En el día del conflicto

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en el día del conflicto

El salmo 20 es un salmo que debemos recordar en el día del conflicto. En el vemos pautas que nos pueden ayudar a enfrentar esas horas o días cuando somos visitados por alguna prueba.  El salmo nos habla de cuando Israel se preparaba para la guerra. De hecho era un canto nacional que alentaba a su rey para ir a la batalla.

Este salmo es considerado como un himno nacional para Israel, cantado al momento de iniciar una guerra, cuando el monarca se ciñe la espada para el combate. El salmo contiene estas estrofas: El canto del pueblo al Rey antes de salir a Batalla (1-5), el reconocimiento del Rey antes de salir a la batalla (1-5) y el reconocimiento del Rey de que Dios es quien Salva (6-9). Así que este es un salmo dedicado a la guerra, donde David era su abanderado, y en no pocas ocasiones fue afligido en ellas.

Por otro lado, este salmo nos plantea una visión profética, porque si bien es cierto que hay batallas peleadas por el rey David, el salmo nos revela a uno mayor que él, eso es, Jesús, el Hijo de David, que enfrentó su propia batalla en el Getsemaní. Así que en medio de todo esto, aquí tenemos una oración ofrecida de manera a Jesús que enfrentaría más adelante la cruz, donde pelearía la gran batalla en contra del pecado, la muerte y el poder de Satanás. En el estudio de este salmo nos encontramos con el corazón de un guerrero afligido, trayéndonos enseñanzas para cuando llegue “el día del conflicto”. ¿Sabe usted cuándo es ese día? ¿Ha sido visitado por ese día? Pues debemos estar preparados porque entre las cosas que el Señor nos dijo fue que “en el mundo tendréis aflicción”.

El creyente está consciente que en cualquier momento puede ser sacudido por alguna fuerte tempestad, por una fuerte prueba o una gran tribulación. Todo esto nos habla de una guerra a la que estamos sometidos. Los conflictos tienen muchas características y en toda batalla hay muchos enemigos. De allí que lo más importante será saber quién está conmigo en el conflicto, cuál es la ayuda oportuna que recibo y dónde están las promesas con las que cuento en el conflicto. Veámosla en ese orden.

Debes saber que no estás solo en tu conflicto

Jehová te oiga en el día de la angustia

(Salmo 20:1). Qué gran consuelo tenemos los hijos de Dios al oír esta declaración. No se trata de una imagen a la que estamos implorando o ante una persona a quien le estoy pidiendo un favor. Se trata del gran Yo soy de Israel. De la más grande revelación que se conozca acerca de la Deidad. Qué privilegio es saber que nosotros, mortales criaturas sujetas a todo tipo de padecimientos, contemos con esta presencia. Al final el salmista dice: Que el Rey nos oiga en el día que lo invoquemos. Que todos sepamos, este título de la Deidad es lo que él es su naturaleza.

De manera que acá tenemos una gran confianza pues sé que no estoy solo mientras paso cualquier valle de sombra y de muerte. Que hay alguien que conoce mi vida, mi camino y mis angustias. Además el gran Yo soy de la eternidad puede inclinar su oído para escuchar mi clamor en el día de mi angustia. Que, si bien es cierto que pueda estar en la batalla, el viene a mí como poderoso gigante, como Jehová de los ejércitos, para sostenerme de modo que pueda salir victorioso de la prueba. Me basta, pues, saber que Jehová está conmigo en mi batalla. Así sabré que jamás seré derrotado.

Defendido por el Dios de Jacob

(Salmo 20:1b) . Este texto sigue siendo muy revelador. Aunque este salmo es un himno de batalla para Israel, su aplicación es para cada hijo de Dios. En un solo versículo nos encontramos con un almacén de provisiones y de cuidados para cuando llegue el día de conflicto. “El nombre del Dios de Jacob” tiene una historia de poder, de socorro y de victoria. La frase “el nombre del Dios…” aparece también en los vv. 5 y 7. El nombre significa lo que Dios es en sus atributos. El hecho de mencionar a Jacob conlleva toda una historia de cuidado y dirección de cómo Dios mostró su misericordia a uno de los dos gemelos.

