Orar con efectividad: 7 claves que empiezan con P

Orar con efectividad, 7 claves que empiezan con P

Elías era un hombre con una naturaleza como la nuestra. Oró fervientemente para que no lloviera y durante tres años y seis meses no llovió sobre la tierra. Luego oró de nuevo, y el cielo dio lluvia y la tierra dio su fruto (Santiago 5: 17-18).

¿Te preguntas si estás orando con efectividad? Elías es un buen ejemplo a seguir para lograrlo.  Al leer detenidamente 1 Reyes 18 y Santiago 5: 17-18 encontraremos 7 claves para alcanzar este objetivo.  Todas estas claves empiezan por la letra P. 

Las siete claves con P para orar con efectividad

Privado: la primera P

Elías subió a la cumbre del monte Carmelo (1 Reyes 18:42)

Elías había invocado fuego del cielo. Era el hombre del momento y todos veían la obra de Dios. La multitud lo aclamaba como cuando un deportista gana el primer premio en las olimpíadas. Pero Elías se apartó de la multitud y subió a la cima del Monte Carmelo para orar.

Este mismo patrón lo vemos en el ministerio de Jesús. Sanó a la suegra de Simón Pedro. Todo el pueblo se enteró y se juntaron multitudes trayéndole enfermos y oprimidos. Toda la ciudad estaba a la puerta donde Jesús se quedaba (Marcos 1:33). Sanó a muchos, pero a la mañana siguiente, temprano, partió y fue a un lugar solitario donde oró (Marcos 1:35). Se apartó de la multitud y se entregó a la oración. Lo mismo que hizo Elías.

Orar con otras personas es importante, pero hay un tipo de oración que sólo puedes hacer en tu soledad. Cuando dos personas se aman buscan dedicar tiempo para estar juntos y a solas. Dios, que es el gran amante de tu alma, quiere pasar tiempo a solas contigo.  “Cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto” (Mateo 6:6). 

Por eso estar a solas con Dios es importante para nuestra relación con Él.  Después de ministrar lo que Dios nos ha dado deberíamos ir al encuentro privado con nuestro Señor.

Posición: la segunda P 

[Elías] se postró en tierra y puso el rostro entre las rodillas (1 Reyes 18:42).

Dios siempre habla con intención y precisión.  Por eso en las Escrituras el Espíritu Santo ha conservado una descripción detallada de la postura de Elías cuando oraba. Imagínalo arrodillado, con la cabeza en el suelo. El poderoso profeta se hace como una pequeña hormiga delante del Señor.

De nuevo un paralelismo con Jesús. Lo vemos en el huerto de Getsemaní, “Se postró sobre su rostro y oró” (Mateo 26:39). 

Se puede orar en usando diversas posturassegún la situación en las que nos encontramos. Podemos orar mientras caminamos o mientras conducimos (y espero que lo hagas con los ojos bien abiertos). En las Escrituras no vemos que se nos obligue a cierta posición para la oración.  Pero es importante ver las diferentes posturas que los hombres y mujeres de Dios optaron cuando oraban.  El que la Biblia nos las describa es porque tiene importancia.

El lenguaje corporal de Elías es significativo: habla de su total dependencia de Dios y que se toma su relación con Dios muy en serio. El pueblo se estaba muriendo por la sequía que duró tres años y medio. Elías se arrodilló en el suelo y cubrió su rostro con las rodillas.

En momentos de intimidad con Dios es bueno arrodillarnos y derrarmar nuestro corazón a Dios.  Una señal en la que le expresamos con nuestro cuerpo: “Señor, aquí estoy de nuevo. Sé lo grande que eres , lo pequeño que soy y cuan grande es el peso de la carga que te traigo».

Promesa: la tercera P para orar con efectividad

La palabra del Señor vino a Elías, en el tercer año, diciendo… “Enviaré lluvia sobre la tierra” (1 Reyes 18:1)

Cuando Elías oró para que lloviera lo hizo con confianza porque estaba pidiendo algo que Dios ya había prometido. La fe es la respuesta del que cree en la palabra de Dios. La oración que brota de la fe tiene el mismo carácter.

Dios te ha dado una invitación abierta para que le pidas cualquier cosa. Pero la libertad de pedir cualquier cosa no implica que tenga el compromiso de darte todo lo que pides. La oración no es un medio para manipular a Dios.  Dios no va a hacer algo que no esté en sus planes.  Pretender manipular a Dios es algo muy serio.

