Mirando al cielo

Mirando al cielo

“Cuando vemos a Jesucristo ya no tenemos ojos para los demás”. Esto lo escribió alguien y tendrá que ver con este estudio que busca motivar el discipulado cristiano tomando como nuestro especial modelo a Cristo.

Hebreos 12:1-3

El imperativo “sígueme” aparece muchas veces en el Nuevo Testamento y está acompañado del llamamiento que Jesús extendió a los que buscó o querían seguirle. Por cierto, que fue la historia del joven rico donde vemos que no fue correspondido por las altas demandas.

El discipulado es el gran tema del Maestro Cristo. Él vino para hacer esto. Uno de los casos más interesante que habla cómo Cristo concibe el discipulado es la historia de aquellos hombres de Lucas 9:57-62. El primero se adelantó para decirle a Jesús “te seguiré” a todas partes, pero Jesús lo detuvo diciendo que hasta las zorras tenían sus guaridas y las aves del cielo donde ponían sus polluelos, pero que él no tenía donde vivir.

A otro fue el mismo Jesús que le dijo: “sígueme”, pero la excusa que este presentó fue que primero tenía que vivir para enterrar a su padre. A este Jesús le respondió, diciendo: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios”. El tercero tomó la iniciativa también de seguir a Cristo, pero puso la condición de pedirle a Jesús que lo dejara que se despidiera de los que estaban en su casa.

Con esta condición Jesús fue enfático: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”. Esa historia nos muestra que el discipulado para Jesús significa un sacrificio de mis comodidades, un sacrificio de mis prioridades y un sacrificio de lo que más amo, representado por la familia. El asunto de seguir de Jesús no admite condiciones.

Lo de él o es todo o es nada; esta será nuestra nueva serie. Y el pasaje con la que la iniciamos es Hebreos 12:1-3. Cuando Jesús nos dijo también “!sígueme!” fue una invitacion a poner nuestros ojos en él y eso demanda el sacrificio mirar quién es él y lo que hace. Así es como comienza todo discipulado. Veamos por qué.

Por aquellos que ya nos precedieron

Una nube de testigos

Hebreos 12:1a. El contexto del tema “puestos los ojos en Jesús” es muy ilustrativo. Por un lado, significa que el creyente no está solo en esta vida, que hay otros que también caminan con él mientras sigue al salvador Jesucristo. Es bueno dar una palabra respecto a esa “nube de testigos”.

Hay creyentes que suelen pensar que estos testigos son los hermanos que ya nos precedieron y que nos miran desde el cielo para animarnos. Bueno, la verdad es que eso por ahora no es posible. Si así fuera le estuviéramos dando la razón a aquellos que piensan que los padres, la madre o algún hijo están ayudándoles mientras pasan las pruebas de esta vida.

Por seguro que un día nos reuniremos en la resurrección de los muertos con ellos, pero por ahora lo que esto significa es que es que nosotros al ver la fe de ellos, y la manera cómo triunfaron, se constituyen en un ejemplo para imitar su fe y ver como ellos murieron en esperanza en una patria no terrenal, porque“anhelaban una mejor, esto es, celestial… El ejemplo de esos hombres nos motiva a seguir a Jesús.

Despojarse de todo peso de pecado

Hebreos 12:1b. Este texto está lleno de mucha acción. El escenario pareciera ser de alguien que se prepara para un maratón. Los verbos “despojarse” y “correr” nos ubican en lo que será el inicio en lo que tenemos por delante. Quien haya escrito este libro estaba familiarizado con los juegos olímpicos donde las competencias demandaban despojarse de todo lo que les impedía avanzar hacia adelante.

El término traduce también “todo lastre”, “toda gordura”. Así que puede representar quitarse un poco el peso físico para estar más liviano; también en el aspecto atlético es el de quitar las pesas que se usaban para el entrenamiento y en el campo espiritual el “peso del pecado”.

El autor le dice al discípulo que ha puesto sus ojos en Cristo que el pecado es una realidad que nos asedia continuamente. Una traducción antigua lo presenta como el pecado que “fácilmente distrae”. Y así es. Si hay algo que aparta nuestra mirada de Jesús es el pecado. Estamos hablando de un pecado recurrente, un deseo desequilibrado, o algo con el que luchamos continuamente por su asedio. Usted sabe de lo que tiene que despojarse ahora.

