La confianza que tenemos en Dios

La confianza que tenemos en Dios

El apostol Juan nos enseña cual es la confianza que tenemos en Dios como creyentes en un Padre amoroso que nos cuida y nos da la seguridad de la vida eterna


1 Juan 5:13-21

Una señora muy pobre telefoneó a un programa cristiano de radio pidiendo ayuda. Un brujo que oía el programa consiguió su dirección, llamó a sus secretarios y ordenó que compraran alimentos y los llevaran hacia la mujer, con la siguiente instrucción: “..Cuando ella pregunte quién mandó estos alimentos, respondan: ¡FUE EL DIABLO!..” Cuando llegaron a la casa, la mujer los recibió con alegría y fue inmediatamente guardando los alimentos que le llevaron los secretarios del brujo. 
Al ver que ella no preguntaba nada, ellos le dijeron: “..Señora, ¿No quiere saber quién le envió estas cosas?..” La mujer, en la simplicidad de la fe, respondió: “..No, mi hijo, no es preciso. Cuando Dios manda, ¡Hasta el diablo obedece!..”.

Hermanos, ningún otro asunto nos da más paz y seguridad que la confianza que ponemos en el Señor. Juan con su estilo muy particular nos presenta una texto hermoso en esta carta. Al principio se ve como un normal, como muchas veces vemos las Escrituras. Sin embargo, la promesa escondida en este versículo nos anima a seguir adelante descansando en ella.

Los hombres que aparecen en la galería de la fe de Hebreos 11 fueron como nosotros, con sus debilidades y sus fortaleza, con sus momentos de derrota y los de victoria, con las pruebas más insoportables, pero siempre imponiéndose a ellas. La confianza en Dios tiene sus altos y bajos.

Uno de esos ejemplos es el apóstol Pedro. Cuando Cristo le llamó no dudó en seguirle, pero dos episodios en su vida pusieron al descubierto su falta de confianza. Uno fue cuando al caminar sobre las aguas tuvo miedo y en el lugar de mirar al Señor miró las aguas turbulentas. El otro fue cuando después de repetir enfáticamente que jamás negaría al Señor, cuando llegó la prueba lo negó tres veces.

Qué bueno que al final la recobró su confianza y llegó a ser el gran apóstol Pedro; el hombre del Pentecostés. Nos hará un gran bien hablar hoy de la confianza que tenemos en Dios.

 

La confianza que tenemos en Dios nos da la seguridad de nuestras peticiones

Peticiones hechas según su voluntad

1 Juan 5:14. El mundo inconverso no hace la voluntad de Dios porque vive en la suya propia. Pero también es cierto que el cristiano, quien ya ha conocido la voluntad de Dios, le cuesta entenderla porque al final hace la suya propia, arruinando los planes de Dios para la vida. ¿Qué plantea esto? Pues que al no hacer la voluntad de Dios, tampoco podemos orar de acuerdo a la voluntad de Dios.

Las peticiones hechas según su voluntad están marcadas dentro del conocimiento que ya tengo de esa voluntad en mi vida. La pregunta a responder es ¿qué tanto conozco la voluntad de Dios y sus demandas? Bueno, partimos del hecho bíblico que la voluntad de Dios es “buena, agradable y perfecta”. Pero en el mismo pasaje donde aparece esta indiscutible definición, aparece la condición que consiste en presentar nuestros cuerpos “en sacrifico vivo, santo, agradable a Dios” (Ro. 12:1, 2).

Cuando toda mi vida le agrada a Dios no será difícil descubrir que mis oraciones están siendo hechas según la voluntad de Dios. Mis oraciones no deben tener ninguna inseguridad.

Peticiones sobre cualquier cosa que pidamos

1 Juan 5:15. Esta declaración de la palabra pudiera verse como una especie de cheque en blanco para satisfacer todos nuestros deseos. Bien pudiera ser este uno de los textos que los llamados predicadores de la prosperidad usan para su lograr sus propósitos.

