¿Y dónde está la cruz de los discípulos?

Actualmente tenemos una versión tan distinta del cristianismo original fundado por Cristo en el primer siglo. En nuestra versión  aseguramos la esperanza en la vida eterna, pero hacemos poco para cambiar la actual vida. En muchas oportunidades nos enojamos y nos frustramos y pasamos tantas situaciones tan parecidas a quienes no conocen a Cristo y esto es terrible.

Sí, nos maravillamos de lo que obtuvo Cristo en Calvario, pero nos alejamos muchas veces cuando sabemos lo que El desea de nosotros. Queremos sus bendiciones, pero no la base del cristianismo. Hemos diluido el propósito del cristianismo, a tal punto que Su poder para transformarnos se ha diluido tambien. En consecuencia nuestro liderazgo cae en errores, los matrimonios fracasan y el evangelio sólo se reduce a un curso de ética y moral que inclusive podemos aceptar o no para nuestras vidas porque al final sabes que Dios nos perdona de todos formas.

Es tan maravilloso saber que somos perdonados, que el Hijo del Dios fue enviado para asegurar nuestro perdón; pero la meta final de su Sacrificio es asegurar nuestra completa transformación. El perdón es solamente la primera etapa de la transformación.

Cuando Pablo escribe acerca de conocer “el poder de la resurrección [ de Cristo ]” de alguna manero lo une a “el poder de su muerte” (Fil 3:10). Unirse a la muerte de Cristo es el propósito de la cruz de Criso; es el inicio del poder de Su Resurreción.

Es hora que redescubramos el cristianismo del primer siglo y la energía que viene ocasaiona llevar la cruz de Cristo.

¿Por qué no oímos muchos mensajes sobre la cruz de los discípulos? Se oye mucho de la sanidad, y sabemos como llevar a la gente a los pies del Señor en una forma muy sencilla. Incluso hemos adoptado y nos hemos adaptado en nuestra terminología cristiana de la de la psicología moderna — sabemos cuándo algo necesita terapia o los problemas asociados a “familias disfuncionales.”

¿Pero cuándo hablaremos a profundidad del poder la cruz de Cristo? ¿Cuándo redescubriremos el poder de la vida en la cruz?

No es que el símbolo de la cruz está ausente de nuestra cultura; en algunas iglesias inclusive lo tenemos en un pedestal. Aparece tambien en algunas cubiertas de la biblia y en algunos libros cristianos. Se incorpora como emblema en logotipos de algunos ministerios y en insignias de fundaciones caritativas, hospitales en los cementerios e incluso forma parte de joyas usadas tanto por cristianos como no cristianos.

¿Pero cuándo fue la última vez que escuchó un sermón de la cruz del discípulo? ¿Le ha preguntado al vendedor en la librería cristiana que usted frecuenta donde están los libros que tratan acerca de llevar llevar la cruz? ¿Cuándo usted último servicio en el que se canto algo acerca del triunfo que obtenemos al lleva la cruz? Puede ser que exista uno que otro canto, pero en nuestra adoración actual el énfasis en la cruz está faltando.

Oímos hablar de la fe, de esperanza y de amor, de anhelar los dones, de bendiciones y de prosperidad, pero ¿por qué no hay énfasis en la cruz? No pretendo exponer qué falta en la música cristiana o librerías, sino de lo que carece el cristianismo de hoy. Mi corazón ha sido bendecido por lo que nos han dado los salmistas contemporáneos con sus melodías; sus cantos de adoración comunican en verdad la adoración profunda e íntima. ¿Pero dónde está el himno de la cruz? ¿Dónde están vemos notas musicales que se centren y exalten el símbolo triunfante del Hijo del Hombre? ¿Cuándo oiremos cantos que como banderas, se despliegen ante el ejército del dios, inspirándonos a que abracemos la vida y la trayectoria de la redención de nuestro Rey Crucificado?

En verdad, carecemos de letras sobre la cruz porque evitamos de enseñar acerca de lo que se es un discípulo de la cruz. Nuestros salmistas solo escriben cantos inspiradas por la teología actual. La falla radica en el púlpito y nosotros los líderes cristianos. Debido a la compasión por el débil, presentamos un evangelio que es débil. Presentamos comodidad, pero no desafiamos y hacemos simpatías sin tener estándares.

Mis amigos, nos nos neguemos al débil para que alcance su sanidad, pero nos neguemos la estatura plena de Cristo. Jesús dijo muy enfáticamente a sus discípulos, “si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mateo 16:24). Es hora que nos pongamos serios con Dios, que tomemos nuestra cruz y de descubramos otra vez el poder que viene de una vida crucificada. La cruz es poder de Dios.

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