Del escritorio de Julio Ruíz

Lucas, el otro discípulo amado

Lucas, el otro discípulo amado

Continuamos con la serioe «Discípulos de Integridad Comprobada». En esta segunda entrega hablamos de Lucas como discípulo amado.

En efecto, a Lucas se le conoce como “el médico amado”, y a Juan como el discípulo amado; pero en esta consideración, debido a la serie que nos asiste de los Discípulos de Integridad Comprobada, es necesario hacer justicia a la vida de Lucas, hablando de él como uno de los discípulos que jugó un papel fundamental en la vida de Pablo. Ciertamente Bernabé introdujo a Pablo a su ministerio público, y se gozó en verlo despegar como el gran apóstol Pablo, pero Lucas fue necesario en su vida, no solo por su oficio de médico, sino por su dedicación, casi exclusiva a la vida Pablo.

 He predicado muchos mensajes de los libros de Lucas, tanto de su evangelio como en el libro de los Hechos, pero no lo había hecho directamente de su vida como discípulo de Pablo. Lucas literalmente es el hombre detrás de la escena. Muchos de los autores del Nuevo Testamento comienzan identificándose en sus escritos, pero en el caso de Lucas, él no escribe su nombre en ninguno de sus libros.  Es más, cuando uno lee el libro de los Hechos, la humildad de Lucas se pone de manifiesto, pues nunca habla en primera persona, sino en plural.

En todo el libro de los Hechos uno ve a Lucas siempre hablando de un acompañamiento, y siendo parte de el equipo de discípulos de Pablo.  Al principio del libro, Lucas solo habla de la historia de los apóstoles, pero cuando aparece el llamado del “varón macedonio”, del capítulo 16, entonces vemos a Lucas diciendo: “Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio” (Hechos 16:10).

Es, pues, un honor hablar de Lucas como el otro discípulo amado, en este caso, amado por Pablo.

 Consideremos las inigualables lecciones y aplicaciones de la vida de Lucas para la nuestra.

El oficio del discípulo

El médico amado

Colosenses 4:14). Según algunos críticos de la historia, el término de médico no debiera entenderse, sino en el sentido espiritual. Pero aceptar esta crítica sería   rebajar el oficio de Lucas como médico del cuerpo, a médico del alma. Si Lucas fuera solo médico del alma, Pablo no le hubiera dado semejante distinción. Simplemente, Lucas estudió medicina y esto fue muy importante en la vida de Pablo, porque sin duda él llegó a conocer muy bien a “su paciente”, sobre todo, por las tantas enfermedades de Pablo.

¿Puede imaginarse cómo calmaba Pablo el aguijón de su carne, por cuanto el Señor no se lo había quitado? Lucas fue el doctor de cabecera de Pablo, tanto así que lo acompañó hasta Roma en su travesía final. Dios no sanó a Pablo de sus males, pero le asignó un médico para asistirlo en su vida. En unas de sus cartas va a decir “solo Lucas está conmigo”. Y para confirmar su profesión médica, Lucas nos deja en su libro su visión como galeno, cuando habla de algunos casos donde se ve la diferencia de un escritor natural y un escritor médico como Lucas. Uno de estos ejemplos es cuando Jesús oró en el Getsemaní, como con grandes gotas de sangre. Ese fenómeno se conoce como “hematidrosis”, que solo sucede en pacientes con su sistema alterado, y eso lo vivió Jesús, y Lucas como médico lo registró.  

El médico evangelista

Lucas no solo fue el “médico amado”, sino un discípulo con un peso en su corazón por el perdido. No solo fue un médico del cuerpo, sino también “médico del alma”.  Algunos afirman que un teórico de oficina ve a las personas mejor de lo que son, mientras que un sociólogo las ve peor de lo que son en realidad; sin embargo, el médico ve a cada uno tal cual es. Ve el dolor de su cuerpo, pero también su dolor emocional, muchas veces los causantes de sus dolores físicos.

 Tenemos razones para pensar en la manera cómo Lucas veía a las personas. No fue una casualidad ser llamado por Pablo como médico, porque seguramente en él se conjugaba la sensibilidad de ver a las personas tal cual eran, mitad debilidad y mitad buena voluntad, y las amaba y las comprendía.

Un discípulo como Lucas tuvo mucho trabajo al lado de Pablo, su discipulador. Imagínatelo en todos los viajes misioneros atendiendo y enfrentando cada caso. No dudo en pensar que Pablo le asignaba a Lucas aquellos casos donde un hombre como él, con su experiencia, podía ser muy usado.  Qué decir del trabajo en las cárceles, y por último, el gran trabajo hecho en el barco donde iban para Roma. Lucas nos habla de la pasión por la evangelización.