¿Pero será cierto que podemos pedir cualquier cosa a Dios y nos será dada? ¡Por supuesto que no! La respuesta de Dios no es independiente de nuestro estilo de vida. Una de las cosas que se ha puesto de moda son aquellos que dicen “declárelo y recíbalo”. Sin embargo esta manera de orar merece tres observaciones. L

a primera es que yo no soy Dios para declarar lo que él tiene que darme. Segundo esta oración se basa en asuntos que vienen a satisfacer más los deseos de la carne que los del corazón y el alma. Y tercero que esta oración no siempre esta precedida por una vida de santidad como condición para que nuestro Dios responda.

Santiago nos recuerda que no recibimos lo que pedimos porque pedimos mal para gastar en nuetros deleites. Oremos y confiemos que Dios responderá.

Peticiones preventivas

1 Juan 5:16. La oración sirve para todos los buenos propósitos. En este pasaje nos encontramos con una oración preventiva, dicha en uno de esos pasajes difíciles de toda la carta Se trata de una oración extraña para nosotros hoy v. 16b. ¿Qué estaría pensando Juan cuando escribió esto? ¿Por qué lo hizo en el contexto de la oración acerca de nuestra confianza en Dios?

Bueno, lo primero que vemos acá es la importancia de orar por otros, y más específicamente cuando intercedemos por nuestros hermanos. Aquí tenemos lo que pudiéramos llamar las “peticiones preventivas”. Necesitamos orar los unos por los otros, sobre todo porque no sabemos si hay hermanos que tienen serios problemas en su vida con el pecado. Que no pueden apartarse del todo de él sino que son arrastrados a cometerlos.

La oración es para que ellos sientan tristeza, dolor y se arrepientan antes que el pecado endurezca su corazón y esto les conduzca a una muerte espiritual donde se pierdan todo sentido de la santidad que se requiere para ver a Dios. El pecado en cualquier forma que se manifieste siempre conducirá a una muerte espiritual.

 

La confianza que tenemos en Dios nos da seguridad que el maligno no nos toca

Porque sabemos que hemos nacido de Dios

1 Juan 5:18a. Este pasaje esta lleno de una gran certeza. Es alentador que en la medida que Juan se acerca al final de su carta nos hable de las que cosas que “sabemos”. En esta sección hace seis alusiones a esta palabra. Así que la primera certeza es que el maligno no nos toca porque somos propiedad divina.

El creyente da testimonio que ha nacido de nuevo. En lo que respecta a su salvación el se le recuerda que fue traslado de el reino de las tinieblas, donde su dueño era el maligno, al reino de Cristo lo que le hace un ciudadano del cielo. Es verdad que el diablo puede zarandear al creyente como lo hizo con Pedro y que éste le dar lugar al diablo por algún desliz que tenga en su vida, pero lo que tiene que saber cada creyente es que el diablo no le toca para destruirlo.

No es cualquier cosa que sepamos que hemos nacido de Dios. El creyente esta emancipado del pecado y esta emancipado del dominio de Satanás. El creyente esta blindado contra todo poder del maligno y esto es lo que genera nuestra confianza que tenemos en Dios.

Porque sabemos que Dios nos guarda

1 Juan 5:18b. El escritor Westcott ha dicho: “El creyente tiene un enemigo activo, pero también tiene un guardián vigilante”. Es cierto que el creyente por su descuido espiritual incurre en faltas que desagradan a Dios, pero al final no hace del pecado una practica en su vida, pues Dios le guarda y le protege. Ya Cristo lo había expresado para darnos la más completa confianza que todo creyente debe tener. Así lo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre¨(Jn. 10:27-29). El que fue “engendrado por Dios” es quien guarda al creyente. Es cierto que el maligno esta determinado en atacarlo y destruirlo. Sus tentaciones tienen todas las intenciones de hacerle caer, pero la promesa que el Señor le guarda le da una seguridad con la que sigue adelante en su caminar con él. La oración que hizo a Jesús por sus discípulos es la misma que hace para nosotros: “Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Bendita sea esa promesa.

Porque sabemos quienes son los que él toca

1 Juan 5:19. Esta es una de las declaraciones más tristes de las Escrituras. El sueño de Satanás de ser adorado se ve cumplido en este texto. Juan dice que “el mudo entero está bajo el maligno”. Esta declaración no es muy halagadora. Que distinto sería si pudiéramos decir que el mundo entero está bajo el Señor Jesucristo.

