Fortaleza en la debilidad

Fortaleza en la debilidadPablo experimentó en su propia vida fortaleza en la debilidad en medio de  momentos de dificultad.  En la segunda carta a los Corintios nos ha dejado un mensaje que nos ayuda a entender como Dios puede usar nuestras propias debilidades para su honra y servicio,y como en medio de ellas podemos sentir como en ninguna otra experiencia en la vida su gracia que nos fortalece.

2 Corintios 12:1-10

¿Le gusta hablar de sus debilidades? ¿Se siente orgulloso de ellas? ¿Por qué siempre hablamos más de las partes donde somos fuertes en lugar de las debilidades?

Porque la tendencia humana es ocultar las áreas en nuestras vidas de las que más flaqueamos por aquello de no causar una mala impresión o que nos tengan lástima. Físicamente el cuerpo humano tiene unas áreas que son muy débiles y son ellas las más vulnerables ante los golpes o las heridas.

Los boxeadores saben cuáles son esas áreas y al momento de sus combates las buscan para derribar a su oponente. Nos llama la atención que el hombre más grande después de Cristo hable de gloriarse en sus debilidades, más que en sus logros como apóstol del Señor. Por supuesto que las debilidades de Pablo tuvieron que ver más con su condición física por lo que acá revelará en el llamado “aguijón de la carne”.

Así que nos hará bien estudiar el presente capítulo para que nos identifiquemos con uno de los hombres más grandes del cristianismo, en esta parte de su biografía, de modo que aprendamos cómo lidiar con nuestras debilidades para que puedan ser usadas por Dios, trayendo gloria a su nombre y que sean al final nuestra fortaleza. ¿Lucha usted con sus debilidades? Bueno, bienvenido al mundo de los menos fuertes.

Si es así, este mensaje le ayudará a saber cuál es el propósito de su debilidad y cómo enfrentarla de modo que al final pueda decir: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte”. Cómo entender que hay una fortaleza en mi debilidad. Por qué esta aparente paradoja de la que nos habla Pablo.

 

Porque la debilidad evita la gloria personal

La gloria permitida

2 Corintios 12:5. Pablo relata que la experiencia que tuvo con el Señor, una especie de “arrebatamiento” anticipado, había sucedido unos catorce años atrás. Fue traspuesto al cielo, al mejor estilo de los profetas anteriores, en una forma que él mismo no está seguro. No recuerda si fue en el espíritu o en el cuerpo.

De todas maneras, no debemos especular sobre los detalles de lo ocurrido. Pero la intención de Pablo no fue exaltar lo que oyó sino magnificar a Cristo. De ese hombre él tiene el derecho de gloriarse. Es como su gloria permitida. ¿Por qué razón? Porque cuando vio el tercer cielo donde está el paraíso, aquello fue una demostración del gran amor que Dios le tuvo. Pablo fue tan especial para su Señor que le dio un anticipo de la gloria que le esperaba.

Amados, es una bendición saber que mis debilidades me ayudarán a descubrir que lo único en lo que podré gloriarme será en la “cruz de Cristo” porque a través de ellas lograré entender el “de tal manera amó Dios al mundo”. Si con mis debilidades glorifico a Cristo, entonces vale la pena esa gloria.

La gloria no permitida

2 Corintios 12:5b. En un mundo donde la adulación y la exaltación al ego son lo que valen y por lo que más se lucha, esta declaración apostólica pareciera ser paradójica. Hay hombres, incluyendo a no pocos creyentes, que les importa mucho que otros los exalten y los reconozcan, sobre todo por sus éxitos y sus méritos.

Pero cuánto necesitamos aprender de hombres como Pablo, y mayor aún de nuestro Señor Jesucristo, cuyas vidas fueron marcadas por la humildad. “Gloriarse en las debilidades” es un asunto que nos pone en la “raya” de manera que nadie tenga más algo concepto de mí que el que debe tener.

Preferir gloriarse en las debilidades nos mantiene conscientes de lo que somos. No nos está permitido gloriarnos a nosotros mismos. Tal gloria es efímera y pasajera. Pero el gloriarnos en nuestras debilidades nos hará hombres con una visión distinta al de los demás. Las debilidades son los límites con los que Dios nos mantiene aptos para su servicio. Mis debilidades me humillan y me protege de la vanidad.