Corramos con paciencia

Hebreos 12:1c. El creyente en Cristo tiene un propósito en su vida: agradar al que lo tomó para convertirlo en su discípulo. Su enfoque no puede ser otro. Esa es su mirada, esa es su única meta. “Poner los ojos en Jesús” implica ir en pos de él y esto tiene que ver con la carrera del cual habla el autor. Pero se nos exhorta que hagamos esa carrera con “paciencia”.

Esto sugiere que no se trata de una competencia de cien metros planos, sino de un maratón largo y de horas. Como el objetivo es mantenerse mirando a Cristo, esto requiere de una perseverancia. En esta “carrera” el autor usa una palabra griega que traduce agonía. Así que esto habla de una competencia que implica esfuerzo y mucha lucha.

Otro significado sería de alguien que está en una competencia constante, por lo tanto, deberíamos traducir esto como que “sigamos corriendo”. ¿Cuál es el sentido de esta oración? Un verdadero discípulo sabe que necesita ponerle un esfuerzo a su relación con el Señor si quiere mantenerse firme y constante en seguir sus pisadas. El sentido de esto es que “en la pista de la fe el corredor no puede desfallecer… necesita correr siempre”

 

Por su invaluable sacrificio

El gozo del sacrificio

Hebreos 12:2b. Jesús tuvo una inmensa agonía la noche previa en el Getsemaní, pero después de saber que la voluntad de su Padre era la muerte en la cruz, enfrentó ese momento con determinación (véase la manera como se adelante a sus captores) y con valentía. Él no se amilanó cuando compadeció ante los gobernadores; pero, sobre todo, enfrentó aquel momento con gozo.

Los hombres que murieron antes y después en una cruz llegaron a ese lugar con un profundo terror y con una gran carga emocional por querer destruir a quienes le condenaban al patíbulo. Pero el único hombre que se enfrentó a ese momento con gozo se llama Jesús.

Para el judío de su tiempo, Jesús fue toda una contradicción de términos. Mientras ellos esperan a un Mesías guerrero, luchador y vencedor, ahora ven a un hombre que tiene gozo, no por pelear contra el gran imperio romano, sino de morir en una vergonzosa cruz, y saber que fueron soldados romanos a quien se suponía que él vendría a vencer, que lo están matando.

Pero así fue. El discípulo de Cristo debe ver este ejemplo de su Maestro. Cuando todo nos parezca sin sentido, miremos a Cristo yendo con gozo a la cruz.

La vergüenza del sacrificio

Hebreos 12:2c. Cuando la Biblia nos invita a poner nuestros ojos en Cristo es para que veamos que para que él fuera el “campeón de la fe”, que es lo mismo que ser el “autor de la salvación” (2:10), nos está invitando para que no nos olvidemos de lo que ha sido lo invaluable, el más grande y supremo sacrificio de nuestra salvación. Las palabras “menospreciando el oprobio” quiere decir “no considerar” o “no valorar”.

Otra vez, cualquier otro hombre que haya ido a la cruz sí le hubiera importado el oprobio (vergüenza) de lo que significaba morir allí. Así que a Jesús no le importó las vergonzosas acusaciones que se levantaron contra él en aquel momento. Él no era ni un ladrón ni un criminal, sin embargo, escuchó a todos (incluyendo antiguos seguidores) decirle que él era igual que los otros que estaban muriendo con él.

Él no pecó ni había hecho nada malo, sin dembargo, a Jesús le acusaron de todo. Por otro lado, este oprobio se ve en la burla a la que él fue sometido. Observe cómo los soldados lo escupieron, lo abofetearon, lo flagelaron y luego lo desnudaron. Él simplemente “sufrió la cruz” de una manera voluntaria.

La gloria del sacrificio

Hebreos 12:2d. Jesús sabía que su muerte tenía dos grandes propósitos. Por un lado, era la salvación de sus seguidores, los que había invitado a poner “sus ojos en Cristo”. Pero, por otro lado, Jesús sabía también que por medio de aquella vergonzosa ignominia estaría glorificando al Padre y después de su resurrección se sentaría en el trono de Dios. Uno de los propósitos de esta carta no solo es hablarnos del horrible sacrificio de Jesús, sino de mostrarnos su mas grande triunfo.