Una de las cosas que sorprende al ver la conexión de Dios con este patriarca es cuando la Biblia dice: “A Jacob amé, pero a Esaú aborrecí” (Ro. 9:13). Jacob no fue un fiel creyente, pero Dios conocía que de él vendría el pueblo Israel. Desde entonces Israel conoció que quien peleaba sus batallas era Dios, el Elohim del Génesis. El pueblo siempre puede esperar ataques del enemigo, pero es Dios quien le defiende. Es consolador saber quién está conmigo en mi conflicto. Solo un creyente cuenta con el Dios de Jacob en todo momento.

 

Debes saber que hay una ayuda para tu conflicto

La ayuda que viene del santuario

(Salmo 20:2). Si de algo estaba seguro el salmista era de la ayuda que vendría de Dios en el día de su angustia. Él sabía de la ayuda especial de Dios, pero ahora especifica el lugar de donde procede: “Te envié ayuda desde el santuario…”. Y en esto hay algo especial. El santuario es una grata imagen del lugar en el que nos encontramos con Dios. Para Israel lo era el templo, allí donde iban todos para enderezar sus pensamientos, de manera que hubiera corrección y dirección en ellos.

Aquel era el lugar donde se encontraban con Dios y allí escuchaban su palabra. El “santuario” acá es una referencia al cielo mismo donde están las despensas con las provisiones para nuestra ayuda. Hay mucha gente que está en calamidad que esperan la ayuda de otros países. Las tragedias naturales a las que es sometido nuestro mundo, es un ejemplo de ello. El conocer que la ayuda proviene del santuario es una seguridad para todos los que enfrentan su día de conflicto. Saber que la ayuda viene de allí, es estar seguros de que no seremos olvidados y a la vez que será oportuna. Hay ayudas que vienen a destiempo, la divina no se hace esperar.

La ayuda que viene de Sion

(Salmo 20:2b). ¿Por qué el salmista habla del santuario y de Sion? ¿No es lo mismo? La verdad es que no son sinónimos. Otra vez, la idea de santuario es una referencia al cielo mismo de donde viene la ayuda, pero cuando habla de Sion se refería al centro de adoración donde los habitantes se congregan para pedir al Dios que está en el santuario. La idea es que lo que mueve la mano de Dios siempre estará ligado a la adoración que el pueblo hace en la tierra.

El salmo no lo dice específicamente, pero es de suponer que, del rey para abajo, incluyendo a los sacerdotes y al pueblo, buscaban al Señor para prepararse para la guerra. Cuando pensamos en esto llegamos a la conclusión que nada le hace más bien a nuestra vida que, frente al día del conflicto, la ayuda provenga de “Sion”. Aquí podemos comparar a “Sion” con la iglesia donde los hermanos interceden los unos por los otros, de manera que la carga que llevamos en el día del conflicto se haga menos pesada. Nada es más poderoso que un ejército de intercesores delante de Dios. Clamemos por esta ayuda siempre.

 

Debes saber de la fuerza de tus enemigos en el conflicto

Ellos tienen una confianza en la fuerza natural

(Salmo 20:7). Este texto es un contraste en lo que es confiar en la fuerza humana y confiar en el poder de Dios. Muchas naciones han puesto su confianza en su armamento militar. La manera como se equipan y hasta se enorgullecen de su poderío tiene como propósito intimidar a los que pretendan combatir con ellos. Pero al final, la confianza en al armamento humano depende del poder de lo que esto hace, porque está sujeto a un poder mayor que ellos.

En el ámbito espiritual, los enemigos con los que peleamos son poderosos, esa es la ilustración de los carros y los caballos de guerra, pero son hombres los que los conducen, sin embargo, cuando comparamos el poderío del enemigo frente al Todopoderoso Dios, habrá siempre una desventaja entre confiar en el hombre y confianza en el Señor. Una de las cosas que sabe el creyente es que toda su fuerza no viene de los hombres, sino de la fe y seguridad que tenemos en el nombre del Señor. En el día del conflicto nada es más alentador que saber de dónde viene nuestro socorro. Nuestros enemigos confían en sus caballos y en sus carros, pero nosotros confiamos en el brazo del Señor.

Ellos flaquean y caen…

(Salmo 20:8). El salmista seguramente tiene la imagen de la guerra misma. Él sabe que en una batalla los hombres flaquean y son derribados, eso es la naturaleza de la batalla. Cuando nuestra confianza está puesta en los hombres, al final nos damos cuenta de que hay decepción, que los hombres fallan, que las riquezas se acaban, que la fama es efímera, que los placeres de este mundo son temporales.

