No te dejaré si no me bendices

No te dejaré si no me bendices

No te dejaré si no me bendices, frase conocida de Jacob, que es todo un desafío para el creyente de hoy. La vida de este patriarca, con sus altos y bajos, es un ejemplo que nos invita a revisar también nuestras actitudes y ponernos bajo la dirección del cielo.

Cambiar el nombre Jacob (suplantador, engañador) por Israel, (príncipe) es el trabajo de Dios. De eso se trata este tema
 

Hebreos 11:21;  Génesis 32:1-13; 22-31

Si tuviéramos que calificar a la presente generación la llamaríamos “la generación de la autosuficiencia”. La formación académica tiene este propósito. Al alumno se le enseña la importancia de valerse por sí mismo sin que tenga que depender de nada ni de nadie.

Las modernas filosofías apuntan hacia esa dirección. Las llamadas técnicas del relajamiento buscan sacar del hombre todas sus capacidades innatas para que descubra que él no tiene necesidad de nada. Pero, ¿sabía usted que la autosuficiencia, tan proclamada en nuestros tiempos, no es ninguna virtud sino más bien es un flagrante pecado, toda vez que su objetivo es sacar a Dios del programa de la vida?

En el mensaje de hoy nos encontramos a un hombre que por muchos años vivió en una condición de autosuficiencia; nos referimos a Jacob. En la larga lista de los héroes de la fe se nos habla de él una sola vez, pero el texto es suficiente para ilustrarnos la manera cómo Dios al final trabaja para modelar el carácter y usar a sus hombres para mejores fines: “Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón” (He. 11:21). ¿Quién fue Jacob? Un suplantador, engañador, manipulador…

Un recorrido por su vida nos muestra la astucia que aplicó con el propósito que todo trabajara para su propio capital. Engañó a su hermano Esaú con el asunto de su primogenitura y luego a su padre para que le diera la bendición. De igual manera utilizó su astucia con su suegro Labán respecto al asunto de las ovejas. Esta situación puso a este hombre en fuga. Jacob parece haber nacido huyendo.

¿Se ha puesto a pensar por qué nació trabada su mano del talón de su hermano Esaú? Pero lo importante de esta historia no es que Jacob haya sido así, sino la manera cómo Dios trabajó en él para que llegara a convertirse en Israel. Amados hermanos, Filipenses 1:6 sigue siendo una esperanza para el cristiano. Dios sigue trabajando en nosotros para que seamos mejores. Tracemos el aprendizaje que hay entre la autosuficiencia personal y la dependencia en Dios.

Esta petición significa que ya no quiero ser el mismo

Dios no nos pone las cosas fáciles

Jacob tuvo veinte años en el desierto huyendo, pero siempre estuvo acompañado de ángeles. Jamás fue abandonado por ellos. Y aquí hay algo digno de apuntar que muy a pesar de la falta de madurez y compañerismo con Dios, él le protegía. La verdad es que nosotros deberíamos agradecer al Señor por los ángeles que nos envía para protegernos aunque no lo merezcamos.

Jacob ha sido uno de los pocos hombres que tuvo marcados encuentros con estos seres celestiales. Sin embargo, aunque Dios le estaba protegiendo, cuidando en todo, no lo estaba malcriando. Dios jamás hará esto con sus hijos. Ubíquese en esta historia. Después de tanto tiempo Esaú viene al encuentro con Jacob con cuatrocientos hombres. Sus intenciones estaban bien definitivas.

Aquel sería el gran momento de su venganza. Pero Dios lo había preparado todo. La intención de Dios no será la de hacerle las cosas fáciles a Jacob (Gn. 31:24). En ninguna otra parte de la vida de Jacob había estado tan asustado como lo manifiesta esta historia.

Y aquí es donde vemos que Dios permitirá que nosotros hagamos las cosas según lo que queremos hasta llegar a un callejón sin salida. Lo permitirá hasta que nos quedemos solos, y a partir de allí comenzar a trabajar. Lo que Dios más anhela es que busquemos la comunión con él. Esta es la parte que muchas veces no entendemos. Y esto es muy importante porque en algún momento tenemos que enfrentarnos con el “Esaú” de quien podríamos estar huyendo.