La fidelidad del discípulo

Una fidelidad cuestionada

2 Timoteo 4:9-11.  Pablo pasó la prueba de la deserción. En uno de sus viajes misioneros ya la había tenido cuando Juan Marcos, quien no los siguió acompañando, generando un gran desacuerdo entre él y Bernabé.  Ahora le volvemos a ver con otra decepción, quizá la más grande de su vida, debido a la deserción de uno de sus cercanos discípulos, aquel conocido como Demas.  En las cartas de Colosenses y Filemón lo reconoce como alguien cercano y colaborador.

Pero ahora Pablo con una sola oración nos deja ver el dolor de su corazón, y hasta donde la fidelidad es comprometida cuando hay algo fascinante, distinto a la fe una vez dada a los santos. Así nos dice: “Demas me ha desamparado, amando este mundo” (v. 10). De acuerdo con MacArthur Study Bible la palabra griega traducida como “desamparado” significa “abandonar completamente, con la idea de dejar a alguien en una situación extrema”. He aquí la cara de la infidelidad; el alto costo de dejar al maestro y el evangelio, por ganar al mundo. Nada trae más dolor al corazón de un pastor como el saber que un discípulo abandona su fe por seguir al mundo.

Una fidelidad comprobada

Colosenses 4:11. Cuando uno lee a Pablo diciendo “solo Lucas está conmigo” pareciera verlo en medio de una gran soledad. No sabemos quiénes más lo abandonaron, pero ahora lacónicamente habla de su soledad. Es notorio ver a Pablo hablar en sus cartas de la cantidad de discípulos, acompañándolo en su ministerio. Pero acá dice estar solo.  Sin embargo, el hecho de hablar de Lucas como el fiel e inseparable discípulo es fortalecedor. Una de las características de un discípulo al estilo de Lucas, es la de acompañar a su líder en todas sus circunstancias. Por la historia revelada en el libro de los Hechos, Lucas debió acompañar a Pablo en todas sus travesías misioneras.

En este sentido, Lucas no sólo fue su médico y biógrafo, sino el discípulo con la mayor cercanía a su vida y ministerio. Ver a este hombre sirviendo a Pablo, estando siempre detrás del escenario, enalteciendo el testimonio de su maestro, y en no pocas ocasiones siendo un testigo de la valentía, audacia y pasión de Pablo, es estar en presencia de un discípulo entregado de corazón a la obra.

Lucas nunca abandonó a Pablo. Un gran camino de éxitos le aguarda a aquel discípulo cuya vida le caracteriza la fidelidad. Nunca abandone a su Señor.

El acompañamiento del discípulo amado

Compañero de prisiones

Filemón 23.  ¿Quién es un compañero? En su definición, un compañero es alguien acompañando a otro para algún fin. Cuando se establece un vínculo entre dos personas, eso se conoce como compañerismo, y el efecto de acompañar al final produce una compañía. Pues todo esto es visto en la persona de Lucas cuando nos referimos a él como un discípulo-compañero. Imagínese a Pablo en un viaje misionero llevando sus notas del sermón y Lucas llevando su maletín de médico. Imagínese a Pablo medio muerto después de una gran paliza y luego siendo atendido por Lucas. Pero una de sus más visibles compañías fue cuando Pablo estuvo preso. Pablo estuvo preso unas cuatro veces.

Y en casi todas las cárceles, estuvo acompañado de Lucas. Hay mucha bendición en un discípulo que va más allá de las palabras para convertirse en compañero del mismo viaje donde anda su guiador. Lucas pudo dedicarse a su profesión, y seguramente le hubiera ido muy bien, especialmente en aquellos tiempos donde los médicos escaseaban; pero prefirió ser un compañero de Pablo. No todos los hombres pueden ser un Pablo, pero muchos sí pueden ser Lucas; eso es, un compañero que ayuda a llevar la carga.

Discípulo amado y colaborador de las necesidades

Filemón 24. Un discípulo al estilo de Lucas no solo es un acompañante, sino también un colaborador. Hay una diferencia en acompañar y colaborar. Colaborar es ir más allá de las palabras. Una cosa, por ejemplo, es decirle a alguien que ha perdido a un ser humano: “te acompaño en tus sentimientos”, o decirle: “aquí tienes este dinero para ayudarte en cualquier necesidad”. Una de las cosas que nos llama la atención en la vida de Pablo es su capacidad para formar un equipo con quienes trabajaba y en quienes se apoyaba para toda su misión; eso es evidente en sus cartas. El poeta Dante, refiriéndose al carácter Lucas le dio este apelativo: “el que describe la amabilidad de Cristo”.

