El justo florecerá como la palmera

florecer como la palmeraEl creyente nació para florecer como la palmera. Nació para ser longevo en el ámbito espiritual y permanecer firme y sólido en medio de los tiempos. Nació para ser distinto.


Salmo 92:12-14

Hace unos veinte años atrás prediqué un sermón acerca de este extraordinario símil de la Biblia. Mientras estuve en mi país Venezuela, y mirando una hermosa palmera en la casa de mi hermano, y coincidiendo con unas notas de este sermón predicado que me las recordara un viejo predicador venezolano (Ramón Alzuru), sentí volver a traer este mensaje en un nuevo contexto, pero manteniendo la esencia del significado y las aplicaciones que se desprenden de esta extraordinaria comparación para el creyente de hoy. De manera, pues, que aquí les comparto a todos ustedes este sermón con el presente título: El Justo Florecerá como la Palmera. Y lo primero que vino a mi mente fue por qué el Señor no dijo: “El justo florecerá como la manzana, el durazno, el aguacate o la naranja”. Bueno, la verdad es que el Señor que creó esta planta supo del porqué el creyente debe florecer como la palmera. El creyente nació para florecer. Nació para ser longevo en el ámbito espiritual y permanecer firme y sólido en medio de los tiempos. Nació urge en la vida para ser distinto. Pero, sobre todo, nació para dar muchos frutos. Así que nos hará muy bien estudiar esta comparación bíblica a la luz del deseo de Dios. Descubramos hoy la gran simbología y las grandes enseñas que se esconden detrás de este símil. Veamos las distintas razones por las que Dios nos trae a la memoria este salmo. ¿Qué significa florecer como la palmera?

 

Florecer como la palmera es ser distinto a los demás

En los países tropicales donde mayormente crece esta planta, nadie puede distinguir en la distancia a los demás árboles como pasa con la palmera. Bien puede el viajero recrear su vista y ver los árboles por un largo rato sin notar la diferencia, pero si en medio de esa vista panorámica aparece una solitaria palmera, pronto notará su diferencia. Sabrá que ella es diferente en sus hojas largas, su tallo esbelto y sus frutos. La palmera es símbolo de hermosura donde crece y como crece. Cuando afirmamos que el creyente debe florecer como la palmera, estamos destacando una de sus más distintivas características. En cuanto a sus hojas, el creyente debe ser una sombra para los que viven la inclemencia de un mundo que los asedia con su fatiga y su cansancio. Debe mantenerse como un tallo recto, erguido frente a todos los demás. Su distinción no es sinónimo de orgullo o arrogancia, más bien es la característica de su santidad por la clase de vida que representa. El creyente debe ser distinto en medio de los demás “arboles” de este mundo. Su conducta, palabras y acciones lo deben “delatar” como un auténtico creyente. La credibilidad de mi testimonio ante los demás es el evangelio posible. Es lo que los hombres califican o descalifican. ¿Somos distintos?

 

Florecer como la palmera es tener profundidad

Lo que caracteriza las raíces de palmera es que son delgadas y alargadas y llegan a medir entre 2 y 6 metros de largo. Y por ser considera una planta en lugar de un árbol, algunas de sus raíces pueden agarrarse sobre la superficie de manera que eso la hace más fuerte contra los vientos. Eso hace que esta planta sea única en su profundidad. Lo que es notorio de sus raíces es que siempre van buscando la humedad y van escarbando hasta encontrar el agua que le dará el sustento a su tallo. De esta manera, sus raíces les permiten una gran altura, capaz de soportar grandes vientos y enormes tempestades. Podrán moverse de un lado para otro, pero permanecen intactas, resistentes por sus mismas raíces. Esto nos indica que de igual manera el creyente debe profundizar buscando el alimento, el agua de la palabra. El asunto es que nada es más vulnerable al ataque del enemigo que un cristiano sin raíces. En esto debemos saber que las raíces del creyente son sus firmes convicciones. No iremos muy lejos si no tenemos raíces profundas. Que no seamos superficiales mis amados.

 

Florecer como la palmera es crecer siempre

Crecer en todas partes

No importa donde esté colocada, la palmera siempre va a crecer. No es tan delicada como algunas plantas que necesitan de un buen ambiente y una buena fertilización para crecer y lucir bellas. Esta planta tiene la particularidad de crecer en terrenos arenosos, en ambientes inhóspitos como es el caso de los desiertos. Mientras más templadas sean las temperaturas, la palmera siempre crece. Esto es interesante. Cuando Dios hizo esta planta y la comparó al creyente nos estaba enseñando la importancia del crecimiento espiritual a pesar de las circunstancias desfavorables. Se conoce por la experiencia de muchos creyentes que su más notable crecimiento ha sido cuando han estado en las más difíciles circunstancias. Nacimos para crecer en todo momento y en todo terreno.