Bien pudieran los enemigos ensañarse contra nosotros, pero este texto nos revela que llega el día cuando ellos “flaquean y caen”. En el “día del conflicto” el enemigo podrá gozarse y burlarse de nosotros, pero es allí donde nuestra confianza en Dios se agiganta de modo que podamos decir también: “Mas nosotros nos levantamos, y estamos en pie”. Esto solo lo puede decir alguien que sabe de dónde vienen sus fuerzas. En la dura batalla a la que nos enfrentamos ahora surge esta promesa alentadora. Una palabra parecida a esta dice: “Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse…” (Pr. 24:16). En el día del conflicto no nos quedaremos en el piso, derrumbados, apesadumbrados, deprimidos… Nacimos para estar en pie porque somos hijos de Dios.

Debes saber que hay una salida para tu conflicto

1. Mira la manera como Dios responde

(Salmo 20:3-4). Por un lado, él conoce tu corazón generoso y hace memoria de tus actos de consagración. “Podemos saber que Dios acepta nuestros sacrificios espirituales si, por su Espíritu, enciende un santo fuego de piedad y amor a Dios en nuestra alma” (Matthew Henry, Comentario de la Biblia Matthew Henry en un tomo (Miami: Editorial Unilit, 2003), 395). La memoria del hombre es olvidadiza, pero la de Dios no sufre de amnesia.

Lo único que él olvida es el pecado que lanza en el fondo del mar. Los hombres que sufren siempre han sido hombres piadosos. Se nos dice que no había un hombre que igualara a Job en su vida recta delante de Dios, pero nadie sufrió tanto como él por amor a Dios. Al final Dios tomó en cuenta su consagración, y su tormenta pasó, con lo que glorificó al Señor. Por otro lado, Dios sopesa los deseos de nuestros corazones sean buenos o sean malos. Los malos deseos no pueden estar en su presencia, pero los buenos tienen su premiación. Dios no solo se agrada de tus buenos deseos, sino que los motiva y te da las fuerzas para que se cumplan. Las palabras “cumplir” y “conceder” se distinguen en estos versículos.

2. Mira la seguridad de su salvación

(Salmo 20:5, 6). Una cosa es pelear en la incertidumbre sin saber que va a pasar, pero otra muy distinta es pelear con la seguridad que habrá una victoria. En las batallas del Señor no hay incertidumbre. El creyente tiene la seguridad que su Dios le dará su salvación, por lo tanto, hay cosas que hace. Por un lado, se goza al saber que su Dios no lo dejó solo en el combate y que ahora puede levantar “pendón”; eso es, levantar la bandera por el triunfo alcanzando. Pero, además, le da el crédito a su Dios porque él mismo le concedió su petición de liberación.

Mis hermanos cuando nos acostumbramos a ver las victorias del Señor no temeremos cuando llegue el día del conflicto. Es cierto que el enemigo tiene victorias temporales, muchas de ellas vistas en las pruebas a las que no le vemos salidas, angustias para las que no encontramos medicinas y en algunos casos tempestades para las que no llega la paz, pero su confianza radica en que él “oirá desde sus santos cielos con la potencia salvadora de su diestra” v. 6. El creyente sabe que al final de su prueba Dios corona su alma, derrotando a sus enemigos. Hay salvación en medio de nuestro conflicto.

 

En el día del conflicto

El salmista nos ha hablado que hay un día del conflicto. Que somos visitados por una guerra espiritual que tiene el propósito de probar nuestra fe. Pero hay cuatro cosas que debes saber cuando llegue ese día. Por un lado, debes reconocer que no estás solo. Escucha estas alentadoras palabras: “Jehová te oiga en el día del conflicto…”.

Si Él me oye, no importa quien no me atiende. Además, en el día del conflicto debes saber que cuentas con una oportuna ayuda que viene del santuario. Esto significa que no te quedarás desamparado en el conflicto. También debes saber que tus enemigos serán derrotados. Es alentador confirmar que al final nuestros enemigos “flaquean y caen”, pero el hijo de Dios permanece firme. Y, sobre todo, debes saber que mientras más fuerte arrecie tu batalla, el Señor te ha prometido salvación porque te dice: “Ahora conozco que Jehová salva a su ungido…”. Y la prueba final que el Señor te sacará de tu conflicto es que él te dará conforme al deseo de su corazón y te concederá todas tus peticiones. Levántese mi amado hermano. Usted y yo nacimos para estar de pie. Que nada nos derrote. Amén.

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