La utilidad de las Escrituras


2 Timoteo 3:14-17

Una de las verdades impactantes es que la Biblia, por ser esa palabra inspirada de la misma boca de Dios, está exenta de errores y por lo tanto la proclamamos como verdad absoluta. Y para corroborar su inspiración,  y veracidad, ella misma nos habla de su utilidad.  ¿Ha conocido usted algún libro que sirva para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia hasta formar a un hombre cabalmente? Obviamente no hay ninguno escrito por el hombre. Este privilegio es único de la palabra de Dios. Las distintas metáforas o símiles con la que ella se nos ha dado a conocer corrobra esto. Vea estos ejemplos. Santiago 1:23-25 la presenta como un “espejo”.  Su propósito es decirnos que la palabra de Dios refleja perfectamente la mente de Dios y la condición del hombre. Allí nos vemos tal y cual somos. El Salmo 119:105 la presenta como una “lámpara”. Su propósito es mostrarnos donde estamos, la manera cómo nos guía y cómo nos alumbra para no caer. Pablo la presenta como “agua” en Efesios 5:25-27. La idea es que así como el agua tiene el poder de limpiar, calmar la sed y refrescar, lo mismo hace la palabra. Una de las figuras muy amadas por nosotros es la palabra como “espada” que penetraba y  partía al hombre (He. 4:12; Ef. 6:7).  Pero la Biblia también es revelada como un metal precioso como el “oro refinado” (Sal. 19:10; 119:105). Otra figura que a muchos nos gusta es la Biblia como “alimento” (Job 23:12). De esta manera se nos dice que la Biblia es como “leche”. Por lo tanto debemos desearla como niños recién nacidos (1 Pe. 2:2). También como “carne” (He.5:12-14). La carne sirve para nutrir la madurez de nuestro crecimiento. Otra manera es como “pan” y como “miel”. Y en todas estas figuras no podía faltar la Biblia como “martillo” que quebranta el corazón endurecido (Jer. 23:29), y como “fuego” que consume y purifica (Jr. 20:9). Con esto en mente, ¿Cuál es, entonces, su propósito? ¿Cuál es su utilidad para el alma?
 
    I.    LA BIBLIA ES ÚTIL PARA ENSEÑAR
 
1. Acerca de la grandeza de Dios (Job 26:14). Mientras que los hombres han tratado de ridiculizar la existencia de Dios, negando cualquier intervención suya en el origen de este mundo, la Biblia lo presenta en su estado excelso, glorioso y sublime. Sin que tenga que consultarle a otro para revelarnos quién es Dios, nos ofrece sus atributos que lo hacen único en su grandeza. Job, cuando proclama la soberanía de Dios,  donde revela que él hizo a la tierra y la puso colgando en el vacío (v. 7), expresa  que todo esto “son sólo los bordes de sus caminos; ¡Y cuán leve es el susurro que hemos oído de él!” (Job 26:14). Cuando la Biblia nos habla de la grandeza de Dios lo presenta como un Dios suficiente en sí mismo, siendo este uno de sus más grandes atributos. Si podemos descifrar (cosa que no se ha hecho), las dimensiones del universo, entonces estaremos en capacidad de ponerle  medidas a Dios. Para darnos algunos destellos de la grandeza de Dios, la Biblia nos habla de su misericordia, que es desde la eternidad y hasta la eternidad. Cuando nos habla de su gloria, ella nos dice que llena todo el cielo y el universo. Y al hablar de su amor, lo presenta con un “de tal manera”. Nadie se compara con Dios.
 
2. Acerca de la perversidad del pecado (Sal. 51:5). Nadie espera comenzar  algún proyecto o iniciarse en alguna empresa que ya nazca con el sello de la maldad. Sin embargo, cuando hablamos de la concepción del hombre, la etiqueta con la cual nace dice: “He aquí en maldad he sido formado”. El hombre es el único ser que ya viene con un defecto de “fábrica” de acuerdo a la calificación que hizo David. El profeta Jeremías dijo que ni la legía acababa con la mancha del pecado (Jr. 2:22). Isaías nos dice que el hombre “desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana…” (Is. 1:6).  Todo esto porque la Biblia describe la condición del hombre, categóricamente así: “No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios” (Ro. 3:10, 11). La Biblia define al pecado como una clase especifica de mal. Llega a ser una elección libre que fue tomada desde el principio hasta hoy. Pero sobre todo, el pecado es una afrenta contra el carácter santo de Dios. La Biblia nos presenta al pecado como el causante de toda culpa en el hombre y de su condenación eterna. Así mientras el mundo nos presenta a un hombre bueno, la  Biblia nos enseña que en él hay una perversidad  que necesita ser cambiada.
 
