Del escritorio de Julio Ruíz

Aristarco, un discípulo asombroso

Aristarco, asombroso discípulo del camino

¿Habías escuchado alguna vez hablar de Aristarco? Fue un gran discípulo en la iglesia primitiva, colaborador de Pablo muy estimado y de fe ejemplar.

Colosenses 4:10; Hechos 27:1-2

Siguiendo con la serie de mensajes, los “Discípulos de Integridad Comprobada”, hablaremos hoy de Aristarco, cuyo nombre significa “líder asombroso”, de allí el título del presente mensaje. Este discípulo nos va a demostrar por qué hace honor a su nombre. Aristarco es presentado como un hombre para todas las épocas; como el amigo del mal tiempo. En la antigüedad los carteros entregaban su correo, aunque el tiempo fuera de lluvia, nieve, aguanieve o granizo, nada les detendría. Ellos exponían sus vidas con tal de entregar la encomienda a tiempo. Esto puede aplicarse a la vida de Aristarco, el discípulo de Pablo.  

No hay un tiempo en el año donde no aparezca comunicando el evangelio. Su vida es un modelo de fidelidad en medio de la adversidad. Nadie como él para enfrentar las circunstancias, sin quejarse o abandonar el ministerio al que fue llamado. Fueron muchos los escenarios donde su vida estuvo en peligro, y en no pocos ocasiones hasta el punto de morir, sin importarle nada, con tal de acabar sus días junto con Pablo, llegando a ser su compañero de prisión.

Con Aristarco llegamos a entender el valor de fidelidad al estar más cerca con las personas amadas, y entregadas a la obra del Señor, especialmente como Pablo, los indispensables para la causa gloriosa del evangelio. Aristarco se menciona cinco veces en el Nuevo Testamento, y esto será suficiente para tener una idea de su asombroso carácter. Como su nombre significa «líder asombroso», será asombroso verlo como un extraordinario siervo al servicio de la obra del Señor.  Veamos cuándo aquel carácter fue puesto a prueba en la vida de este amado discípulo.

Cuando hubo una confusión reinante

Y la ciudad se llenó de confusión…

Hechos 19:29. No hubo un lugar visitado por Pablo y sus discípulos sin estos dos resultados: conversión de personas y un alboroto por parte de los enemigos del evangelio. Predicar en Éfeso era un presagio de una reacción con características imponderables. Y eso sucedió en ese lugar, cuna de la adoración de la gran diosa Diana. Literalmente estos hombres no solo le arruinaron el negocio a un tal Demetrio, con sus templecillos de su diosa, sino que lograron alcanzar a muchos para el evangelio, creando un gran tumulto donde todos ellos estuvieron a punto de ser linchados por los enardecidos hombres, quienes clamaron casi por dos horas, diciendo: “grande es Diana de los efesios” v. 28.

Y allí, en medio de semejante y peligrosa confusión está Aristarco, junto con un tal Gayo, secuestrados por la multitud. Pero Aristarco aprendió el valor de permanecer firme cuando más se nos demande. Y esto era muy notorio, pues el mismo Pablo ha estado siendo impedido por sus amigos a no salir por el peligro de muerte presentado. Es en una prueba donde se pone de manifiesto cuán grande es nuestra fidelidad. Huir en medio de una adversidad habla mal de un discípulo auténtico.

Un veredicto confirmado por un pagano

Hechos 19:37. Nadie podía calmar aquella multitud desenfrenada. El fanatismo religioso tiene consecuencias impredecibles. Los adoradores de ídolos terminan haciendo lo mismo. La euforia colectiva es su característica y esto sucedió en aquel momento. Pero la presencia de un hombre equilibrado calmó los ánimos caldeados, pues cualquier cosa podía suceder. El escribano se dio cuenta de dos cosas en esos hombres: primero, no estaban profanando, ni blasfemando contra su virgen, y segundo, eran hombres mansos y fieles hasta arriesgar sus vidas por la predicación del evangelio.

La valentía de estar en un lugar donde pueden ser linchados por una turba fanatizada es digna de ser considerada. Aquellos hombres no eran una amenaza. No habían dado muestra de ser agitadores de oficio, sino leales a su fe. Y aunque ciertamente estaban allí frente a una confrontación acerca de quién era Dios, su mayor pasión fue la evangelización de los efesios, haciéndoles ver su error en adorar un ídolo hecho por los hombres, en lugar de Dios, quien hizo los cielos y la tierra.

