Devolviendo bien por mal

 

(1 Samuel 24:1-7, 17; 1 Pedro 3:8, 9)

INTRODUCCIÓN: Marcos 11:25 nos presenta un texto que pudiera estar siendo  ignorado  al momento de  orar. Así nos dice: “Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas”. ¿Por qué decimos que es ignorado? Porque quien al orar no perdona, la “bestia del rencor” le ha conquistado y él mismo no podrá ser perdonado por Dios. ¿Sabía usted  que  cuando perdono quedo libre de mi propia condición de pecado? ¿En cuántas de mis oraciones hay perdón hacia mi hermano? La garantía  que mis oraciones son contestadas es que yo mismo perdone a mis deudores sus ofensas. El rey Saúl le había hecho mucho daño a David hasta querer matarlo en no pocas ocasiones. David era un diestro guerrero y las oportunidades que tuvo en sus manos para acabar con la persecución de Saúl fueron únicas. Bien pudo él esgrimir unas de sus mejores armas y haber acabado con aquella pesadilla persecutoria. Pero la venganza por la cual optó David fue la del perdón.  Cuando tuvo la oportunidad de destruirlo, y con ello la satisfacción de su alma, dice el texto: Después de esto se turbó el corazón de David, porque había cortado la orilla del manto de Saúl” v.3. Si David hizo esto con su enemigo, ¿puede pensar usted que un hijo de Dios actúe diferente con aquel que es su hermano en la fe?  El punto es que debemos hacer el bien, aun con aquellos que nos hacen mal. El auténtico cristiano no deja que el sol se ponga sobre su enojo para perdonar (Ef. 4:26). Nuestro modelo de perdón es Jesucristo (1 Pe. 2:23).  ¿Cómo actúa el ministerio del perdón en la vida de un creyente?

 

  1. EL PERDÓN PREFIERE CORTAR UNA PARTE  DEL VESTIDO QUE LA CABEZA DEL PERSEGUIDOR (v. 4)

 

David le había hecho bien a Saúl todo el tiempo que estuvo con él. Lo primero que le trajo fue la enorme cabeza de Goliat de quien el rey Saúl y todo su ejército temían. Sin embargo, Saúl no lo había dado su recompensa, pues le había prometido a su hija Milca y no había cumplido con su palabra. Saúl era atacado por un espíritu malo y lo único que lo calmaba era la música que David tocaba para ahuyentar esa mala influencia, sin embargo en varias ocasiones Saúl quiso clavar a David contra la pared. David peleaba las batallas de Saúl y en todas ellas salía victorioso, sin embargo Saúl no reconocía sus méritos, sino que iba creciendo en envidia. David llegó a tener la más hermosa amistad con Jonatán, sin embargo Saúl se la prohibió. Lo último que hizo Saúl fue perseguir a David como si fuera un perro o una pulga (v. 14). Y justo cuando David tuvo la oportunidad para vengarse de su enemigo, en lugar de cortarle la cabeza, le cortó un pedazo del vestido, pero aún esto hizo turbar el corazón de David (v. 5). ¿Por qué esto? Porque el perdón tiene como finalidad preservar la integridad de los demás, aunque lo que merezcan sea nuestro desprecio.  Ningún tipo de venganza logra curar un corazón ofendido. El perdón hace amontonar “ascuas de fuego” sobre la cabeza del ofensor (Ro. 12:20). La traducción de este texto es que si esto hacemos, el ofensor se avergonzará de su conducta. Porque el perdón es la “venganza de los hombres buenos”. ¿Curará el perdón las heridas hechas?

 

  1. EL PERDÓN  REPRIME LOS DESEOS DE  VENGANZA PARA MANTENER UNA CONCIENCIA LIMPIA (v. 7)

 

La vida cristiana de acuerdo al estándar de Jesucristo pareciera ser toda una paradoja. Los judíos amaban a quienes les amaban, pero aborrecían a quienes les odiaban. Jesús les dijo a sus discípulos que amaran a sus enemigos; que si alguno le diera en una mejilla que le pusiera también la otra; que si alguien le obligara a ir una milla con una carga, que la llevara dos; que si su enemigo tuviera hambre, que le diera de comer. La enseñanza de Jesús tocante a la verdadera vida cristiana dio al traste con la forma cómo los maestros de su tiempo habían concebido la vida. Así que David, muchos años antes que Jesús enseñara el “Sermón del Monte”, ya había puesto en práctica lo que él dejó como su más profundo legado. Una cosa que hace inmediatamente el perdón es que reprime los deseos de venganza. David contaba con hombres extremadamente diestros para la batalla. Saúl había entrado en la cueva de los “leones”. Todos, desde David para abajo estaban enfurecidos porque el rey Saúl era el culpable de sus desgracias. Sin embargo, David prohibió hacerle daño al enemigo. La palabra “reprimió” por extraño que parezca es “despedazó”. Curiosamente es la misma palabra que aparece en Isaías 53:5 donde dice: “Fue herido por nuestras transgresiones”. Su significado es: “taladrado, desgarrado, hecho pedazos”. El perdón tiene la misión de hacer pedazos aquellas intenciones del corazón que guardan rencor, enojo, rabia. Los soldados acá representan a los malos consejeros y a las falsas revelaciones. Hay situaciones en la vida donde quisiéramos escuchar algo diferente en lugar de perdonar a otros. No es fácil reprimir un deseo de venganza. Solo un hijo de Dios tomará siempre la ruta del perdón. Jesús perdonó a sus enemigos desde la misma cruz.