3. Acerca del salvador Jesucristo (Jn. 1:1, 2). Hay tres evangelios que se encargan de mostrarnos la biografía de Jesús bajo el cumplimiento profético. De esta manera ellos nos dan una información detallada acerca del lugar de nacimiento, los padres y los acontecimientos que generaron la llegada del Mesías prometidos. Pero Juan, el que se conoce como el “discípulo amado”, nos presenta una visión eterna acerca de Jesucristo. Así tenemos que lo primero que él hace es mostrarnos a Jesús como igual a Dios,  convirtiéndose en la “palabra encarnada” (Jn. 1:1-2, 14). En este sentido la Biblia es útil para enseñarnos el “misterio de la encarnación” y con ello la salvación del perdido. Es así, que tan pronto el hombre cayó en pecado, Dios le mostró el camino a la salvación (Gn. 3:15). El Antiguo Testamento  está lleno de Jesucristo con sus tipos y antitipos.  Jesús está presente en el arca de Noé, en hombres como Melquidec, José de Egipto o Josué de la conquista. La oveja sacrificada es un tipo de Cristo. Lo mismo fue  el tabernáculo, el maná del cielo,  el agua de la roca,  la serpiente levanta… La Biblia nos habla del salvador Jesucristo antes que el mundo fuera y del tiempo cuando murió por nuestros pecados (Ef. 1:4,5).
 
    I.    LA BIBLIA ES ÚTIL PARA CORREGIR
 
1. Por eso actúa como el espejo del alma (Stg. 1:23-25). Se nos dice que el espejo no miente. Usted comprueba todos los días esa verdad. La Biblia, cada vez que la abrimos nos indica cómo estamos internamente. Como su misión es revelarnos cuáles son las intenciones del corazón, y mostramos como si se trata de una  máquina de rayos X todo el estado del alma,  al leerla pronto quedamos convictos si hay algo que no anda bien en nuestras vidas. Una de las historias acerca de la revelación de la palabra al corazón del hombre, para hacerle ver su conducta, la tenemos en el libro de Daniel (5). El rey Belsazar, hijo del muy famoso Nabucodosor, hizo un gran banquete para mil de sus príncipes, esposas y concubinas. Pero por haber traído las copas sagradas del templo para satisfacer sus placeres con  sus invitados, una mano comenzó a escribir en la pared su condenación y destino final. Como nadie pudo interpretar lo que este rey vio, les fue traído Daniel, el único hombre que  revelaba los sueños divinos, dando pronto a conocer su interpretación. Este rey fue “pesado en  balanza” (v. 27), y fue “hallado falto”. La palabra lo confrontó y lo juzgó. La palabra de Dios nos muestra la cara de nuestras acciones.
2.   Por eso actúa como lámpara a nuestro pie (Sal.119:105). En la antigüedad no había luces que alumbraran los caminos como los tenemos hoy. Tampoco la gente usaba  linternas que sirvieran como guías en las noches oscuras. Así que usaban las lámparas en los pies para alumbrar el camino, pero también para advertir de los reales peligros como serpientes y otros animales.  Nuestra vida necesita de guía, de dirección y consejo. Todos los días nos enfrentamos a decisiones, muchas de ellas difíciles y no siempre acertamos. De hecho en no pocas ocasiones  vivimos arrastrando las consecuencias de lo que hemos hecho. Es allí donde la Biblia hace su trabajo, alumbrando el entendimiento. Nadie podrá leer un texto sagrado en su vida devocional sin ser expuesto con esa palabra que alumbra el corazón. La Biblia nos dirá todos los días si estamos haciendo bien o haciendo mal. Así que ella tiene la misión de corregirnos para ser mejores hijos, esposos, padres, creyentes. La Biblia como “lámpara” alumbra nuestros pies para que caminen rectos, alumbra nuestra mente para pensar en lo puro, alumbra nuestra lengua para hablar verdad. Y sobre todo, alumbra nuestra alma para que honremos  al Señor.
 