Y es allí, en medio de semejante prueba, donde la fidelidad se impone contra todo aquello donde no está presente la verdadera fe.  

Cuando hay una responsabilidad planteada

Siguiendo al compañero

Hechos 11:27-29; 20:4. Una gran hambre azotó la región de Judea durante el tiempo del emperador Claudio, anunciada por un profeta llamado Agabo. Tal hambruna hizo a Pablo activarse en una recolección de una gran ofrenda, para ayudar en tal crisis. Aquello nunca se había hecho. La suma, por ser muy grande, requirió de un grupo muy particular de hombres de distintos trasfondos culturales, debidamente representados, para asegurar una transparente administración.

Y entre esos hombres, Aristarco formó parte de aquel primer “comité de finanzas” de la obra misionera. La confianza en Aristarco permitió a Pablo ponerlo en un equipo demandante, debido a la gran responsabilidad de llevar tanto dinero para una causa tan noble. Llevar semejante encargo pudo hacer pensar a Aristarco de un grave peligro al ser parte del equipo misionero de Pablo.

 El mismo Espíritu Santo le había advertido de un inminente peligro, sin embargo, para este discípulo el deber estaba por encima de los riesgos y de lo que podía pasar al acompañar a Pablo con la ofrenda para los pobres de Jerusalén. La responsabilidad debe ser la nota distintiva de un discípulo. Ella nos aprueba o nos desaprueba como parte del deber.   

Más allá de su posición privilegiada

La mayoría de los comentaristas coinciden en señalar a Aristarco como parte de una familia pudiente; su nombre viene de aristocracia. Esto se ha pensado porque había un Aristarco de Tesalónica, como parte de una lista de aristócratas. Si así fue, él sería uno de los más ricos e importantes de Tesalónica. Este detalle hará de este discípulo una vida aún mucho más interesante.

 Por un lado, porque al andar con Pablo seguramente renunció a esa posición de privilegio de riqueza, y de comodidad, para vivir otra de austeridad de entrega y de total fidelidad.  Este hombre ya sabía de Jesús cuando habló de pagar el precio del discipulado; esto fue lo que dijo: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26).

Y Aristarco siguió fielmente la demanda de un verdadero discípulo. Seguir fielmente al maestro es la virtud de un discípulo, y nadie encarnó mejor esto como Aristarco.  Este discípulo hizo todo lo contrario al joven rico, quien cuando vino a Cristo, calculó el costo de seguirle por la demanda ante sus riquezas; al hacer eso, se perdió para siempre.  

Cuando llega la tormenta

Estando con nosotros Aristarco, macedonio de Tesalónica

Hechos 27:2.  Aristarco llegó con Pablo a Jerusalén llevando la ofrenda para los santos, pero como ya se le había profetizado Pablo sabía del gran peligro al llegar a la ciudad de Jerusalén. Acompañar a Pablo a cualquier lugar era exponerse al más repentino peligro. Lucas habla de esta experiencia vivida por Aristarco. Y para añadir más interés a esta historia, con una gran tormenta incluida, el capítulo solo nombra a Aristarco, considerando que había otros compañeros de la nave que viajaba a Roma.

Bien se puede preguntar uno ¿por qué Aristarco no se quedó en Jerusalén? ¿No había cumplido acaso con el propósito de llevar la ofrenda? ¿Por qué seguir acompañando a Pablo en medio de tanto peligro y con una sentencia de muerte encima?  Sin embargo, es aquí donde vemos la fidelidad de esos discípulos que están detrás de la escena.  Con Aristarco pasó lo mismo que Rut y Nohemí, quien en vista de las calamidades pasadas en Moab, su suegra le había dicho para regresar a la casa de sus padres. Y es aquí donde seguimos viendo el carácter asombroso de este discípulo, fiel hasta el final, porque él también diría “tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios”.

Atravesando la tormenta

Hechos 27:22-24. Cuando Pablo apeló al César, y con ello este viaje accidentado, estaba iniciando la historia de una tormenta perfecta. En efecto, Pablo sabía de la gran pérdida de todos los bienes de la nave.  Muchas cosas pasaron en esa travesía. Un gran viento llamado “Eurociclón” golpeó severamente la embarcación. Un total   de 266 personas iban en el barco, y entre ellos estaba Aristarco. Pero si alguien sabía quién les guiaría durante toda esa tormenta era Aristarco, porque él conocía a Pablo, pero, sobre todo, sabía quién era Cristo.

