Amargura en el jardín de nuestro corazón

Amargura en nuestro corazónEs imposible permanecer en este mundo sin que suframos injusticia o angustia. Una simple herida en nuestra alma puede crear una profunda amargura en nuestras almas que puede envenenar nuestras vidas. En mis cuarenta y seis años de ministerio, he conocido a demasiados cristianos que han perfeccionado el arte de lucir corteses pero interiormente  viven con un espíritu enojado, cínico o resentido. Se han tragado el veneno de la amargura y se están muriendo espiritualmente por eso. El problema es que como cristianos, sabemos que está mal demostrar nuestra ira abiertamente. Sin embargo, reprimimos nuestra ira en lugar de perdonar y entregar esa injusticia a Dios. La ira se produce por alguna injusticia vivida. La ira reprimida siempre se degrada en amargura, que en realidad es una venganza incumplida.

“Procura que nadie se quede sin la gracia de Dios; que ninguna raíz de amargura que brota causa problemas, y por eso muchos se contaminan “Hebreos 12:15

Gente amargada

Una persona amarga queda atrapada en una distorsión en el tiempo. Esa persona vive continuamente recordando su dolor. Hace varios años conocí a una mujer que pasó por un divorcio difícil. Durante 2 años estuve conversando con ella cada seis meses y cada vez que hablamos ella decía exactamente las mismas cosas negativas sobre su ex esposo. Estaba divorciada de él pero se había casado con la amargura que le mantenía cautiva en el dolor.

Una persona que vive continuamente amargada siempre culpa a los demás por su situación.  Noemí en el Libro de Rut culpaba a Dios por su amargura. Vivía enojada porque Él permitió cosas dificiles en su vida y por haber perdido a su familia.  «Me fui con las manos llenas, pero el Señor me ha hecho volver sin nada» (Rut 1:21). Ella culpaba a Dios diciendo: «la mano del Señor se ha levantado contra mí» (Rut 1:13).

La vida de Rut contrasta su vida con la Job. Job perdió a sus hijos y posesiones, pero se inclinó y adoró: «El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor!» (Job 1:21).

La profundidad de nuetra adoración a Dios depende mucho de cómo enfrentamos el dolor. Ante las circunstancias difíciles ¿sangramos por la amargura o adoramos? Job se puso en la presencia de Dios y se inclinó en adoración. Noemí se apartó y murmuró sobre el Señor sus espaldas. Tengo algunos amigos que han perdido su único hijo durante la adolescencia. En medio del dolor, se han convertido en verdaderos ejemplos de lo que es adorar. Con el pasar de los años, el dolor por el que han pasado se ha purificado pero la adoración se ha profundizado. Por el dolor se han vuelto más  compasivos cuando ven a otros sufriendo (2 Corintios 1: 3-4). También conozco a otros que han sufrido la pérdida repentina de un ser querido y en cuestión de semanas se apartaron de Dios y se amargaron. La adversidad no perfecciona el carácter más bien lo revela. La adversidad saca a flote lo que sucede dentro de nosotros.

Envenenado por la amargura en nuestro corazón

Hubo un tiempo en el que la humanidad quería conocer cuales plantas eran comestibles y cuáles eran venenosas.  Por la experiencia se descubrió que en términos generales si una planta o una fruta era dulce generalmente era seguro se podía comer.  Por el otro lado las plantas amargas nos podían causar enfermedades o incluso la muerto. Lo mismo ocurre con las experiencias amargas de la vida.  Si nuestro espíritu las digiere pueden convertirse en un veneno espiritual que destruye nuestras expectativas y nuestra esperanza. Esto puede ocurrir por alguna herida producto de nuestras relaciones interpersonales o por alguna injusticia contra nosotros.  También puede ocurrir cuando experimentamos una gran decepción o perdemos a un ser querido. Una vez que la amargura en nuestro corazón es como la tinta que se extiende en un vaso de agua, puede oscurecer cada aspecto de nuestra existencia.

La amargura no sólo puede arruinar nuestras vidas sino que como nos advierte la carta a los Hebreos puede “corromper a muchos” (Hebreos 12:15 NVI). Una raíz de amargura es una ira oculta y no resuelta que está enterrada en lo más profundo de nuestras vidas. Exteriormente nos parecemos a “verdaderos cristianos” hasta que alguien toca nuestra herida y estallamos.  Entonces nuesra ira brota y puede contaminar a otros. Si no has trabajado y sanado la causa que produce tu amargura, ten cuidado cuando hables con los demás ara que no los contamines con tus palabras. Si está escuchando a una persona amargada, ¡ten cuidado no vaya a ser que el espíritu de amargura se transfiera también a su vida!

Dios desea rescatarnos de la amargura para que podamos volver a amar y a vivir una vida plena. Por lo tanto, acerquémonos con sinceridad al trono de la gracia y pidamos a Dios que nos muestre el jardín de nuestros corazones y si hay alguna raíz de amargura busquemos ayuda para erradicarla.

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