Cometemos un grave error pensar que si tenemos mucha fe podemos presionar a Dios para obtener lo que le pedimos. A menos que sea por inspiración divina, no debemos decirle a una persona enferma que si tiene suficiente fe se sanará. Eso es una crueldad y un insulto a la persona que está sufriendo.

Elías oró por lo que Dios le había dicho que haría. Cultiva la práctica de orar con lo que Dios ha prometido. Usa la Palabra de Dios como combustible. Ora con una Biblia abierta, y mientras lees la Biblia, devuélvele en oración lo que Él te dice.

Petición: la cuarta P 

Volvió a orar y el cielo dio su lluvia (Santiago 5:18)

¿Por qué debemos pedir a Dios algo que ya ha dicho que va a hacer? Si Dios ya lo ha prometido, ¿para qué pedirlo? 

La respuesta es que Dios decide no sólo lo que va a pasar sino también como va a pasar. Dios determina el fin, pero también determina la forma Determina cuál es su promesa y como es nuestra oración. Por eso las promesas de Dios nos señalan lo que debemos pedir.

Lo que Dios ha prometido lo hará mediante la oración de sus siervos. Eso le da un gran significado a nuestras vidas y a nuestros ministerios, y en especial a nuestras oraciones. Somos colaboradores de Dios (2 Corintios 6:1).

Precisión; la quinta P  para orar con efectividad

Oro para que no lloviera … Volvió a orar y el cielo dió su lluvia (Santiago 5:17-18)

Elías fue muy claro en lo que pidió y lo hizo con precisión. Jesús le preguntó a un hombre: «¿Qué quieres que haga por ti?» (Marcos 10:51). ¿Qué dirías si Jesús te hiciera esa pregunta? 

Es posible que quieras pedirle por alguien a quien amas, pero si Él te presionara un poco diciéndote: “¿Qué quieres que haga por ti?” , ¿Qué le dirías? Esa pregunta es más difícil responder de lo que imaginas.

Elías sabía lo que quería y estaba buscando la respuesta. Al orar con Dios es importante que seamos claros y le contemos con exactitud lo que queremos. Jesús te pregunta: ¿Qué quieres que haga por ti? Puedes decírselo con precisión.

Pasión: la sexta P

Con fervor oró (Santiago 5:17)

Literalmente, dice: «En oración oró». Aunque parezca una redundancia, esta es una forma hebrea al hablar. La redundancia enfatiza lo que se quiere decir.  Cuando Jesús les dijo a los discípulos que tenía “muchos deseos” de comer la Pascua con ellos, las palabras que usó fueron literalmente: “Con deseo he deseado comer la Pascua con ustedes” (Lucas 22:15). Aquí tienes la misma fórmula. Había vida y pasíon en la oración de Elías y en la de Jesús.

Muchas veces caemos en una especie de somnolencia espiritual cuando oramos con poca fe, con poca pasión y sin precision. No hay poder en ese tipo de oración. La oración de Elías fue diferente. Oró con pasión. Para el era muy importante lo que pedía y se lo presentaba a Dios con pasión.  “Oraba en oración”. Eso es orar con efectividad.

Persistencia: la séptima P para orar con efectividad

… y la séptima vez el criado le informó: —Desde el mar viene subiendo una nube. Es tan pequeña como una mano. (1 Reyes 18:44)

Elías oró por lo que Dios le había prometido. Oró con precisión y pasión, pero la respuesta no llegó de inmediato. Envió a su criado a mirar hacia el mar en busca de cualquier señal que anunciase lluvia. El criado regresó diciendo: «No se ve nada» (1 Reyes 18:43). Entonces, Elías le dijo: «Ve de nuevo».

Imaginemos un momento lo que estaba pasando.  El profeta estaba orando. El criado va y no hay nada.  Elías le dice: «¡Ve de nuevo!».  Más oración, más espera y todavía nada.

Usualmente cuando llegas a la quinta o sexta vez sin respuesta nos cansamos de orar y de esperar. Jesús les dijo a sus discípulos que siempre debían orar y no darse por vencidos (Lucas 18:1).

Elías no se rindió. Cuando su criado miró por séptima vez, vio una pequeña nube y “en poco tiempo, los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia” (1 Reyes 18:45).

Orar con efectividad

Esta forma de orar es muy útil. Elías con su oración cambió muchas vidas y seguramente si lo hacemos asi cambiarán nuestras familias y nuestro entorno y nuestras vidas

Estas siete «P» las podemos resumir en una sola frase: Acércate a Dios en privado y pide la promesa que ha dado con precisión, pasión y perseverancia.

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