Porque la debilidad me pone de rodillas ante Dios

Cuál era la debilidad de Pablo

2 Corintios 12:7. Los hombres que caminan más cerca del Señor tarde o temprano serán visitados por algún aguijón. Esto me hace pensar que no ha sido extraño que hombres con una profundidad espiritual hayan tenido que sufrir de algo que los ha mantenido quebrantados.

Se cuentan por miles los que han padecido de penosas enfermedades como el caso de Spurgeon, a quien su biógrafo describe con grandes enfermedades desde los 35 años. Entre otras cosas, sufría de la gota, de neuralgia y de reumatismo. Todas estas eran dolencias extremadamente dolorosas. Observe que en este pasaje Pablo aparece en un momento caminando en lugares celestiales y de repente lo encontramos en lugares muy terrenales.

Obsérvele hablando en el v. 7. No se sabe cuál era el aguijón que sufría, pero lo describe como un “mensajero de Satanás”. De acuerdo con este texto, Pablo llegó a ver que su aguijón era un don. Las debilidades tienen la misión de revelarnos la espina que punza la carne para depender más del Maestro. Lo bueno de esto es que el aguijón está en la carne, así que su espíritu no era tentado, de allí su propósito.

Oración no contestada

2 Corintios 12:8. Mis hermanos cualquier cosa que nos mueve a orar es buena. Solo que ahora, con la experiencia de Pablo aprendemos que hay oraciones donde Dios está en silencio. Esto parece extraño de Dios Padre. Sin embargo, ya el mismo Señor Jesucristo había hecho esta oración y el Padre permaneció en silencio.

Hay debilidades en nuestras vidas que en no pocas ocasiones nos conducen a estados de quebrantamiento y en algunos casos hasta desesperación. Pablo le pidió tres veces al Señor que le quitara esa molestia. Así que el Señor escuchó la primera, la segunda y la tercera vez. De una cosa estamos seguros, el asunto no fue que Pablo no oraba pidiéndole al Señor que le quitara la espina que lo debilitaba, y no fue que el Señor no hubiera escuchado sus oraciones, sino que no hubo respuesta.

¿Es por esto Dios insensible ante el dolor de sus hijos? ¡De ninguna manera! Dios también responde con una oración no respondida. El silencio de Dios frente a nuestro sufrimiento no significa desamparo, sino que él trabaja para hacernos mejor.

Porque la debilidad nos lleva a su gracia

El Señor necesita de mi debilidad

2 Corintios 12:9. Paradójicamente el Señor necesita más de nuestra flaqueza que de nuestra fortaleza. ¿Por qué razón? Porque nuestra fortaleza pudiera convertirse más bien en su rival. Los que se consideran autosuficientes simplemente le dicen a Dios que no necesitan de su ayuda. Pero qué distinto es pensar que mis propias flaquezas se constituyen en verdaderos siervos de Él.

Cuando esto hacemos, dependemos de sus recursos y manifestamos su gloria. A través de la historia se ha descubierto que la necesidad del hombre es la oportunidad de Dios. Pero, por otro lado, la seguridad del hombre en sí es la oportunidad para Satanás.

La manera cómo Dios obra no es la de poner al creyente fuera de las pruebas, sino en todo caso darle un poder especial con que soportarlas. Alguien ha dicho que “Dios suele sacar bueno de lo malo para que los reproches de nuestros enemigos nos protejan del orgullo”. Las debilidades nos evitarán exaltarnos desmedidamente. Dios usó la debilidad de los hombres para revelar su grandeza. ¡Convierta su debilidad en bendición! Cuando Sansón fue débil, pidió ser fuerte.

El poder que reposa en mí

2 Corintios 12:9b. Hay mucha gente en cuyas vidas reposan otros poderes. De hecho, en algunos reposa el poder de alguna inclinación pecaminosa. En otros reposa el poder de la ambición, de la fama, del prestigio etc. Pero hay una gran diferencia cuando al buscar en mi interior descubro que en mí reposa el poder de Cristo.

