La música es excelente pero Jesús lo es más

La música es excelente pero Jesús lo es másMi hija más pequeña, McKenzie se graduó en el Boyce College obteniendo un título en estudios bíblicos. Durante sus estudios sus trabajos se enfoncaron en la música y la adoración. Tras 4 años y medio de estudio, persistencia y dependencia en la gracia de Dios, logró obtener su título universitario.

En su último semestre, tuvo que dar un recital de alto nivel. Gracias a la excelente instrucción de su profesora de voz, Chandi Plummer, McKenzie amplió significativamente su rango vocal y como cómo cuidar su voz. Además aprendió como comunicar emociones cuando canta. Todos esos aspectos los logró plasmar en este recital que estaba compuesto por piezas en varios idiomas (inglés, francés, alemán e italiano) y diversos estilos (clásico, romántico, estándares de jazz y canciones contemporáneas de adoración).

A veces una luz sorprende

Disfruté mucho ese concierto. Pero me emocioné mucho cuando cantó I Have to Believe de Rita Springer, una canción sobre la fe en las promesas de Dios a pesar de la oscuridad y del dolor. Este canto es conmovedor.

La música se enclipsa ante la majestuosidad de la realidad de lo que hace nuestro Salvador:

Tengo que cantar alabanzas cuando es medianoche
Él rompe las cadenas que atan mi alma,
mi pecado y mi vergüenza
Me ha perdonado y me ha sanado.

Fue un momento esclarecedor y sorprendente, la verdad de esas palabras en la propia vida McKenzie la conmocionaron. Sus ojos se llenaron de lágrimas, a tal punto que no podía cantar. Todo el público quedó en silencio hasta que finalmente se recuperó y pudo terminar el concierto.

Creo esto es un ejemplo de lo como la adoración puede afectar nuestras vidas y he de decir que la música es excelente pero Jesús lo es más.

La música es un regalo de Dios que nos beneficia en muchas formas. Logra que expresemos nuestras emociones cuando no encontramos palabras para manifestar lo que sentimos. Amplifica el impacto de las palabras que queremos expresar. La música puede elevar nuestros espíritus. Nos puede motivar para que nos esforcemos más. Atrae nuestros corazones a la belleza trascendente. Profundiza nuestro sentido de comunidad para que juntos, a una sola voz, nos orientemos hacia una causa común.

La música puede hacer cosas increíbles. He dedicado 50 años de mi vida a la música. Una sonata de Beethoven me puede hacer llorar. La apertura de la Primavera Apalaches de Aaron Copland me produce una paz indescriptible. He disfrutado cientos de veces algunas bandas sonoras. Son tantos cantautores, músicos o bandas que me gustan que no podría enumerarlos. Me maravilla como la música ha tocado mi vida y lo sigue haciendo.

Incluso para las personas que no adoran al Dios verdadero, la música puede ser un sustituto. En 1994en su discurso de graduación de la Berklee College of Music Sting dijo: “Cuando alguna vez me han pregundo si profeso alguna religión siempre he respondido: ‘Sí, soy un músico devoto’. La música me pone en contacto con algo más allá del intelecto, con algo de otro mundo, con algo sagrado”.

Jesus es más grande

Sting andaba por la ruta correcta pero no llegó al destino. La música es una herramienta maravillosa pero podemos hacer de ella un falso dios .

Sí, la música es excelente pero hay algo más grande que el don de la música:  el Dador.

C.S. Lewis lo puso en este párrafo tan citado de El peso de la gloria:

“Los libros o la música en que creíamos que se ocultaba la belleza nos traicionarán si confiamos en ellos. Pero realmente no está ni en aquéllos ni en ésta, tan sólo se revela a través de ellos. En realidad, los libros y la música aumentan el deseo de poseerla.

Estas cosas —la belleza, el recuerdo de nuestro pasado— son buenas imágenes de lo realmente deseado. Si se confunden con la cosa misma se transforman, no obstante, en ídolos mudos que rompen los corazones de quienes los adoran. No son, pues, la cosa misma, sino el perfume de una flor no hallada, el eco de una armonía jamás oída, la noticia dé un país desconocido”.

