Iglesia, historia y poder

 

“No les toca a ustedes saber en qué tiempo o en qué ocasión
 hará el Padre las cosas que solamente El tiene potestad para hacer !.”

 Jesucristo (resucitado).
 
 Quizás en nuestro tiempo, más que nunca, el hombre en general busca el poder para forjar el contenido y el curso de los acontecimientos que se generan día a día y que, a fin de cuentas, son los que, en sumatoria, configuran la historia.
 
 La fórmula siempre ha sido atractiva: el poder ofrece un protagonismo con factible control de los hechos inmediatos.
 
 Dicha asociación “poder / historia” está evidentemente asistida por la lógica mas no está revestida de infalibilidad. Se hace necesario precisar una serie de elementos y variantes relacionadas con los diferentes tipos de poder y su relación con el complejo laboratorio sociológico.

De todas formas, con estos primeros años de este nuevo siglo, pareciera haberse avivado un tanto la flama y comenzamos a presenciar cómo se generan algunas expectativas al respecto.

Obviamente, no existe ningún extraño poder esperando por nosotros con este recién estrenado milenio. Sin embargo, en el fondo, la esperanza se está haciendo descansar sobre el manejo de las variables macroeconómicas, sobre el dominio del poder político, sobre el acceso al conocimiento científico y sobre el despertar a un nuevo tipo de “espiritualidad universal”.

Falta saber si estos factores serán capaces de cambiar la condición humana, evitar la opresión de las estructuras sociales y dotar de trascendencia al devenir histórico.

En estas breves consideraciones, me estaré refiriendo principalmente al elemento “historia” y al “poder político”. A este último, le reconozco su bien ganado derecho de antigüedad y la manera como el hombre lo utiliza en su afán de ser más, de manejar a otros y de darle determinado curso al tiempo que le toca vivir.

Ahora bien, el binomio planteado no funciona con la regularidad de las leyes matemáticas… Cuando se trata de historia y poder, las cosas no son así de simples… Es imperativo que advirtamos sobre un fenómeno de frecuente observación: la historia misma nos demuestra, con ejemplos grandes y menores, cómo los hombres suelen ser arrastrados por las fuerzas sociales que creían controlar. Pensaban administrarlas en el tiempo como si fueran piezas de un especial ajedrez pero, en el desarrollo de los acontecimientos, siempre surgen los llamados “agentes libres”… se trata de esos “detalles” imprevistos, casi anecdóticos unos, que aparecen en escena cuando no se les espera, que provocan giros repentinos y que pueden desencadenar situaciones adversas que dan jaque mate a los magnates del poder. Como planteara Reinhold Niebuhr, al describir lo que él llamara el principio de la ironía: “cuando los hombres tratan de manejar la historia, ésta casi siempre termina tomando otra dirección.”

Por otra parte, no negamos que las estructuras sociales contribuyen en varias maneras al propósito “creativo” de Dios y a evitar el caos pero, seamos objetivos, en muchas ocasiones y formas, estas estructuras de poder tienden a esclavizar a los hombres, a ilusionarlos con lo transitorio y aún a alejarlos de su Padre Celestial.

Como bien lo expresara el teólogo protestante John Yoder, el asunto es complejo: “Si no hubieran existido sobre el hombre estructuras políticas, religiosas, económicas, sociales y culturales, no podría haber habido sociedad ni historia. Pero, igualmente, no es posible concebir cómo el hombre, una vez sujeto a estos poderes, puede volver a ser libre.”

A riesgo de parecer simplista, creo que lo que subestiman la mayoría de los historiadores y analistas políticos es la devaluación esencial, moral y ética del hombre concreto. Ignorar este factor, puede ser un error fatal.

La Biblia nos enseña a los cristianos que el hombre y su cultura experimentaron, desde muy al comienzo, una caída original y universal… Y, la esfera del poder político, no fue precisamente una excepción !… Como consecuencia de esa realidad histórica, la humanidad sigue persiguiendo utopías y se deja embelezar con los cantos de sirena de sus líderes de turno.

En consecuencia, al analizar la historia del hombre, a nivel universal, nacional o parroquial, los cristianos tenemos que tomar en cuenta la gran influencia que sobre él han ejercido y ejercen, los poderes maleados que le han dominado.

Esas estructuras de poder, afectadas severamente por el pecado, han ilusionado al hombre persuadiéndolo para buscar en ellas la dirección definitiva, la felicidad definitiva y la solución definitiva para sus problemas y sus crisis.

De lo antedicho que, para los que hablan de salvación del hombre (y los cristianos lo hacemos) o para los que prometen una sociedad de probidad y de solidaridad en el futuro inmediato (y muchos demagogos políticos lo están haciendo), vaya esta impopular afirmación: Si la redención histórica del hombre ha de ser radical, ésta no se logrará venerando poderes, hombres, proyectos, sistemas y estructuras sino, por el contrario, deberá ser cuestionada la evidente soberbia, la magia ilusoria y los intentos de control absoluto de tales poderes !.

Siendo discípulos del Señor Jesús, es muy importante que prestemos atención a cómo el ejercicio del poder político se presentó, en varias ocasiones, tentando al Hijo de Dios, nuestro Señor, mientras duró Su pasantía terrenal. Tal vez de Su manera de relacionarse con los poderes de Su tiempo, deberíamos esperar alguna lección, al menos, de corte actitudinal…

Yoder hace un estudio detallado del tema en su libro “Jesús y la Política”. Sus conclusiones son en sobre manera elocuentes… Una cuidadosa revisión de la documentación bíblica, al respecto, nos muestra cómo el Señor Jesucristo fue literalmente tentado por Satanás de manera concreta y factible, para que utilizara la fuerza del poder, a fin de resolver situaciones de crisis… Las narraciones en los evangelios nos dejan constancia de cómo El Señor desestimó, voluntariamente, tal opción y cómo en cambio, “no estimando el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse”, (Fil. 2: 6,7.) escogió servir sin dominar y, en una aparente debilidad, permitió ser violentado por “los gobernantes de este mundo”. .(1ª. Cor. 2: 8.).

De allí que, el teólogo menonita, nos formule una incisiva pregunta: ¿Tiene la conducta socio-política del Señor Jesús, algún valor normativo, ético o ejemplar para Su iglesia hoy día ?… o es que, en este campo, El Maestro no tiene para nosotros nada que enseñarnos…?.

En esta misma línea, pudiéramos revisar la relación que se dio entre los profetas de Dios y el poder político en tiempos vetero-testamentarios y luego, continuar con una lectura de lo que aconteció con esa relación, entre la iglesia apostólica y los poderes constituidos, hasta casi finalizados los primeros tres siglos… el enfrentamiento fue casi siempre el común denominador. Por la senda del contraste, sería muy sano que tengamos bien presente, el deterioro que experimentó la identidad eclesial cuando, como institución, pasó luego en la historia a compartir los palacios de gobierno.
 
 El Cordero de Dios se lo había aclarado al representante imperial en su debido momento: “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18: 36.)… El choque de ambos órdenes no es una cuestión de “suerte” ni se circunscribe a ciertos momentos infelices. Es una cuestión de esencia y tiene que ver con el innegable conflicto histórico del bien y el mal.
 

 


 Nota: Este estudio es brindado por entrecristianos.com y su autor para la edificación del Cuerpo de Cristo. Siéntase a entera libertad de utilizar lo que crea que pueda edificar a otros con el debido reconocimiento al origen y el autor.

 

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