En cuatro ocasiones nos habla de Jesús sentado en el trono de Dios: “El se sentó a la diestra de la Majestad en el cielo” (1.13). “Se sentó a la diestra del trono de la Majestad en el cielo” (8:1). “Se sentó a la diestra de Dios” (10:12) y “Se sentó a la diestra del trono de Dios” (12:2). ¿Cuál es el sentido de todo este texto?

Pues mostrar a sus discípulos que nuestro amado Cristo completó su tarea en la tierra, luego asumió su lugar en el cielo, para asegurarle finalmente al creyente la ayuda divina en la carrera que también tiene por delante. Que, si bien sufrimos acá, reinaremos con él al final de la carrera. Es para decirnos que, así como el triunfó también nosotros debemos triunfar.

Por lo que nos corresponde a nosotros

Consideremos al que sufrió por nosotros

Hebreos 12:3. La palabra “considerad” acá tiene que ver con la palabra “analogía”. Esto es decirle al discípulo que ha sido invitado a hacer de Cristo su “punto de comparación” en toda su vida. Mencionamos esto porque a veces nuestra vida cristiana la queremos comparar con la de otros cristianos, y si no andan muy bien, a lo mejor nos sentimos que somos mejores, o si ellos están muy bien con el Señor entonces nos sentimos peores en nuestro comportamiento.

Pero cuando Cristo es mi punto de referencia, entonces mi visión cristiana cambia porque al final es a él a quien sirvo, a quien amo y a quien sigo. La otra idea de esta palabra es que al ver todo lo que el Señor ha sufrido por nosotros, él seguirá siendo nuestro modelo para mirarlo siempre de modo que no apartemos nuestros ojos de él y poner nuestra mirada en el mundo con sus placeres.

El desafío de este llamado es que a quien necesitamos en la vida cristiana no es a otro sino al Señor Jesucristo. Su sufrimiento será nuestro punto de referencia para cuando pase por la prueba. La idea de esto también es hacer una valoración de lo que Jesús pasó, incluyendo sus contradicciones. Miremos el modelo. Sigamos al modelo. Vivamos para el modelo.

Pensemos en el propósito

Hebreos 12:3b. El asunto de poner nuestros ojos en Cristo es para que nuestro animo no decaiga. Lo más fácil es que suceda esto. Hay creyentes que son muy “blanditos” para usar una palabra coloquial. Se derrumban por cualquier cosa. Algunos hace rato están derrotados y parecieran no querer salir de ese estado.

En algunos la fe se ha visto menoscabada por circunstancias como enfermedades crónicas o graves, mientras que en otros casos hay angustia por los apuros económicos. En otros la pérdida de un ser querido o un profundo desengaño les mantiene con la “capa caída”.

Y es en este sentido cuando tenemos que pensar que la adversidad o aumentará la fe o hará brotar alguna raíz de amargura que estorbará nuestro enfoque en el Señor. Los tiempos de esta presente pandemia parecieran tener como propósito probar hasta dónde podemos mantener nuestro estado de animo en alto cuando las noticias siguen siendo devastadoras en relación con los contagios y con las muertes en todo el mundo.

Pero otra vez, nuestro modelo es Cristo. Observemos que lo de él no fue una prueba como la nuestra, sino enfrentar la cruz. No hemos sufrido como él sufrió.

 

Mirando al cielo

¿Es realmente Jesús mi modelo? ¿Qué es lo que orienta realmente mi vida cristiana? ¿A quién estamos imitando en esta vida de fe? ¿Trato de imitar más a mis hermanos que a Cristo? Como alguien lo ha expresado “no muchos de ellos saldrán de la barca para caminar sobre las olas” como lo hizo Pedro.

La única manera en la que podemos mirar a nuestros hermanos es la proporción que ellos están mirando primero a Cristo. Tampoco aconsejo que miremos al mundo, pues de allí venimos y lo que allí vemos es la negación de Cristo. El texto le ha dado tres razones al creyente de por qué debemos mirar a Cristo.

Por un lado, porque ya otros nos han precedido, porque su sacrificio es invaluable y porque somos llamados a “considerar” lo que Cristo hizo de manera que nuestro ánimo no falle. Mirar a Cristo implica despojarnos del peso del pecado que nos asedia y correr con paciencia la carrera que tenemos por delante. ¿Soy esa clase de discípulo? ¿A quien estoy mirando?

 

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Mariana
Mariana
4 meses de haberse escrito

Buenísimo excelente

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