Es verdad que los presos estaban en manos del centurión, pero la autoridad de Pablo, y la seguridad en su Dios, le hacía pensar en la salvación de todos, aunque la tormenta arreciaba. Y en efecto, ninguno de ellos pereció. El barco finalmente ancló; el mar lo abrió, y la orden fue dada para tomar partes del mismo barco, hasta llegar a la orilla, y en una de esas tablas o nadando, iba Aristarco, salvándose, y con ello su prestigio al lado de su amado apóstol Pablo. Aristarco encarna el valor de la estabilidad pesar de la tormenta. El discípulo como Aristarco logrará al final sus propósitos; siempre navegará con seguridad aun cuando arrecie la tormenta.

Cuando el amigo está preso

Después de esta accidentada travesía llegaron finalmente a Roma. Todos se salvaron de acuerdo con lo profetizado por Pablo. Ahora Pablo está en Roma, pero como un ciudadano preso. Llegó a Roma con una iglesia compuesta por soldados y presos convertidos. Ahora Pablo necesitará de mucha ayuda, pero allí está Aristarco. En la carta a los Colosenses, Pablo menciona en su saludo a su discípulo Aristarco, compañero de prisiones (Colosenses 4: 10ª).

Aristarco pudo haberse quedado en Jerusalén o regresar a su casa, pero está con Pablo. Él no había hecho nada, pues era Pablo quien seguía con su visión de llegar a Roma, y Aristarco no se separa. La definición hecha por Pablo respecto a este discípulo es “mi compañero de prisiones”. Pablo no estaba en un hotel; no llegó a Roma como un hombre libre. Él fue llevado allí como un prisionero de guerra, pues eso es lo que traduce el término “compañero de prisiones”.

 ¿Estaría usted dispuesto a acompañar a alguien a la cárcel no habiendo hecho nada? Es más, ¿estaría usted dispuesto a que le cortaran la cabeza por estar al lado de alguien solo por fidelidad? Puesto esto pasó con Aristarco.  Una tradición también dice que él fue decapitado por Nerón. He aquí el testimonio de un discípulo asombroso. Un discípulo se define por su fidelidad. ¿Qué tan fiel realmente somos?

Aristarco, un discípulo asombroso

 La fidelidad de Aristarco lo llevó a morir por el evangelio. No es muy común ese tipo de fidelidad en este tiempo. No somos tan fieles cuando las cosas están normales, menos cuando viene la tempestad. ¿Sabe usted lo que significa ser fiel al Señor hasta la muerte de acuerdo con lo exigido a los hermanos de Esmirna en Apocalipsis 2:10?

 El ejemplo de Policarpo nos enseña esto. Era un anciano de casi 100 años, discípulo de Juan el apóstol, quien fue condenado a morir en la hoguera por no negar a Cristo, y porque no adoró al César.  Cuando hicieron la hoguera donde moriría se le permitió decir sus palabras finales, y esto fue su confesión: “Ochenta y seis años le he servido a Él, y Él nunca me ha hecho daño: ¿cómo, entonces, yo podré blasfemar a mi Rey y Salvador?”. Al hablar ante el procónsul romano quien lo había sentenciado, le dijo: “Tu me amenazas con fuego que quema por una hora, y luego al poco tiempo se extingue, pero eres ignorante del fuego del juicio por venir, y del castigo eterno, reservado para los impíos”.

 Entonces lo desafió, preguntándole: “¿Pero porqué te retrasas? Trae lo que desees, enciende el fuego”, y siguió su oración: “Señor Dios soberano te doy gracias, porque me has tenido por digno de este momento, para que, junto a tus mártires, yo pueda tener parte en la copa de Cristo. Por ello te bendigo y te glorifico. Amén”. Se dice que encendieron la hoguera y él no se quemaba, entonces los soldados arremetieron contra él y lo clavaron a la estada donde estaba atado. Hay una demanda por esta fidelidad en este tiempo. ¿Qué tal es la nuestra? 

Julio Ruiz

Venezolano. Licenciado en Teología. Fue tres veces presidente de la Convención Bautista en Venezuela y fue profesor del Seminario Teológico Bautista de Venezuela. Ha pastoreado diversas iglesias en Venezuela, Canadá y Estados Unidos.

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