Los himnos de la medianoche

 

 

(Hechos 16:11-40) v. 25

 

INTRODUCCIÓN: Si por alguna razón usted no puede dormir, ¿qué hace en la media noche? Si estuviera que estar despierto después de un día de prueba, de tribulación o de alguna enfermedad, ¿estaría dispuesto a cantarle al Señor a esa hora? Pues esto fue lo que sucedió en la historia para hoy. ¿Hay alguna diferencia entre el canto hecho en un hermoso santuario con sus cómodos asientos, sus más finos instrumentos musicales, con su aire acondicionado y los cantos hechos en una cárcel, sin luz, con el más intolerable calor y olores, así como los más insoportables dolores después de una enorme golpiza? ¡Por supuesto que la hay! La diferencia es abismal. La presente historia es una invitación para que veamos lo que en verdad significa sufrir por Cristo y la valentía que debe ser asumida si nos consideramos verdaderos “soldados de la cruz”. Esta experiencia nos hablará de la “noche” que le llega a la vida cristiana. Y si ciertamente algunas de esas noches son de congojas, persecución, dudas, perplejidad, aflicción, ansiedad, soledad y de todo tipo de dolores, muchas de las cuales nos oprimen el espíritu y aterrorizan nuestras almas, debemos alabar a Dios, nuestro Hacedor, porque él, como le decía Eliú a Job, es el que nos da las canciones en la noche (Job 35:10). En el sermón anterior vimos cómo el Espíritu Santo le prohibió a Pablo y a su quipo entrar a dos lugares, para luego abrirles una nueva puerta a través de la visión del “varón macedonio”. La puerta que se abrió tuvo su sufrimiento, pero las pruebas también vienen acompañadas de victorias en el Señor. Las heridas, producto de los tantos azotes, tuvieron que ser muy severas. Aquel lugar, a lo mejor sin agua ni comida, haría el momento más difícil. Pero allí están dos hombres que confían en el Señor. Ellos como ningún otro han sido testigos del poder de Dios, y aquella hora no sería la excepción. Por eso cantan himnos que seguramente eran los salmos con su gran contenido de alabanza, gratitud y esperanza. Consideremos el canto de la media noche bajo las siguientes preguntas.

 

  1. I. ¿CUÁL PUDIERA SER EL TEMA DE LOS HIMNOS QUE SE CANTAN A DIOS EN LA MEDIA NOCHE?

 

1. Bendecir al Señor a pesar del castigo v. 22, 22. El salmo 34, de donde nos viene la declaración “Bendeciré a Jehová en todo tiempo”, fue escrito por David cuando huía del rey Saúl en la llamada “cueva del Adulam”. Estando en una de las persecuciones y sufrimientos más grandes de su vida no se quejó contra su Dios, sino que en medio de toda su aflicción exaltó Su bendito nombre. Los versículos 22, 24 nos revelan el castigo al cual fue sometido Pablo y su compañero Silas. Cada provincia romana tenía un grupo llamado los “lictores” que eran policías brutales asignados para este castigo del azote. Este verso nos dice que lo azotaron con vara, y mucho. Esta práctica brutal producía uno de los dolores más desgarradores. No solo duele en el momento, sino que continúa doliendo por mucho tiempo. Consistía en quitarle las sandalias a la persona, acostarla en el suelo con los pies levantados, y con unas varas (garrotes) azotar la planta de los pies. Un primer azote de varas causaba un dolor insoportable. Dos azotes de varas dejaban a la persona coja. Tres azotes de varas lo podía dejar lisiado para toda la vida. Pablo recibió tres. (2 Co.11:25). Sin embargo, estos hombres no están llorando, sino alabando al Señor. Los presos no oían las justificadas quejas, sino las dulces melodías con aquellos mensajes. Bien podemos decir que cuando ellos “cantaban himnos al Señor”, eso fue la preparación previa para recibir la palabra. Tu dolor puede bendecir a Dios y testificar a otros.

 

2. Bendecir al Señor a pesar de estar preso v.23, 24. Por supuesto que no estamos hablando de las cárceles de hoy. Muchas de ellas tienen aire acondicionado, camas, televisión, internet, teléfonos, gimnasios, algunas con sueldo mínimo y casi nunca faltan las tres comidas. Nada que ver con la cárcel donde pusieron a Pablo. Observe que el carcelero se aseguró en ponerlos en “el calabozo de más adentro”. Este “calabozo” era una especie de agujero en el suelo. Esto equivalía al lugar más profundo y más oscuro. Era imposible descansar en ese sitio. Podían ser lugares de hacinamiento, sin baños, sin ventilación, de malos olores y donde se oían todas las quejas y maldiciones. ¿Qué haría usted en un lugar como ese? ¿Le provocaría cantar el himno “anhelo trabajar por el Señor, confiando en su palabra y en su amor…”? ¿Quién puede cantar estando preso? Lo último que quieren hacer los que allí viven es cantar. Sin embargo, hay dos hombres que a la media noche están “cantando himnos al Señor”. Amados hermanos, ciertamente no es fácil cantar cuando nos sentimos presos. Pero estos hombres hace tiempo habían leído lo que dijo el salmista: “Saca mi alma de la cárcel para que alabe tu nombre”.

