Hagamos siempre el bien

Hagamos siempre el bienEste es un mensaje para motivarnos a seguir adelante en la obra del Señor y para que hagamos siempre el bien a todos. Su enfasis es que el creyente ha sido llamado para labrar la dicha ajena, sean creyentes o no.  El proposito de Pablo en el pasaje de Galatas 6 es ayudarnos a entender la importancia de la siembra que estamos haciendo. Que no nos cansemos de hacer el bien, que a su tiempo cosecharemos si no desmayamos.

Gálatas 6:6-10

En esta vida es natural y hasta explicable el cansancio. Usted se va a la cama porque está cansado, esto tiene que ver con el cansancio físico. Pero también nos cansamos emocional y hasta espiritualmente. A veces nos cansamos de tolerar a una persona. ¿No es cierto que el mal carácter de algunos nos cansa? ¿Se ha cansado estar dando siempre y no recibir?

Seguramente que sí. Sin embargo, la Biblia nos dice que hay algo de lo que no debemos cansarnos; eso es, de hacer el bien. La Biblia nos exhorta a no abandonar esta tarea porque nos sentimos cansados. Así que hacer el bien es un mandato de parte de Dios. Es una tarea para cada creyente. Es cierto que la maldad de muchos pareciera cerrar nuestros deseos de obrar bien y de labrar la dicha ajena, pero el mandato del presente texto es que no nos cansemos de hacer el bien. El llamado es para que cuidemos nuestro corazón de modo que no se cierre o se enfríe por la maldad de los otros. La presente pandemia está poniendo a prueba el verdadero corazón del cristiano.

Pudiera revelar una actitud egoísta de “sálvense quien pueda” para proteger lo mío, o será esta la gran oportunidad para sacar lo mejor de nosotros y pensar que otros estarán en peores condiciones que la mía. Dios nos de las fuerzas para no cansarnos de hacer el bien. Ahora bien, cómo podemos hacer realidad el mandamiento de hacer bien a todos. De qué manera no nos cansaremos de hacer el bien.

 

Sobrellevando los unos las cargas de los otros

El contexto de este imperativo bíblico

Gálatas 6:2. No es extraño que Pablo ponga este versículo inmediatamente después de haber tratado el asunto de la restauración de algún hermano que ha caído en una falta. La manera cómo él hace de “terapeuta cristiano” en el asunto de tratar la culpa de quien ha cometido una falta, nos da una visión no solo de compasión por quien esto padece, sino que nos lleva a considerarnos a nosotros mismos por cuanto podemos pasar por la misma experiencia. Así que es en ese contexto que Pablo nos habla de la importancia de llevar las cargas los unos a los otros.

El imperativo de hacer el bien nos pone en una posición de humildad, pero también nos evalúa si somos los suficientemente espirituales para tratar una situación de este tipo. La idea del texto es que nos demos apoyo mutuo. He aquí un verdadero desafío para considerar cuánto nos necesitamos los unos a los otros. Por supuesto que no tenemos que esperar que alguien caiga en algún pecado para ayudarlo. Cualquier hermano que ande apartado o desanimado frente a lo que le está pasando diariamente, es una buena razón para que llevemos las cargas los unos a los otros.

La razón de este imperativo bíblico

Gálatas 6:2b. La razón que Pablo nos da inmediatamente es que al hacer esto estamos cumpliendo “la ley de Cristo”. Como Pablo es un abanderado en explicar lo que fue y lo que hizo la ley de Moisés, ahora nos revela que hay una nueva ley que se suscribe especialmente cuando se trata de este asunto de hacer bien a los demás.

¿Por qué Pablo nos dijo que el fin de la ley es Cristo? ¿En qué se diferencia la ley de Cristo con la de Moisés? Uno de los textos que vino a mi mente mientras estudiaba en esto fue cuando Jesús dijo: “Venid a mi todos los que estéis trabajados y cargados que yo os haré descansar” (Mt. 11:28, 29), y al seguir leyendo, Cristo nos sorprende cuando dice que “mi yugo es fácil y ligera mi carga” v. 30.

El yugo de los fariseos quienes habían hecho una mala interpretación de la ley era pesado. Pero además el yugo de la ley misma, porque ella demandaba que quien fallara en una tilde, ya era condenado por ella misma. Así que la ley de Cristo es una bendición porque es escrita en el corazón bajo el espíritu de la gracia. La ley de Cristo es la de la libertad. Ahora somos libres para sobrellevar las cargas los unos de los otros.