Crecer sin aceptar injertos

Cuando hablamos de la palmera nos sorprende el hecho que ella no puede ser unida a otros árboles. Hasta ahora no se ha logrado este milagro. Eso significa que ella tiene vida en si mismo. No hay manera de hacer un hibrido de esta planta. Ella rechaza en su cuerpo la presencia de otra cosa que no sea lo que ella misma es y produce. ¿No es acaso esto interesante? El cristiano también posee una naturaleza que no admite un “injerto”. Él debe crecer sin las mezclas que ofrece esta vida. Si se va a distinguir tiene que crecer como es, distinto a los demás. La Biblia nos dice en 2 Corintios 6:14-18 que no debemos “injertanos” con un yugo desigual por nuestra propia naturaleza. Esto se llama crecer sin mezclas, crecer sin ataduras a nuestro lado. Cuando el creyente se une en cualquier yugo desigual con el incrédulo, pronto descubre la incompatibilidad de dos naturalezas.

Crecer cuidando el corazón

Una de las características sorprendentes de la palmera es dónde tiene su corazón. Su corazón es blanco y está arriba, en lo alto. Desde allí salen las hojas. ¿Ha notado que las hojas de las palmeras no están en la mitad o abajo? Así, pues, sus flores y sus frutos están bien arriba donde no pueden ser atacados. Así que una de las primeras cosas que debemos decir es que esta planta morirá de todo menos de un “infarto” al corazón. Una de las cosas que nos pide siempre la palabra es que el corazón sea guardado más que todas las cosas. Si el corazón es afectado, el crecimiento se paraliza. De modo, pues, que aprendemos que el corazón del creyente debe estar siempre arriba, lejos de todos los ataques; pero a su vez que debe estar en una posición que beneficie el resto de su cuerpo. Un corazón sano produce un creyente sano, robusto y saludable. ¿Dónde tiene su corazón?

 

Florecer como la palmera es dar fruto siempre

Se ha dicho que la palmera puede producir hasta 360 productos, más que los derivados del petroleo. Esto la hace única en su tipo. Ya a los 4 años está produciendo y puede llegar facilmente hastas los 200 años dando frutos. Y lo que sorprende de esta planta es que sus mejores frutos se dan en su vejez. Se dice que cuando esta planta llega a los ochenta años, su fruto es mucho más dulce y apetecible. No pasa lo mismo con otras plantas porque cuando van envejeciendo sus frutos son más pequeños, engurrullados y pierden el sabor. Mattew Henry lo dijo así: “Los últimos días de los santos son, a veces, sus mejores días y su última obra, la mejor; la perseverancia es prueba cierta de sinceridad” (Comentario de la Biblia Matthew Henry en un tomo (Miami: Editorial Unilit, 2003), 446). ¿Por qué es tan importante esta característica? ¿Por qué la palmera no deja de dar frustos? Cuando uno lee el capítulo 15 de Juan pronto descubre el desafío de Jesús respecto al asunto de dar frutos. Lo crucial del texto y las palabras más duras son cuando Jesús dijo: “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto”(Jn. 15:2). Me pregunto a la luz de esto ¿estoy dando frutos siempre? ¿Estaré agradando a Dios porque en todo adorno mi vida cristiana llevando frutos? Si el justo florece como la palmera es porque lleva fruto, si no no es justo. ¿Quiere ser como la palmera? ¡Pues de frutos!

 

Florecer como la palmera es símbolo de victoria

En el contexto cristiano, las palmeras son recordadas en el llamado “Domingo de Ramos”. De esta manera, la palmera ha llegado a ser una simbología que representa el triunfo en la defensa de la fe. Se conoce por la historia de muchos mártires a quienes se les representaba con una rama de palmera como signo de su triunfo contra la muerte. Son muchos los países que han hecho de la palmera su símbolo de victoria, progreso y belleza, de modo que no es extraño que en lo que refiere a nuestra fe cristiana, la palmera ocupe un lugar de preponderancia. La entrada triunfal de Jesús por las calles de Jerusalén estuvo alfombrada por las palmas de los que cantaban “Hosanna al que viene en el nombre del Señor” (Mt. 21:9). Jesús no rechazó los vítores y las alabanzas que vinieron de su pueblo; aquella era su entrada triunfal, aunque en ese triunfo estaba su muerte. Pero el simbolismo final de victoria que nos ofrece la palmera es cuando Juan tuvo la visión celestial y en ella miró “… una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero”(Apc. 7:9,10).

 

En la Casa de Dios

Este texto también habla del árbol de cedro a quien el salmista relaciona con la vida del creyente y lo menciona en la casa del Señor: “Plantados en la casa de Jehová”, como para decirnos que el real crecimiento del creyente no puede estar fuera de la casa del Señor. Que su vida florece, da sus frutos y se mantiene sólida para ser bendición de otros. Spurgeon comentó esto, diciendo: “El hijo de Dios florece como una palmera que empuja toda su potencia hacia arriba, en una columna erecta sin una sola rama. Es un pilar con un glorioso capitel. No crece hacia la derecha ni hacia la izquierda, sino que envía toda su fuerza hacia el cielo, y da su fruto tan cerca del cielo como sea posible. Señor, cumple este tipo en mí. Amén” (Tomado de la Chequera del Banco de la Fe).

 

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