Cambiar la autosuficiencia por la suficiencia de Dios

Y mientras Esaú se aproxima a su objetivo, Jacob comienza a planificar y a usar su autosuficiencia para enfrentarse a su hermano (Gn. 32:3-5). ¿Puede ver la forma cómo Jacob preparó todo para aquel inevitable encuentro? Por un lado podemos ver la estrategia de dividir a sus animales y a su gente. Pero esta intención, más que agradar a su hermano era para salvar su “pellejo” (Gn. 32:7-9).

Lo otro tuvo que ver en la forma cómo las palabras llevaban la parte de la adulación. ¿Desde cuándo acá había llamado a Esaú mi “señor”, toda vez que lo que había hecho era burlarle y robarle su primogenitura? Un gran terror ha invadido al Jacob que siempre se había salido con la suya. Pero observe lo que hace. Ahora cambia su proceder y traza su plan. Comienza adulando, organiza a sus animales y a la gente en grupos, y después es que ora al Señor (vv. 9-12).

Así que la oración no fue su primera herramienta, lo hizo como un último recurso. Jacob tomó quinientos ochenta animales y los dio en lotes de cinco con el propósito de ablandar la ira de su hermano. Pero, ¿qué estaba mostrando Jacob con esto? Que no es suficiente confiar en Dios sino también confiar en mi propia capacidad para resolver un conflicto.

Estaba pensando que si bien Dios es todopoderoso para sacarle del conflicto, él quiere hacer algo para ayudarlo. Cuando atravesamos una crisis aprendamos a abandonarnos en los brazos del Señor. Él siempre hará mejor las cosas que nosotros.

 

Esta petición significa necesito ser transformado

Cuando la soledad es necesaria

Debemos saber que Dios permitirá el dolor, pero no para perjudicarnos. En lo más serio de un conflicto, Dios está preparando todo para que nos quedemos solos. Eso fue lo que hizo al final con Jacob (Gn. 32:24). Y, ¿quién quiere quedarse solo? Desde el punto de vista humano, a nadie le gustaría quedarse solo.

La presente generación no soporta la soledad. ¿Sabía usted que la TV y la radio se han convertido en los compañeros más buscados por la gente que vive sola? Sin embargo, en la vida es necesario que nos lleguen los momentos de soledad para pensar y reflexionar sobre nuestro andar. ¿

Qué pensamientos vendrían a la mente de Jacob la noche que se quedó solo? Vea que después que hizo todos sus planes, se quedó en absoluta oscuridad. Y estando en esa condición apareció de repente un varón con quien comenzó a luchar.

La lucha con Dios es necesaria

¿Se puede imaginar la escena? Mientras este hombre luchaba con sus pensamientos tuvo que librar otra lucha con alguien muy extraño para Jacob. Desconocemos los detalles de la lucha. No sabemos quién se cayó primero. No sabemos qué sucedió en el forcejeo, pero ocurrió una lucha.

Y, ¿quién era ese extraño con quien Jacob luchó? Era Cristo. Un hombre mortal en lucha con el Dios todo poderoso. Pero mire lo que sucedió cuando ya iba a amanecer. Jacob descubrió que el varón con quien estaba luchando, aun siendo un mensajero celestial, se estaba dejando vencer y le gustó tanto la lucha que osadamente dijo: “No te dejaré sino me bendices” (Gn. 32:25).

Este es el propósito por medio del cual Dios permite que en algún momento nos quedemos solos. ¡Oh, si tuviéramos esta clase de resolución cuando entremos en esta relación íntima con Dios! Mi lucha con el Señor debiera ser hasta ser transformados.

Dios no quiere irse, aunque diga: “Déjame ir”

¿No podía aquel varón haber vencido a Jacob en cualquier momento? Si esa lucha hubiera sido con cualquier otro ángel, Jacob no hubiese pasado del primer round. Era una lucha desigual. Así que el Señor tuvo que herirlo para que dejara de luchar. ¿Por qué las piernas?