 

Sembrando en el terreno que dará mejores frutos

Dios no puede ser burlado

Gálatas 6:7. Pablo introduce un pensamiento que al momento pudiera ser visto como fuera del contexto del tema que está tratando, pero no es así. “No os engañéis” es una advertencia para aquellos que pretenden vivir un estilo de vida sin compromisos, sin entrega y sin preocupación por hacer el bien. El que no hace el bien terminará haciendo el mal.

Así que el presente texto es una respuesta a aquellos que en lugar de hacer lo arriba mencionado, obran egoístamente y buscan solo sus propios beneficios. ¿Quién es aquel que pretende burlarse de Dios? Por un lado, están aquellos que piensan que tienen una vida piadosa pero su corazón dice otra cosa. Es la persona que se vanagloria con su religión.

Ningún hombre que se vanagloria logrará burlarse de Dios. Y la razón es porque la Biblia dice que Dios sabe todas las cosas del hombre, las que piensa y las que hace (Sal. 139:16; Heb. 4:13). El creyente es alguien en quien mora el Espíritu Santo. Ese ha sido el tema dominante del capítulo cinco, por lo tanto, nadie que viva el fruto del Espíritu se engañará así mismo y pretenderá burlarse de Dios en este asunto de hacer el bien.

Lo que se siembras eso cosecharás

Gálatas 6:7b, 8. Nadie puede sembrar mangos esperando cosechar manzanas. Somos el resultado de la siembra que hacemos. El asunto de la siembra en la vida del creyente posee una de las lecciones más grandes que determinan la vida que llevaremos. Esto es así, primeramente, porque hay dos campos donde el creyente hace su siembra: el terreno de la carne y el terreno del Espíritu.

La siembra de la carne genera corrupción, mientras que la siembra del Espíritu cosecha la vida eterna. Es algo así como la siembra en el camino y la siembra en buena tierra. Por otro lado, el principio de la siembra sigue su curso. Pablo habla a los Corintios de la importancia de la siembra. Su resumen de este principio lo presenta así: “El que siembra escasamente, escasamente segará y el que siembra generosamente, generosamente segará (2 Cor. 9:6)”. El sembrar para el Espíritu, y el sembrar generosamente, es la real siembra del bien.

Esta siembra nos libra del egoísmo y nos sumerge en el gozo del dar. Hay creyentes que siembran escasamente y después se quejan de Dios. Que no nos cansemos de hacer el bien, esa es la mejor siembra que hacemos.

 

Manteniendo un inquebrentable espíritu bondadoso

Con todos los de afuera

Gálatas 6:10. Esta expresión pareciera ser extraña cuando lo que vemos es una tendencia continua de hacer el mal. Me llama la atención que previo al diluvio, la frase que dominó aquel escenario, y por lo que vino después la destrucción de la humanidad era esta: Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal (Gn. 6:5). Pero hacer el bien es una orden bíblica. Esto no es una opción.

La primera oración que elevamos al Señor después de adorarlo y glorificarlo debiera ir en esta dirección. Mi oración no puede ser siempre que Dios me haga bien, sino a quién puedo yo hacerle bien. El sabio Salomón nos dice: “No niegues el bien a quien se le debe, cuando esté en tu mano el hacerlo” (Pr. 3:27). Y nuestro Señor Jesucristo nos dice que hagamos el bien, incluyendo a nuestros enemigos (Lc. 6:35).

Interesante que cuando él alimentó a los cinco mil, seguramente había buenos y malos, y no le negó el pan al hambriento. El no hacer el bien pareciera lo más fácil, pero hacerlo es una de las características del fruto del Espíritu.

Con todos los de adentro

Gálatas 6:10. Este texto nos habla de un orden de prioridad. La familia de Dios tiene que ver con la iglesia donde me reúno. Son ellos los que deben ser objeto de mi consideración, misericordia y benevolencia. Esto es el mismo principio que opera para la familia. Debo primero proveer para mi familia; ellos son mis amados y esperan de mi cuidado y protección.

