importancia que tiene la instrucción   familiar. Los padres debemos enseñar a nuestros hijos desde su temprana edad el gozo de traer la ofrenda al Señor. Si esto lo hacemos, cuando ellos crezcan no tendrán problemas en ser buenos mayordomos.

Por otra parte, el texto nos dice que el asunto del dar es una decisión del corazón. Si usted razona varias veces va a descubrir que no puede dar debido a sus compromisos. Pero si usted pasa de la cabeza al corazón, entonces encontrará que su corazón tiene una deuda de gratitud con la cual desea honrar a su Señor.

El dar con el corazón también es un dar voluntario, sin ninguna presión o compulsión externa. Esta forma de dar es según hayamos sido prosperados. Este es el gran reto de fe en la mayordomía del dar. Por cuanto la promesa del Señor es que es poderoso para “hacer que abunde en vosotros toda gracia… v. 8”, en la medida que prospero, y doy así, Dios cumplirá su parte. ¿Haré yo mi parte en mi corazón?

Las razones para dar con alegría

Porque Dios es un dador alegre

Cuando Dios hizo al mundo, no lo hizo con tristeza, sino que todo respondió a un plan de dar alegremente. Quiero pensar que cada vez que terminaba un día en su creación y se ponía el sello de “vio Dios que era bueno”, su rostro tenía que ser de incomparable alegría. Tome en cuenta un simple ejemplo. Mire al sol, el llamado “astro rey”.

Su luz es esplendorosa y brillante. Fue creado para dar su luz y su calor, pero de una manera generosa. Tan esplendido es el sol en su manera de dar que la vida del planeta depende de su generosidad. ¿Ha dejado el sol alguna vez de dar su luz? Vea el resto de la tierra que Dios ha creado. Desde que tenemos uso de razón ella siempre da.

Así que todos los días comemos de la generosidad de ella. Toda la creación es el ejemplo de un dador alegre. Dios no hizo nada para si mismo, sino para darlo. Todo lo hizo hermoso en tu tiempo pensando en el hombre creado.

Porque ese dador está libre del amor al dinero

Pablo ha dicho en una de sus cartas que la raíz de todos los males es “el amor al dinero” (1 Tim. 6:10). Por supuesto que el dinero en si no es lo malo, pues es el medio a través del cual nos movemos y vivimos, sino cuando mi amor por tenerlo  sustituye mi confianza en Dios.

Así que el dador alegre no ama al dinero sino que está desprendido de su esclavitud. No ha convertido al dinero en su “señor”, como bien lo dice la palabra: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.» (Mt. 6:24). Es el creyente que ha quedado libre del espíritu de Mammón.

Bien lo dijo el sabio en su libro de Eclesiastés. 5:10: “El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad”. Para el dador alegre, el dinero no es el fin, más bien es el instrumento que usa para bendecir su vida, su hogar y su iglesia. Es el hombre que ha descubierto que a través de lo que ha recibido puede honrar y glorificar a su Señor. 

Porque ese dador es poseedor de la gracia divina

2 Corintios 9:14, 15. Si Dios ama al “dador alegre”, esta persona debe ser un hijo de Dios, alcanzado por su gracia divina. Y es un hecho notorio que la gracia de Dios ha transformado de tal manera nuestra vida que ahora todo, incluyendo mis bienes materiales, los pongo al servicio de mi Señor. Pero reconocemos que se requiere de mucha gracia para convertir a los hombres en dadores alegres. Hay que reconocer que lo último que se santifica en un creyente es el bolsillo.

Deberíamos asegurarnos que cuando alguien se va a bautizar, que se bautice también su cartera. El creyente debe reconocer que en su vida todo es por gracia de principio a fin y que su deseo de dar no es por una deuda o porque tendré una recompensa. ¿Quién de nosotros es merecedor de la salvación? ¡Nadie! La salvación es el resultado y el ejercicio de la gracia inmerecida recibida de Dios.

Todo es “a causa de la superabundante gracia de Dios en vosotros” v. 14, como nos dice el texto. ¡Oh, hermanos, por qué no dar con alegría si somos poseedores del regalo más grande que se nos haya otorgado!

Porque hay en ese dador un deseo de hacer feliz a otros

Dios ama al dador alegre, porque él está interesado en aquellas cosas que hacen feliz a su pueblo. Dios conoce que la felicidad más grande que se cobija en el pecho del creyente es cuando ejercita su espíritu de abnegación y de amor hacia los demás.

Quien vive solo para sí mismo es desdichado. Quien únicamente se regocija en el gozo egoísta, no tiene sino limitados canales para su felicidad; pero quien se deleita en hacer felices a los demás, y quien se deleita en glorificar a Dios, negando sus propios apetitos para honrar a su Señor y bendecir al mundo, ese es un hombre feliz. Pablo lo expresa mejor cuando nos dice: “Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios…” v. 12.

Cuando usted y yo damos generosamente hacemos felices          a otros. ¡Oh, que Dios nos conceda gracia para que seamos dadores más alegres de lo que hemos sido en el pasado! Que comencemos hoy a descubrir este gozo que nos habíamos negado.

El dador alegre

Hemos dicho que “Dios ama al dador alegre”. ¡Qué declaración tan grande! ¡Qué privilegio tenemos los que hemos sido alcanzados por su gracia como su don inefable! ¿No nos perdemos, acaso, de ese amor de Dios cuando nos quedamos con lo que a él le pertenece y  de llegar a  ser un instrumento de bendición para otros? Por otro lado, ¿sabías que el tiempo de dar pronto habrá terminado?  No existe el dar en aquellos cielos.

No habrá necesidad en el cielo que deba ser cubierta. Los pobres, las viudas, los huérfanos y demás necesitados ya no existirán más. Allí no habrá que enviar misioneros a otras partes del mundo. Hermanos, no lleguemos al cielo con las manos vacías. Tenga el gozo de haber sido fiel en lo poco. Nuestro Dios ha sido fiel en lo mucho. De él tenemos todo, ¿por qué quedarnos con lo que a él le pertenece? Tenga el gozo de ser doblemente amado por Dios por ser un dador alegre. Amén.

Estudios de la serie: La mayordomía del Reino

1: Todo es suyo, nada es mío
2: El dador alegre
3: El ministerio del sostenimiento
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