 

III.  EL PERDÓN CONFRONTA AL OFENSOR EN SU PROPIO TERRENO PARA COMPROBAR LA INOCENSIA DEL OFENDIDO v. 8, 9

 

Este pasaje es excepcional en la Biblia. A David se le puso la cabeza de Saúl como en “bandeja de plata”. El lugar era muy oscuro, era una cueva. El hombre estaba indefenso. Acuérdese que el rey entró solo a ese lugar. Pero David esperó que su enemigo saliera a la luz para confrontarlo. Note que David no le invitó a un duelo. No le planteó la posibilidad de una lucha cuerpo a cuerpo con sus soldados y los del rey. Simplemente vino a su ofensor para hablar con él en su propio terreno. El tipo de conversación que se dará a continuación jamás ha sucedido en la historia de alguna guerra. Por cuando se estaba cometiendo una injusticia, era necesario arreglar esto cara a cara. Pero la mejor manera de combatir una injuria es diciendo la verdad. Creo que David, al hablar al rey, le dijo algo así: “Rey Saúl, lo que estás escuchando de mí es mentira y es un chisme. Tienes malos consejeros en tu equipo. ¿Por qué mantienes esa actitud contra mí?”. Acto seguido David le dijo al rey que tuvo una excelente oportunidad de matarlo, por cuando el mismo Dios se lo había presentado así (vv. 10, 11); sin embargo prefirió ir a su encuentro para darle su perdón. David sabía que corría un riesgo al hacer esto. Pero, ¿no es esto  lo que hace el perdón? Hay personas que guardan enormes rencores y lo último que harían sería ir al terreno del ofensor para pedirles perdón. Eso es normal en el mundo inconverso. Pero esta actitud no es tolerable en la vida cristiana. David es un modelo a imitar a la hora de arreglar nuestras diferencias. Por cuando él ya se había enfrentado al gigante Goliat, ahora no tiene temor de enfrentar a un enemigo inferior, pero no con las piedras ni la honda, sino con las palabras de verdad, de bondad y de justicia. El perdón busca dejar en libertad al alma que ha quedado presa. Cuando perdonamos de corazón nos ganamos a quienes nos han hecho daño.

 

IV.  EL PERDÓN HACE QUE EL ORGULLO SE QUEBRANTE FRENTE A LA HUMILDAD DEL QUE LO PIDE v. 16

 

Proverbios nos dice que “la blanda respuesta quita la ira: Mas la palabra áspera hace subir el furor.” Prov.15:1. Saúl no solo era un hombre envidioso y vengativo, sino también con un mal genio. Dios lo rechazó porque esto era lo que había en su corazón. Su corazón era perverso, mientras que David era un hombre conforme al corazón de Dios. Note las palabras que David usa para dirigirse a Saúl. Además de reconocerlo varias veces como el “ungido de Dios”, le dice: “¡Mi señor el rey!” (v. 8). También lo llamó “padre mío” (v. 11). No le dijo: “Miserable, estúpido, desgraciado, necio…”. Pero no solamente le llamó así, sino que “inclinó su rostro a tierra, e hizo reverencia”. Amados hermanos, quién que encontrando a su enemigo con la amargura de su alma lo va a llamar de esta manera y hasta le va a rendir honores. Esto solo lo puede hacer alguien a quien Dios ha encontrado conforme a su corazón. Pero cuando esto se hace, el orgullo se quebranta. No sabemos si Saúl había llorado antes, pero en este pasaje David lo puso a llorar. Ahora el hombre soberbio, orgulloso, vengativo e iracundo, está quebrantado. Las palabras que taladran el alma no son las que se dicen golpeando, sino las que se dicen llorando. Mucho tiempo atrás ya David había cumplido las palabras del Padre nuestro: “perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Esta es la esencia del perdón.