Esto quiere decir que el Señor es suficiente para mí. Pablo ha dicho que frente a sus debilidades le basta la gracia de Dios. Pero ahora ha dicho que frente a sus debilidades reposa el poder de Cristo. Aquí hay algo maravilloso. Si el poder del Señor es el que reposa en mí, entonces cuando soy débil, soy fuerte.

Fue el mismo Pablo quien al hablar de sus debilidades nos ha recordado que: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros…” (2 Cor. 4:7). La palabra “reposar” tiene que ver con “morar en una tienda”. Jesús hizo morada en el mundo según Juan 1:14. Pues de igual manera, ahora ha hecho morada con su poder en nuestros corazones.

Porque la debilidad descubre el gozo supremo

Gozarse en la debilidad

2 Corintios 12:10. La filosofía del mundo no es ser débil sino fuerte. Olvídese que el mundo quiera saber algo de los débiles. Todos los hombres buscan ser fuertes, poderosos, como si con esto les permitiera estar por encima de los problemas. Y cuando alguien se hace fuerte es difícil que pueda ver al débil. En la mentalidad de algunos, el hacerse cristiano los hace muy débiles.

Es más, algunos consideran que el cristianismo es para los pobres, los débiles, los llorones, los que no tienen poder, los que no tienen fuerzas. Pero contrario a la manera como el mundo califica la debilidad, Pablo nos recuerda que por el amor que nos dispensa el Señor nos gozamos en nuestras debilidades.

La verdad de nuestra condición humana es que no siempre aceptamos nuestras debilidades de una manera gozosa. De hecho, cuando pasamos por esos momentos difíciles muy distintos a los que enfrentó Pablo, lo menos que hay es gozo. Pablo había aprendido de su Maestro quien “por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz…” (He. 12:2).

Cuando soy débil, soy fuerte

La conclusión a la que llega Pablo no es la de un derrotado. Él no ha claudicado porque tenga un aguijón que lo abofetee, sino que más bien ha encontrado en su debilidad otra manera de cómo servir mejor al Señor y por esto él siente gozo.

Definitivamente las cosas del Señor suelen ser paradójicas y locura para los que se pierden. Es mi debilidad la que al final me hace fuerte. Mi debilidad es la que me hace mas dependiente del Señor.Es mi debilidad la que me permite conocer al Dios de toda gracia y conocer su poder. Pero, sobre todo, cuando soy débil es cuando voy descubriendo que la arrogancia, el orgullo y la vanagloria han sido malos compañeros.

Si esta pandemia te ha hecho débil toma ventaja de ella. Aprópiate del poder del Señor. Al igual que Pablo y el Señor, descubre el gozo y el poder que está detrás de tu debilidad. “La madurez espiritual de un creyente puede medirse por el gozo. En todas las circunstancias el Espíritu Santo produce gozo. Dios tiene su propósito en nuestras aflicciones, pero nunca nos quita el gozo”. Sáquele fortaleza a su debilidad.

 

Fortaleza en la debilidad

No se sienta mal por sus debilidades. Pablo descubrió que sus debilidades lo hacían más fuerte. ¿Sabe usted cómo se forma una perla? Así va el proceso.

Cuando un grano de arena, o un cuerpo extraño penetra en la ostra, comienza a irritar sus nervios. En la parte interna de la ostra hay una sustancia lustrosa llamada nácar a lo cual ésta responde en el punto afectado, cubriendo el grano de arena, enterrándolo con capas y capas de nácar para proteger el cuerpo indefenso de la ostra. El resultado final es la formación de la perla.

Lo que fue al principio una herida se transformó en una preciosa joya. De esto se desprende que una ostra que no haya sido herida no puede producir perlas. ¿No es sorprendente que la perla sea una herida cicatrizada? Pues esto es lo que Pablo nos ha dicho de este pasaje.

Si tu dolor sigue siendo insoportable, tanto que le has pedido varias veces al Señor que lo quite de ti, escucha la misma palabra que recibió Pablo: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. Deja que la gracia de Dios cubra tu dolor hasta que nazca una hermosa perla con la que honrarás su nombre y al final serás fortalecido. “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” esto solo lo vive un hijo de Dios.

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