Encontramos acá la realidad de la división del mundo que Dios creo. Por un lado están los que hemos creído en él y le seguimos como nuestro amo y Señor, y por otro lado están los que le rechazan y quedan bajo el gobierno del maligno. Si no lo habíamos entendido, sepámoslo ahora; las explicaciones a todo ese escenario de maldad donde no se agota nuestra capacidad de asombro se ve en la manera cómo el maligno dirige su mundo para que el hombre pierda su razón y cometa todo tipo de actos que quebrantan la moral, destruye la familia y esclaviza a los hombres bajo los más perversos vicios. Qué puede esperarse de mundo que está bajo el maligno, perversidad total.

 

La confianza que tenemos Dios nos da la seguridad que estamos en el Verdadero

Entendimiento para conocer al verdadero

1 Juan 5:20. Hay una certeza final con la que la Juan termina su carta. Estamos hablando de conocer al verdadero Dios; este el mensaje final de toda la Biblia. Lo primero que Juan nos dice es que la persona de Cristo es quien nos reveló tanto la vida del cielo así como al verdadero Dios.

Un inconverso no tiene este conocimiento porque no se le ha revelado el Señor. Pero para todos aquellos que hemos conocido al salvador Jesucristo, él vino para mostrarnos al verdadero Dios. Y ¿quién es ese Dios verdadero? Pues aquel que es grande y lleno de gracia. Aquel que es el Dios Altísimo quien domina sobre todas las naciones.

Al referirnos que el es el verdadero Dios decimos que nadie es tan grande que puede ser comparado con él. Cristo vino para darnos entendimiento en relación a un Dios cuyos atributos van desde su amor, bondad, misericordia, infinitud, autosuficiente, inmutabilidad y soberanía. El es todo poderoso, omnisciente, y omnipresente. Jesús vino para darnos entendimiento acerca de este Dios verdadero. No hay otro como nuestro Dios. Cristo nos ha ayudado a entender a Dios.

El verdadero Dios y su vida eterna

1 Juan 5:20b. Sorprendentemente Juan termina su epístola como la comenzó afirmando la doctrina que nos da nuestra razón de ser: que Jesucristo es el verdadero Dios. En el primer capítulo habló del Verbo, aquel que era Dios. Por lo tanto estas son palabras que nos llenan de seguridad con las que afirmamos que Jesucristo es nuestro común salvador y Señor. Juan nos dice que  “estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo.

Este es el verdadero Dios, y la vida eterna”. Si alguien conoció a Jesús como Dios fue Juan. Tanto en su libro como en esta carta nos ha presentado fehacientes enseñanzas acerca de Cristo como el verdadero Dios. Cuando hacemos un estudio de su libro podemos ver cómo en cada uno de sus capítulos nos presenta a Jesús como el Dios verdadero.

Hay en su libro siete “yo soy” como una referencia directa al YO SOY del Antiguo Testamento. Jesús es el verdadero Dios, eso es lo que finalmente Juan nos ha dicho en su carta. Y cuando aceptamos a Jesús como el verdadero Dios el regalo que acompaña a su salvación es la vida eterna. ¿No es a caso esto una poderosa razón para poner nuestra confianza en Dios?

 

Confianza

La palabra “confianza” en el original se ha traducido como “libertad de palabras”. Es lo que los expertos dan por llamar la confianza que se tiene en la libertad de expresarse en una auténtica democracia. Mas adelante la palabra se refirió a toda la confianza que alguien deposita en Dios, por lo tanto en Dios tenemos libertad de palabras. Podemos acudir a él sabiendo que no pondrá restricciones a lo que le pedimos.

No tenemos que vencer grandes obstáculos para entrar en su presencia o usar otros intermediarios para hablar con Dios. Confiar que Dios responderá a nuestras peticiones es saber que él es un Dios cercano y su más grande anhelo es venir para reunirse conmigo cuando le hago las peticiones. Mis amados, si algo sabe el creyente es que Dios le oye en cada cosa que le pidamos. Dependerá después d Dios y su voluntad la forma cómo nos dará la respuesta. ¿Tiene usted esta confianza en él? ¿Cuál es su más grande petición? Le invito hoy a hacer realidad la promesa de 1 Juan 5:14. No la suelte. Hágala. Vívala.

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