Cuando McKenzie rompió en llanto en medio del canto, nadie murmuró. Nadie preguntó por qué no podía seguir. Nadie se quejó de que su arte sse quebrase. Más bien vimos claramente el efecto transformador de la gracia de Dios en Cristo trasciende el efecto de la música. Vimos al Dador a través del regalo.

El enfoque correcto

Una vez escuché a un pastor de adoración decir que lo primero que hay que hacer para mejorar el canto en nuestra congregación es encontrar un buen baterista.

Entiendo que intentaba ayudar a que la gente cante más enfocada, con más emoción y compromiso. Pero cuando si los que lideramos el canto en nuestras iglesias confiamos sólo en la música y la tecnología para mover a la gente, corremos el riesgo conducir a la gente hacia la idolatría. Entonar todas las notas bien, realizar riff la perfección, asegurarnos de que la iluminación sea la adecuada o llevar el ritmo a la perfección son objetivos valiosos pero no son el objetivo final.

Practicar es importante. Los instrumentos y las voces bien afinados son importantes. Que banda que conozca la música es importante. Los arreglos son importantes. Todo esto puede contribuir a mover a las personas emocionalmente y ayudarlas a enfocarse en las verdades que estamos cantando.

Más allá de todas las otras glorias

Pero me temo que cuando buscamos la excelencia musical y la competencia a menudo nos perdemos el propósito de nuestra misión. Nada es más importante que el Salvador la música sólo puede rendirle homenaje.

Jesucristo, el Hijo de Dios, quien dejó su trono de gloria para morir por los pecadores con el fin de que pudieran reconciliar con Dios. Dios-Hombre, que vivió, murió, resucitó, y ahora intercede por nosotros a la diestra del Padre (1 Co. 15: 3-4; Rom. 8:34). Jesucristo, el resplandor de la gloria de Dios, la imagen del Dios invisible, nuestro Pastor, Sacerdote, Rey, Profeta, Señor, Salvador, Redentor, Gobernante y Hermano (Heb. 1: 3; Col. 1.:15) ; Jn. 10:14; Heb. 10:21; Ap. 17:14; Hechos 3:22; Fil. 2:11; 1 Jn. 4:14; Gálatas 3:13; Ap. 3:14; Heb. . 2:12).

La música nos puede emocionar pero sólo Jesús puede salvarnos.

Samuel Rutherford lo expresó muy bien:

Pon la belleza de diez mil mil paraísos, como el Jardín del Edén, en uno. Pon todos los árboles, todas las flores, todos los olores, todos los colores, todos los gustos, todas las alegrías, toda la dulzura, toda la belleza, en uno. ¡Oh, qué cosa tan maravillosa justa y excelente sería!   Sin embargo esto es como una gota de lluvia para un inmenso mar o un río o para diez mil tierras secas en comparación nuestro hermoso querido amado Cristo

Lo más importante

Estoy agradecido de que mi hija haya podido desarrollar destrezas para cantar. Pero no puedo compararlo con ver cumplido en su vida lo que expresa  esta oración del Valle de la Visión:

 Haz que siempre pueda llorar en alabanza por la misericordia que encontré.  Que pueda contar a los demás mientras viva que tu eres un Dios que perdona los pecados, que lavas la mancha más profunda del blasfemo y del impuro.

Que Dios use nuestra música para dejar una huella profunda en los demás. Pero nunca pensemos el efecto que produce la música en nuestras vidas es un es un sustituto de ver la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo (2 Cor. 4: 6).

La música es excelente pero Jesús lo es más

 

¿Que te ha parecido este artículo?
Votos: 6, Promedio: 4.8

Te recomendamos

1
Deja tu comentario

avatar
1 Hilos de comentarios
0 Respuestas a los hilos
0 Seguidores
 
Comentario más relevante
Hilo de comentarios más activo
1 autores de los comentarios
Marta Rey Autores de comentarios recientes
  Suscríbete  
más nuevos más antiguos más votados
Notificado
Marta Rey
Invitado
Marta Rey

Muy bueno!!!!