De la iglesia primitiva se decía que no tenían ningún necesitado. El interés de todos era suplir las necesidades de cada uno. El amor cristiano tiene esta característica. Feliz la iglesia que se preocupa por su gente. Nada hace a la iglesia más cerca del corazón de Dios que esto. Es significativo en el texto las palabras “según tengamos la oportunidad”.

Esto quiere decir que no siempre tendremos una oportunidad de hacer el bien. Las oportunidades para hacer el mal son las que más abundan. Pero el cristiano es alguien que busca o crea la oportunidad de hacer el bien. Un cristiano egoísta, que solo vive para sus intereses, que no incluye a alguien para hacerle bien en especial a sus hermanos, ha perdido el rumbo de su fe y es peor que un incrédulo (1 Tim. 5:8). Aprendamos de Jesús que vivió siempre para otros.

 

Sabiendo que al final el Señor recompensa su obra

La importancia de la espera

Gálatas 6:9b. La cosecha tiene su tiempo. Es cierto que hay cosechas que las “apuran”, pero nunca los resultados son iguales. La auténtica cosecha requiere del tiempo exacto. Por supuesto que esto demanda nuestra más absoluta paciencia. El principio de la espera de este texto tiene que ver con las promesas divinas. El asunto más grande de nuestro amado Dios es el cumplimiento de sus promesas.

Este texto lo confirma. Mis amados, el tiempo que gastemos trabajando en la iglesia y proclamando el reino Dios tiene su recompensa. El tiempo que invertimos en ayudar a otros, en esmerarnos por acercarnos y visitar al necesitado, vale la pena; llegará el tiempo de la recompensa. Me gusta pensar que Dios nunca se adelanta o se atrasa; siempre actúa justo a tiempo y cumple su palabra en lo que se refiere a nuestro bien. Necesitamos desarrollar en el asunto de hacer el bien la paciencia de Dios.

Necesitamos ser enseñados que no es cuando yo quiero que pasen las cosas, sino cuando llegue el cumplimiento del tiempo. En esto es bueno recordar la promesa de Hebreos 6:10. Dios no es injusto para olvidar nuestra obra de amor.

La importancia de no desmayar

Gálatas 6:9c. El texto nos dice que los resultados finales del planteamiento de Pablo tienen una condición: si no desmayamos. Una de las cosas que está muy latente en el asunto de hacer el bien es la presencia del desánimo. La tendencia es a desmayar, sobre todo cuando no vemos los resultados que esperamos en los demás. ¿No es cierto que nos cansamos de batallar y al final terminamos colgando la toalla y dejando todo atrás?

A veces llegamos a la conclusión y decimos: Estoy cansado de servir y no ver resultados. Estoy cansado de tener que soportar a mi hermano que piensa que es el único que necesita de ayuda. Nos cansamos de batallar en un matrimonio que no funciona. Los padres se cansan de los hijos y los hijos de los padres. Usted se cansa de tener un jefe que le trata mal y no valora su trabajo.

En fin, nos cansamos y a veces no seguimos. Pero el texto lo que me dice es que no me canse de hacer el bien porque al final habrá una recompensa. Juan Wesley dijo una vez: el cristiano está llamado a hacer todo el bien que pueda, a todas las personas que pueda, de todas las maneras que pueda, todo el tiempo que pueda.

 

Hagamos el bien

Uno de los textos que más impacta mi vida lo dijo Pablo a los Corintios en el capítulo donde defiende su ministerio frente a los falsos apóstoles. Esto fue lo que dijo: Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos (2 Cor. 12:15).

Hacer bien sin cansarse es sentir un gran placer, de igual manera lo será gastar nuestros propios recursos, gastarnos a nosotros mismos y estar preparado para que al final de todo tenga que decir como Pablo, aunque amándoos más, sea amado menos. Pero que bueno es saber, como bien lo sabía Pablo, que al hacer el bien es el mejor sacrificio que elevamos hacia el cielo.

El asunto es que si aún haciendo el bien no veo, soy decepcionado, debo creer en la promesa y la bendición de Hebreos 13:16. Por lo tanto, no nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Base bíblica: Gálatas 6: 9,10. El rey David no se cansó de hacerle bien a su rival Saúl, aunque este lo buscó hasta el final para matarlo. Él dejó que la justicia de Dios se encargara de todo y al final establecido como el más grande rey que ha tenido Israel. Hacer el bien nos hace bien. Por favor no desmayemos hasta el final.

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