Víctor Cuadra

Carnaval

Sólo falta por saber…
cuando se usa la máscara….
si antes o después

Tengo que reconocerlo, todavía no entiendo la razón por la cual la Semana Santa siempre debe coincidir con una hermosa luna llena… confío, en mi ignorancia, que tal tradición no pase de ser un arreglo escenográfico, acordado en occidente, a “muy alto nivel”… y nada más.

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Sin embargo, debo agregar que tampoco entiendo el proceder de quienes articulan en nuestro calendario, la siguiente secuencia de celebraciones: carnaval, miércoles de ceniza, resto de la cuaresma y final de la Semana Santa.

¿Por qué comienzan los cuarenta y seis días de cuaresma al día siguiente de terminar el carnaval ?. ¿Qué lógica sustenta semejante asociación…? Alguna relación entre el evidente relajo de las fiestas carnestolendas y la ceniza del connotado “miércoles” ?.

De niño crecí en un pequeño pueblo y vivencié la apasionada observancia que la gente prestaba a este paquete. Pueblito al fin, se las tomaba ciertas fiestas religiosas bien en serio y sus pocas calles eran el escenario tanto para los frenéticos bailes de “las negritas” como para las enlutadas procesiones, pasando por las ventas de pescado y la alborotada quema de Judas.

Ya ahora, y aceptando que existen algunas variantes, creo que los eventos centrales de esta cadena, siguen enlazados porque se necesitan el uno al otro y, se necesitan, en ese estricto orden. La cadena puede comenzar en Febrero o en Marzo. Lo que no variará es la secuencia: Carnaval primero, Cuaresma después. Aquí, existe un vínculo de peso histórico pero, desgraciadamente, de crítico basamento teológico.

Al analizar el sentido de las celebraciones a las que me refiero, resulta obvio que estamos frente a un itinerario que va de lo instintivo a los místico, del balde agua al cirio encendido, de la erótica samba al doloroso “via-crucis”, del conveniente antifaz a la palma “protectora”, del grotesco rey Momo al Cristo resurrecto… de lo casi animal a lo casi celestial.

No ilustraremos a nadie al afirmar que el Carnaval ha escrito una indigna, relajada y vergonzosa página en la cultura occidental, que se ha prolongado a través de los siglos y que aun hoy día mantiene un presente de muy cuestionable contenido moral.

Rastrear su huella no es nada difícil. La senda nos puede llevar hasta la época decadente del imperio romano pero tal vez baste con quedarnos un poco más cerca, en la penumbra medioeval… Allí veremos al pueblo entregado por varios días a un desenfreno orgiástico, antes de entrar al período de regulaciones y ayunos que imponía la Iglesia Católica oficial… Se trataba pues de una bacanal colectiva que se planificaba (a manera de despedida) porque de inmediato vendría la Cuaresma con sus restricciones preparatorias para la celebración de la pasión y resurrección de Cristo !.

En el año 1.091, el Concilio de Benavento instituyó el “Miércoles de Ceniza” como día de contrición que daba por concluído el tiempo de libertinaje, otorgando el perdón y dando comienzo a la “urgente purificación”. Depravación y consagración, Carnaval y Cuaresma, estaban pues fríamente programados en la vida popular y, por adecuación, en la “agenda oficial” de la Iglesia Oficial.

El asunto no ha cambiado gran cosa mil años después. La rutina cotidiana nos muestra cómo, en nuestro medio, predomina un estilo de vida social que es “pagano” en la práctica y que se adereza con días y eventos “santos” para anestesiar conciencias y satisfacer costumbres religiosas. A Dios se le dejaba y se le sigue dejando en el templo, en el “sagrario”, donde no se torne incómodo para el quehacer y el deshacer de la calle.

Afirmo pues que: nuestro pueblo marcha al tambor de una religiosidad que, en la práctica, está divorciada del trabajo, de la distracción, de la política, del estudio, de la economía, de “la noticia”, de las leyes y hasta de las relaciones interpersonales. Creo firmemente que las mayorías populares continúan, hoy día, ejerciendo su fe de acuerdo a “celebraciones de calendario”… En otras palabras, se trata de una feligresía que vive la mayor parte del tiempo como le da la gana y que, de manera espaciada , “marca” fechas supuestamente “santas”…

Carnaval y Cuaresma van así pues, de la mano, y con la ceniza de por medio. Pienso que esta tradición ha permitido que el pueblo se asigne a sí mismo una temporada de licencia, en función de que siente garantizada la inmediata indulgencia. Se trata pues, de un triste proceder que abusa concientemente de la Gracia de Dios, expresada en Su perdón.

La teología cristiana, fundamentada en la escritura bíblica, exige a los hijos de Dios una vida de obediencia continua al Señor, en todo tiempo, en todo lugar y en toda actividad. Una vida donde el binomio “pecado-perdón” no sea programado para burlar y abusar de la Gracia de nuestro Padre Celestial.

Las tradiciones religiosas son solo eso: tradiciones. Y como tal, pueden y deben ser objeto de revisiones que analicen tanto su trasfondo doctrinal como su traducción y consecuencias en el comportamiento social. El hecho de que sean antiguas, no garantiza que sean buenas o que deban preservarse. Más aún, en el caso que nos ocupa… Una cruz de ceniza trazada en la frente, acompañada de una voz que (literalmente) pareciera recitar en el desierto: “Arrepentíos y creed al Evangelio” (Mr. 1: 15), no pasa de ser una burla programada a la dispensación de la Gracia de Dios.

Así las cosas, esta combinación “oficial” de Carnaval con Cuaresma fomenta y alcahuetea un dualismo ético que corroe el centro mismo del Evangelio… La Palabra de Dios nos recuerda que, todo aquel que dice que cree en el Señor Jesús, “debe andar como El anduvo” (1ª. Juan 2: 6)… sin sujetarse a tiempos o espacios. En el discipulado cristiano no hay pues lugar para una ética de almanaque o una moralidad de calendario.

Según La Palabra de Dios, el cristiano debe vivir de acuerdo a su identidad como hijo de Dios… Alguien que ha “nacido de nuevo” por el Espíritu Santo… su comportamiento no puede pues depender de fechas, escenarios, tradiciones, conveniencias, festividades, sincretismos o “lunas”… El discípulo de Jesucristo está llamado a vivir sin cambios ni disfraces de identidad… es decir, ha de vivir, sin mascaradas.

 

 


Nota: Este estudio es brindado por entrecristianos.com y su autor para la edificación del Cuerpo de Cristo. Siéntase a entera libertad de utilizar lo que crea que pueda edificar a otros con el debido reconocimiento al origen y el autor.
 

 

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