 

3. Bendecir al Señor a pesar de la opresión v. 24. Si bien es cierto que hay cárceles donde hay presos que están enfermos, esa no es la norma en todo. Por lo general si llegan heridos, muy pronto son atendidos por aquello de respetarles sus derechos humanos. Pero note que a Pablo y a Silas no le respetaron sus derechos, pues si ya estando con sus espaldas heridas, la tortura de ponerlos en un cepo agravó su estado. El cepo consistía en dos piezas de tabla con huesos por los lados para penetrar la carne hasta llegar al hueso de manera que la persona quedara allí inmovilizada. No había forma de escaparse de semejante tortura. La opresión era extrema, pues aparte de los dolores de los azotes, ahora se suma la opresión de los pies. Sin embargo esos hombres no entran en desesperación. No hay quejas en sus labios. No están culpando a Dios por la puerta que se abrió en Macedonia, sino que en la media noche están “cantando himnos al Señor”. Algunas circunstancias por las que pasamos parecieran tener la misión de desanimarnos, retirarnos, que dejemos todo abandonado y ya no saber más nada de Dios y de la iglesia. Algunas pruebas tienen esa misión. Pero vea que en lo más oscuro de la vida podemos alabar al Señor.

 

  1. II. ¿CUÁL PUDIERA SER LA RAZÓN DE LOS HIMNOS QUE SE CANTA A DIOS EN LA MEDIA NOCHE?

 

1. Maravillas hecha en un corazón tierno v. 14. Vea el caso de Lidia, la “vendedora de púrpura”, quien tenía un negocio de ropa de diseño. Sólo los ricos y la gente de la realeza podrían usar el morado. El tinte de púrpura provenía de un marisco y fue extremadamente caro. Lidia era una mujer de mucho prestigio e influencia, y sin embargo todavía tenía un corazón hambriento v. 14. Es que amados hermanos, el dinero puede comprar una casa, pero no un hogar. El dinero puede comprar una cama, pero no el sueño. El dinero puede comprar un reloj, pero no el tiempo. El dinero puede comprar un libro, pero no el conocimiento. El dinero puede comprar comida, pero no el apetito. El dinero puede comprar la posición, pero no el respeto. El dinero puede comprar la medicina, pero no la salud. El dinero puede comprar a la gente, pero no amigos. El dinero puede comprar un seguro, pero no la eternidad. El dinero puede comprar diversiones, pero no la felicidad. El dinero puede comprar la religión, pero no la salvación. El dinero puede comprar una buena vida, pero no la vida eterna. El dinero puede comprar un crucifijo, pero no un Salvador. El dinero puede comprar un pasaporte a cualquier lugar… pero no al cielo. Solo Cristo satisface y Lidia lo encontró un salvador al abrir su corazón. Los pasos que hizo después revela una vida entregada al servicio del Señor v. 15. Esto era motivo de alabanza.

 

2. Maravillas hechas en un corazón atormentado v. 16. De una mujer empresaria pasamos a una joven poseída y atormentada por Satanás, con un espíritu de adivinación. En ambos casos, la necesidad de un salvador era la misma. Nadie es tan bueno o tan malo que no necesite de un salvador. Note que mientras para una la fuente de dinero venia de la púrpura, la otra era la fuente misma de dinero para sus amos. Pablo, quien poseía el don del discernimiento, se dio cuenta que aquellos halagos constantes v. 18, que son propios de los que piensan que somos una misma cosa, tenían la misión de confundir a la naciente iglesia. De modo que procedió hacer una liberación, quedando Satanás descubierto en sus intenciones. Este caso nos pone de manifiesto que nuestra lucha no es “contra carne ni sangre, sino contra principados, contra potestades en las regiones celestes”. Y como al diablo no le gusta que le toquen sus intereses, trajo una terrible acusación contra los apóstoles, mandándoles a la cárcel, heridos y maltratados v. 16-21. Pero si él pensó que con esto iba a acabar con los mensajeros de Dios, se equivocó. Aquel sufrimiento les dio más razones en perseverar y adorar a su salvador y protector divino. Ellos cantan con gozo porque hay un alma libre del poder de Satanás. ¿No es esto maravilloso?