 Y así debió ser Lucas.  Con su personalidad abnegada y modesta, no presumió de sus conocimientos ni quiso ser el centro de atención, sino más bien un colaborador. Lucas como colaborador seguramente era un administrador también. Él, además, de poner de su propio bolsillo, seguramente organizó equipos para sustentar a su amado apóstol. Cuando Pablo habla de él como colaborador, estaba seguro que sus necesidades serían cubiertas. Es una bendición contar con discípulos colaboradores.

La disciplina del discípulo amado

La historia más hermosa jamás contada

Lucas 1:1-4. Lucas y Juan Marcos, como discípulos de Pablo, tienen algo en común: ambos escribieron dos de los cuatro evangelios. Pero la belleza del libro de Lucas supera a los demás en su estilo.  ¿Por qué es importante comentar esto? Porque cuando hablamos de los discípulos, como Lucas, su disciplina, constancia y fidelidad, lo llevó a escribir la historia más hermosa jamás contada. De esa obra maestra se desprenden muchos temas inigualables. Por ejemplo, Lucas demuestra una gran estima por la mujer. Se observa en su amabilidad y el gran aprecio y comprensión de Cristo por ellas.

El evangelio de Lucas se conoce como “el evangelio de la misericordia”, porque uno de los propósitos de Lucas es revelarnos a un Jesús muy cercano a los pecadores, enfermos, pobres y necesitados. Su obra refleja a Jesús como el Hijo de Dios que vino a salvar lo que estaba perdido. Lucas es quien nos presenta a Jesús más veces orando, por esto, a este libro también se le llama “el evangelio de la oración”. En el libro de Lucas se ve a Jesús orando en todos los grandes momentos de su vida y nos dice con esto: debemos orar siempre. Cada tema de este libro es hermosamente tratado. No hay ningún desperdicio en él.  

La historia más emocionante jamás contada

Hechos 1:1-5. Pero Lucas no solo escribió un clásico con su libro de Lucas, sino siguió con una historia continuada en el libro de Hechos. Nadie más como él para hablarnos del Cristo resucitado y ascendiendo al cielo. La manera como relata esos hechos es de una visión insuperable. Los 31 capítulos de esta emocionante historia ponen al lector en una continua expectación debido a las acciones protagonizadas. Observe el relato de la llegada del Espíritu Santo; simplemente inigualable. Véalo narrando la vida de los primeros creyentes, los distintos milagros, la conversión del etíope y la intervención de un ángel y el Espíritu Santo.

Qué decir de la manera cómo nos narra la conversión de Pablo en el camino de Damasco y la aparición de Cristo; esa escena es única de un escritor como él. Y así lo seguimos a través de todo el libro, llevándonos a través de la conversión de los samaritanos, el concilio de Jerusalén, y el viaje marítimo de Cesárea a Puteoli (Hechos, 27), como la narración náutica antigua más instructiva, lectura predilecta de muchos marineros de alta mar. Lucas nos habla en su primer libro de la historia de Cristo como la cabeza, y en el libro de los Hechos, de la iglesia como su cuerpo.

Discípulo amado y médico amado

Hemos hablado de Lucas como el otro “discípulo amado”, aunque él se conoce como “el médico amado”; la intención es ver en este hombre cuatro cosas distintivas como discípulo de Cristo. Por un lado, nos encontramos con el oficio del discípulo, la fidelidad del discípulo, el acompañamiento y la disciplina del discípulo. La integridad de este discípulo ha sido comprobada.

Su vida detrás de la escena nos muestra ese carácter sin ambiciones personales y con una humildad comprobada, porque por ningún lado habla de él en primera persona. Lucas fue el “médico amado” en el sentido del cuidado personal que tuvo por su amado apóstol Pablo. Nadie como él para sentir su compañía y colaboración hasta el final de su vida. Cuando Pablo dijo “he peleado la buena batalla, he acabado la carrera”, allí estaría Lucas al final de sus días.  No basta ser un discípulo, sigo llegando a ser un “discípulo amado”. ¿Qué clase de discípulo soy? 

Discípulos de Integridad Comprobada

1: Las marcas del discípulo
3: Timoteo, el hijo del honor

Julio Ruiz

Venezolano. Licenciado en Teología. Fue tres veces presidente de la Convención Bautista en Venezuela y fue profesor del Seminario Teológico Bautista de Venezuela. Ha pastoreado diversas iglesias en Venezuela, Canadá y Estados Unidos.
1 Comment
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América
América
11 días de haberse escrito

Que hermosa historia de compañerismo, que bendición la vida de Lucas nos trae inspiración. Muchas gracias hno Julio Ruiz por tan maravillosa enseñanza.

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