3. Por eso actúa como espada (He. 4:12).  Es posible que nos hallemos acostumbrados a que la palabra de Dios nos hable de las únicas cosas que queremos escuchar. He allí el “triunfo” de muchos predicadores modernos. Quizás hemos habituado  nuestros oídos para que escuchen solo palabras que nos den ánimo, nos fortalezcan y nos hablen de prosperidad económica y bienestar familiar. Pero cuando escuchamos palabras como pecado, culpa, arrepentimiento, condenación, infierno, juicio… reaccionamos, y hasta podemos cambiar de canal por lo que estamos oyendo. Pero la Biblia no tiene la intención de entretenernos. Cuando Pablo dice que la Biblia es útil para “redargüir”,  nos viene la imagen de una “espada”. Se nos dice que las espadas romanas eran cortas, pero tenían  filos arriba y abajo, y poseían una punta extremadamente aguda. Su propósito era penetrar sin dificultad el cuerpo y luego hacer cortes hacia arriba y hacia abajo. Cuando permitimos que la Biblia actúe como espada, estamos dejando que ella penetre lo más íntimo de nuestro ser. Allí donde pudieran vivir y gobernar nuestros más íntimos secretos. Cuando la palabra penetra de esa manera, “discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.
 
    I.    LA BIBLIA ES ÚTIL PARA CRECER
 
1. Lo ilimitado del crecimiento cristiano (v. 17ª). ¿Cuál será el resultado  para el creyente que ama, atesora, aplica y  vive por la palabra de Dios? Pablo nos da esta respuesta: “A fin de que el hombre de Dios sea perfecto…”. Hay una perfección absoluta que le corresponde a Dios que lo hace  exento de error y de pecado. El  creyente debe buscar también esa perfección, que aun que no logre ser como  Cristo en esta vida, se dirige cada día hacia esa meta para agradar a Dios. La traducción de la palabra “perfecto” acá es “apto, cabal”. La palabra de Dios tiene como finalidad llevarnos hasta esa dimensión. Por lo tanto, todo creyente está en la tarea de llegar al más grande nivel de crecimiento porque tiene en sus manos el libro sagrado con todas las instrucciones para que no sea un “analfabeta bíblico”. Si a Israel se le ha llamado el “pueblo del libro”, a los creyentes debieran llamárseles “la iglesia del libro”. Hay un llamado en este texto a no ser menos que esto. Ser  perfecto es algo que está libre de imperfecciones. ¡Que ni le sobra ni le falta! Pero qué lejos estamos los creyentes de esa perfección. Hay tantas faltas en nuestra vida que este ideal divino pareciera un imposible. ¿Puede un creyente alcanzar la perfección? Bueno, hubo un hombre de Dios llamado Abraham a quien Dios le demandó esto (Gn. 17:1-8)… y lo hizo.
 
2. “Preparado para toda buena obra” (v. 17b). Esto es lo que percibe finamente la palabra de Dios. Cada creyente debiera ser un discípulo preparado. Los discípulos de Jesús anduvieron con él tres años y al final de ese tiempo estaban “preparados para toda buena obra”. El libro de los Hechos nos habla del impacto de esos hombres a quienes los enemigos reconocieron que estuvieron con un “tal Jesús”. De esto se desprende que la comunión íntima que tengo con el Señor y su palabra me deja capacitado para hacer todo tipo de buena obra. Es posible que en el campo laboral yo  no pueda hacer varios trabajos,  por cuanto necesitaría estudiar y capacitarme para dominar cada oficio.  Mis estudios seculares jamás me dejarán apto “para toda buena obra”. Esta tarea  le pertenece  a  la palabra de Dios y esa es la meta que tengo de por vida. Esto significa que si yo no considero seriamente a la palabra, y dejo que ella me enseñe, redarguya, corrija  y me instruya, siempre habrá una excusa para no trabajar en la obra del Señor. El creyente debiera ser la persona que más bien haga en la vida. Él, por ser un seguidor de Cristo, encarna lo bueno en su corazón y todo lo que toca debe convertirlo en bendición.
 
 Si la Biblia es inspirada por Dios, entonces debe tener un gran  efecto en la persona que por ella es transformada. Pablo nos habla de la utilidad de la Biblia, no sólo para llegar a ser salvos, según lo que dijo Jesús en Juan 5:24 y 39, sino en la formación cabal de cada creyente. ¿Quién podría negar que la Biblia sea útil para enseñarnos al verdadero Dios, la profundidad el pecado y la obra de salvación en Jesucristo? ¿Quién puede negar que la Biblia sea útil para redargüir y corregir al hombre en su conducta cuando se aleja del Señor? ¿Quién podría negar que la Biblia sea la más completa palabra para instruir en la justicia divina, que al ser contraria a la del hombre,   al final la verdad  triunfa? El resultado  de esa utilidad es para que  “el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. ¿Para qué le sirve a usted  su Biblia mi hermano? ¿Cuáles son los cambios que produce en su vida?

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