 

  1. EL PERDÓN IMPIDE LA JUSTICIA PERSONAL ABRIENDOLE LAS PUERTAS A LA VENGANZA DIVINA v. 18

 

¿Quién podía decir que David no tenía razón para tomar la justicia por sus propias manos? Saúl le había hecho mucho daño. Él era el causante de su amargura. El salmo 142 refleja aquel estado de su alma. Y si a esto le añadimos que para ese momento David cargaba la espada de Goliat con la que le cortó la cabeza, bien pudo pensar que la cabeza de Saúl era más pequeña, por lo tanto no le daría mucho problema haber dejado más corto de estatura al rey perseguidor. Pero no hizo esto. Ya David conocía Deuteronomio 32:35 que dice: “Mía es la venganza y la retribución…”. Así que David en lugar de tomar la espada de Goliat para matar a su enemigo, tomó la “espada del Espíritu” y con ella abrió la puerta a la venganza divina. Es notable cómo él hizo referencia a la actuación de Dios como juez frente a la injusticia del hombre (vv. 6, 10, 12). Se ha dicho que el odio es el sentimiento más destructivo de nuestras vidas. Tanto así que es comparado como el cáncer del alma. Una ofensa no curada afecta a la persona en su condición física, emocional y espiritual. Algunos científicos han descubierto que ciertas artritis son el resultado del odio y de resentimientos crónicos. Y para su asombro, muchos de los pacientes se curaron cuando vencieron sus sentimientos hostiles. Pero en el caso de un creyente genuino, él no dejará que un sentimiento de rabia y amargura permanezca en su corazón, sino que traeré delante del Señor su causa. Vale decir en esta parte, que el mejor refugio para el ofendido es ir al mejor Juez de todos, Dios. Su juicio es transparente e imparcial. No ha perdido un caso.

 

 

VI.  EL PERDÓN PAGA CON BIEN FRENTE AQUELLOS QUE NOS ENDEUDARON CON EL MAL v. 17, 18; 20-22

Este pasaje pone al descubierto el corazón del rey David. Él, además de conocer la “regla de oro” de la que Jesús hablaría después, entre las que incluía el amor por sus enemigos, citó un proverbio que lo había hecho suyo con el que no le dio tregua a la maldad en su corazón, al decir: “De los impíos saldrá impiedad; así que mi mano no será contra ti” (v. 13). El carácter de David era extremadamente noble. Saúl tuvo que ponderar la clase de vida cristiana de David, cuando dijo: “… ¿Quién hallará a su enemigo, y lo dejará ir sano y salvo?” (v. 19). Una de las cosas que hace el perdón es sacar del ofensor la calificación de la bondad hacia aquel que ha ofendido. Previo a esta pregunta Saúl tuvo que hacer justicia a la magnanimidad de David, cuando al ser confrontado con su obstinada actitud, dijo: “Más justo eres tú que yo, que me has pagado con bien, habiéndote yo pagado con mal. Tú has mostrado hoy que has hecho conmigo bien; pues no me has dado muerte, habiéndome entregado Jehová en tu mano” (vv. 17, 18). El perdón paga con bien a aquellos que nos endeudan con el mal. La mejor forma de acatar al que nos ha hecho mal es utilizando la “venganza del perdón”. Pague con bien al que le ha hecho mal.

CONCLUSIÓN: Alguien ha dicho que “perdonar es no hacerle pagar a la persona el castigo que se merece.”. Esto fue exactamente lo que David hizo con el rey Saúl. El hombre que más le había hecho daño, y por medio de quien ha estado huyendo lo consigue, y en lugar de matarlo, lo honra y lo confronta con la espada del amor y de la verdad. ¿Cuáles son las consecuencias de no perdonar? La persona que no perdona no es feliz ni tiene una paz auténtica. Todo lo que hace, para el caso del cristiano, es hipocresía. Pedro le preguntó al Señor si debía perdonar hasta siete veces al hermano que pecara contra él. La respuesta del Señor de hacerlo hasta setenta veces siete, es el punto de referencia a la hora de perdonar (Mt. 18:23-35). Luego Jesús puso el ejemplo de los siervos deudores para que Pedro entendiera lo ilimitado del perdón. A quien debía “diez mil talentos” (una cantidad impagable), su señor le perdonó todo, porque le pidió misericordia. Pero al consiervo, a quien este le debía “cien denarios” (una cantidad muy poca), no le perdonó sino que lo mandó a la cárcel. ¿Qué piensan ustedes que hizo el amo?  Les entregó a los verdugos hasta que pagara todo. El versículo 35 es la aplicación de la parábola y la advertencia más seria para el creyente.  David perdonó a Saúl varias veces. ¿Ha perdonado usted así?

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