 

3. Maravillas hechas en un corazón endurecido v. 29, 30. En esta historia tenemos tres clases de corazones. Uno estaba muy sensible y preparado para recibir a Cristo. El otro estaba atormentado y dominado por Satanás, mientras que en el caso del carcelero poseía un corazón endurecido. En uno Dios abrió el corazón, en el otro la liberación trajo un cambio, y en este un terremoto quebrantó lo endurecido. Hay que decir que si alguien no oyó los himnos de Pablo y Silas fue el carcelero, pues él se despertó no por las melodías del canto, sino por el poderoso terremoto que sacudió todos los cimientos v. 26. Usted tiene que pensar en la arrogancia y la crueldad de este hombre debido a su trabajo. Para él cada preso era lo mismo, como fue Jesús para los verdugos que le crucificaron. Pero ahora tenemos a un encargado del gobierno romano de rodillas y preguntando cómo puede ser salvo. Amados hermanos, al final no hay corazones que se endurezcan frente al poder de Dios; y la única manera de llegar a ser salvos es, “cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” v. 31. ¡Así de fácil! Muchos tropiezan en la salvación, no porque sea difícil, sino porque sea tan fácil. Jesús hizo lo más difícil. Observe el resto de esta conversión v. 32, 33. La salvación tiene que traer cambios visibles que otros vean.

 

  1. III. ¿CUÁL PUDIERA SER LA ESPERANZA DE LOS HIMNOS QUE CANTAMOS A DIOS EN LA MEDIA NOCHE?

 

1. Que hay poder en la alabanza v. 26. Vea que el terremoto vino justo cuando ellos cantaban. Qué descanso produce el saber que Dios está en control de todo. Cuánto placer produce servir al Señor sabiendo que nada escapa a todo lo que nos sucede. Dios conoce todo nuestro sufrimiento y al final manifiesta su poder. ¡Y qué tremendo poder se esconde en la alabanza! Si los hijos de Dios comprendiéramos que la oración todo lo puede y que la alabanza es un instrumento que él mismo usa, no cesaríamos de hacerlo. Los muros de Jericó cayeron al toque de las trompetas. Cuando Josafat, rey de Israel estaba por enfrenar a Amon y Moab, arengó a su pueblo a confiar en el Señor, diciendo: “No habrá para qué peleéis vosotros en este caso…”. Acto seguido envió un coro delante de ellos, y cuando comenzaron la alabanza, Dios puso destrucción entre ellos mismos (2 Cr. 20:15-21). Ninguno tuvo que pelear. Pablo y Silas cantaban al Señor porque estaban seguros que el Señor sería glorificado en aquella noche. Su canto estaba lleno de esperanza. Ellos ya sabían que su sufrimiento era por amor a Dios y están seguros que él no los dejaría allí para siempre. Cuando menos lo esperamos el poder de Dios se hace presente.

 

2. Que hay liberación en la alabanza v. 26b. Podrán estar presos los mensajeros, pero la oración y la alabanza siempre estarán libres. Al final, ninguna puerta o cadenas podrán detener el poder de Dios para poner en libertad a los que han quedado preso por amar y servir al Señor. Amado hermano, no dejes que las quejas, las criticas, el mal humor y el desánimo sean los acompañantes de tu vida. En lugar de esto, llena tu vida de alabanzas. Levanta la bandera de la oración y magnifica el nombre del Señor en medio de tu prueba y verás cuán liberación hará el Señor en tu vida. Qué bueno es recordar que Dios habita en la alabanza de su pueblo y también que donde está el Espíritu de Dios allí hay libertad. Los himnos que entonaron Pablo y Silas a la media noche tenían una letra de esperanza. Su melodía tenía que estar saturada le las promesas de libertad que los salmos nos expresan. El hijo de Dios jamás permanecerá preso. El poder de Dios siempre estará libre para sacarle de cualquier cárcel. No deje de cantarle himnos al Señor “en la media noche”. En el momento menos esperado ocurrirá su liberación.

 

CONCLUSIÓN: El trofeo de aquella noche de alabanza pudo ser la conversión de toda la cárcel, incluyendo el carcelero, su familia y por seguro los presos que oían las alabanzas. Cuando sucedió el terremoto el carcelero se iba a suicidar por su responsabilidad con los presos. Pero Pablo, por esa misma intuición divina, pues seguramente no podía ver lo que este hombre pretendía hacerse, le gritó en alta voz: “No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí” v. 28. Y desde entonces este grito está latente. Matthew Henry lo explica así: “Hombre, mujer, no te hagas daño; no te hieras, porque nadie más puede herirte; no peques, porque nada puede herirte sino eso”. Esa misma voz corre en el día de hoy en este lugar y te dice: “No te sigas haciendo más mal…”. Ven a Cristo ahora, así como estas. Los himnos en la media noche se cantan no importando la condición que estemos. En todo caso se cantan por las maravillas que Dios hace y sobre todo, porque hay una esperanza que el poder de Dios nos pondrá en libertad.

 

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