El Señor pudo haberlo herido en otra parte del cuerpo pero fue justo allí. Recordemos que él había estado huyendo. Sus piernas habían sido hasta ahora su fortaleza. Herirlo en el muslo era hacerlo en su mero orgullo. Y, ¿por qué sería que el ángel le dice “déjame ir”?

Hay pasajes de las Escrituras que nos muestran a Dios como queriéndose ir, pero lo que está buscando es que tengamos la oportunidad de seguirlo. En el caso de los discípulos que iban camino a Emaús, Jesús decidió seguir de largo pero ellos le convencieron a quedarse.

Dios quiere que lo sigamos con todo el corazón. La intención de Jacob era de seguir huyendo. Pero ahora está cojo, no puede correr, apenas puede caminar. Y Jacob sabía que no tenía ninguna otra esperanza que no fuera el Señor. Dios le hirió pero no le perjudicó.

¿Cree usted que Dios podrá herirlo? Lo cierto es que él le ama tanto que no lo dejará tranquilo en su autosuficiencia. ¿Alguna vez su padre le castigó y le provocó dolor? Hace varios años fui operado del corazón. Tengo una cicatriz en todo el pecho, pero aun cuando el cirujano me abrió para corregirme el problema del corazón, no me perjudicó (Hebreos 12:11).

 

Esta petición signfica que deseo una vida nueva

Lo que Dios usa primero tiene que quebrarlo

El nombre “Jacob” significa: engañador, suplantador. Bien puede decirse que era un “maestro del engaño”. Ahora no se ponga usted mal si tiene un hijo que se llame Jacob porque ese nombre fue cambiado (Gn. 32:28). El nombre Israel significa “Príncipe”. Y dice el texto que el ángel le bendijo allí. Después de eso Jacob llamó el nombre del lugar “Peniel” porque vio a Dios “cara a cara” v. 30.

Déjeme decirle que este el único mortal que vio a Cristo antes de su encarnación. En esa lucha, donde Jacob vence, dijo: “Y fue librada mi alma”. Jacob fue quebrantado porque Dios quería bendecirle. ¿Cree usted que Dios no sabía su nombre cuando le preguntó cómo te llamas? Pero Dios le pidió que lo admitiera. ¿Cuál es tu nombre? Me llamo suplantador, engañador. ¿Sabía que Dios nos va a preguntar lo mismo?

Y a lo mejor tendremos que responder: Mi nombre es ocioso, incrédulo, lujurioso, criticón, legalista, perfeccionista, prejuiciado, chismoso, mentiroso, egoísta… Y para que Jacob pudiera ser bendecido, Dios tuvo lisiarlo. ¿No es esto algo extraordinario?

Un fracaso no tiene que ser lo último en mi vida

Jacob, como dijo alguien: “Dejó de tener un nombre vergonzoso y entró al salón de la fama”. Es cierto que por resto de su vida tuvo que usar un bastón para apoyarse, pero en lugar de terminar sus años postrados y morir en esa condición, se nos dice que antes de morir: “adoró apoyado en un bordón”. La buena noticia para todos nosotros es que todavía Dios no ha terminado. Jacob tuvo varios fracasos, y aunque fue quebrantado, al final Dios cumplió su propósito con un hombre cojo. Recordemos que él fue el padre de las doce tribus, y de Judá nos llegó el salvador. El salmista después de su fracaso dijo esto: “Al corazón contrito y humillado no despreciarás tu, oh Dios” (Sal. 51:17). El que creyente que no se quebranta, no puede ser usado por Dios para mejores fines.

 

No te dejaré si no me bendices

Recordemos que un fracaso no termina con el plan de Dios. Es una paradoja que de hombres fracasados Dios saque lo mejor para lograr sus fines. Así que si usted ha estado huyendo, manipulando, engañando… es hora que se detenga pues todavía hay esperanza para usted.

Si usted es sabio y entendido, no entre en una lucha desigual donde las lleva todas de perder. No viva una vida de autosuficiencia. Aprenda con humildad a depender de Dios. Deje que Dios lo lleve de Jacob a Israel. Recuerde que Dios le ama demasiado para dejarle en esa condición. Si Dios lo está quebrantando es porque lo está bendiciendo. Usted será mejor después de ser quebrantado. Amén.

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