Del escritorio de Julio Ruíz

Que nos amemos unos a otros

Que nos amemos unos a otros

1 Juan 3:11-18

Un patrón familiar seguido por Juan en toda su epístola es el manejo de los contrastes. De esta manera, Juan habla de la luz y de las tinieblas, de la muerte y de la vida, de la verdad y del error, de Dios y del diablo; ahora une estos temas gemelos, el amor y el odio.

 Con su estilo muy suyo, Juan presenta este tema exactamente como va ocurriendo en la vida, no aislado, sino entrelazado. Aquí hay dos emociones opuestas y mezcladas: amor y odio, y Juan las describe para que podamos entender cuáles son estas dos poderosas influencias.  No hay nada más poderoso en la tierra como el amor y el odio. Esta sección, por lo tanto, tiene mucho valor para nosotros. El amor seguirá siendo la distinción de un auténtico cristiano.

Después del amor hacia Dios, el otro gran amor debiera ser el que sentimos por nuestros hermanos.

 Juan no fue un ejemplo al principio cuando habla de amar a los otros. Su carácter, así como el de su hermano Jacobo, le valió el nombre de  los “hijos del trueno”. En una ocasión cuando Jesús quiso ir a Jerusalén donde moriría por nuestros pecados, envió mensajeros delante de él a los samaritanos para la preparación, pero no les recibieron.

Cuando los discípulos Jacobo y Juan vieron esto le preguntaron a Jesús ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? (Lucas 9:54). Por supuesto la respuesta de Jesús no se hizo esperar: “Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas” v. 55, 56.

Cuando Juan escribió este pensamiento a lo mejor tuvo en mente su propio testimonio cuando pidió la destrucción de otros.  Siguiendo, pues, el tema de las pruebas de nuestra salvación, esta es una de las mayores.  ¿Por qué el  amarnos unos a los otros es una de las pruebas  para saber si somos salvos?

Porque el odio mata al amor

El primer hijo nacido era del diablo

Juan 3:12.  La sorpresa de este texto es mostrarnos la primera consecuencia directa del pecado en la humanidad: el primer crimen.  ¿Usted sabía que el primer homicidio se dio después de un culto de adoración?  Sí, se dio entre hermanos de los mismos padres, pero no cualquier padre, sino los padres de donde venimos todos.

A veces me pregunto, por qué el primer pecado visible fue el de un homicidio, y no otro. Cualquier otro pecado se hubiera reparado, pero quién repara el pecado de un homicidio, cómo devolver la vida a alguien a quien se la ha quitado.  Pero hay más preguntas en esta historia, por ejemplo ¿puede alguien viniendo de un hogar cristiano llegar a ser poseído por Satanás?

Pues esto sucedió en el corazón de Caín. Este ejemplo de Juan es muy elocuente porque el odio llega a matar al amor.  A este respecto debemos observar cómo Juan describe a un homicida v. 15.

Este es un versículo muy serio, porque si bien es cierto que Caín le propinó una muerte física a su hermano Abel, Juan nos está alertando acerca del espíritu de Caín rondando en el corazón de aquel que aborrece o menosprecia a su hermano.

El menosprecio hacia otros hermanos pone en evidencia si soy un verdadero cristiano.

Sus obras eran malas

Juan 3:12b.   El texto usado por Juan hace la siguiente pregunta: “¿Y por qué causa le mató?”. Ante esto él mismo responde, diciendo: “Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas”. De acuerdo con Génesis 4, la decisión de Caín de matar a su hermano vino como resultado de la manera cómo Dios miró su ofrenda v. 5.  La frase clave en estas dos ofrendas es “lo mejor”.

Abel trajo lo mejor de su ganado, pero no se dice lo mismo de la ofrenda de Caín. De esta manera, el descontento de Dios se debió a la actitud irresponsable de Caín a la hora de escoger la ofrenda para Él, y al hacer esto, sus obras eran malas. Aquel asesinato no apareció de momento; en todo caso se debió a la falta de controlar las emociones y los deseos malvados.

 Caín acumuló irritación, envidia, resentimiento; después odio, y eso lo llevó al deseo de matar a su hermano.  Mis amados, el espíritu de Caín pudiera estar presente en la vida de muchos llamados “creyentes”, ¿de qué manera?  Cuando mantengo en mi corazón celos, rencores, y hasta indiferencia hacia mis hermanos. Hay muchas maneras de matar el amor, y Juan nos presenta el espíritu de Caín, si me dejo arrastrar por mis propias pasiones y sentimientos negativos.  

Porque amarnos confirma la salvación

Amarnos significa pasar de muerte a vida

Juan 3:14. Juan sigue su larga explicación respecto a la importancia de amar a nuestros hermanos para no estar en el grupo de los “homicidas espirituales”. Quien esto hace, dice Juan, ha “pasado de muerte a vida”. Cuando buscamos esta declaración de la Biblia nos damos cuenta de su íntima relación con la salvación.

Pablo habla del tiempo cuando pasamos de muerte a vida de acuerdo con Efesios 2:1. La prueba del nuevo nacimiento es amarnos los unos a los otros, y esto solo puede suceder cuando tenemos una experiencia real de conversión al Señor.  Un corazón convertido no puede mantener amor y odio a la misma vez.

J.C. Ryle dijo: “La oración y el pecado no pueden vivir juntos en un mismo corazón; o la oración consume al pecado, o el pecado consume la oración”. De igual manera podemos decir: El amor y el odio no pueden vivir juntos en un mismo corazón; porque el amor consume al odio, o el odio consume el amor. Juan dijo: “Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece” v. 13. Dicho de otra manera: es normal que el mundo nos odie, porque vamos en contra de su corriente, pero será una falta muy grave si yo no amo a mi hermano.  Si esto hago, no he pasado de muerte a vida.

El que no ama su hermano permanece en muerte

Juan 3:4b. Este texto pareciera ser más grave de lo imaginado. La doctrina de la salvación se da cuando la persona pasa de muerte a vida. Eso se conoce como el nuevo nacimiento. En ese sentido, el hijo de Dios pasa de muerte a vida, pero la persona que pertenece al maligno permanece en muerte. ¿Cuál es la razón? Porque no ama.

Una prueba inequívoca de esa vida espiritual es el amor. Cuando el amor se manifiesta, la vida florece. Si el amor está ausente de la vida de una persona, será el odio con todas sus temibles consecuencias lo que llenará su vacío. Con esto Juan nos llama a verificar la experiencia de la salvación, siendo el amor por mis hermanos mi más alta distinción.

Cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, mirábamos a las personas con desdén, indiferencia y hasta con prejuicios, pero cuando vine a Cristo supe de otros llamados cristianos, viviendo la misma experiencia como yo. Cuando me uní a la iglesia, allí descubrí un amor fraternal jamás experimentado. Al hacerme cristiano entendí cuán grande es el amor de Dios por cada uno de nosotros, y de igual manera, el amor de mi corazón por aquellos que aman al mismo Dios. Si no amo así, permanezco en muerte.

Porque Jesús es nuestro modelo de amor

Jesús puso su vida por nosotros

Juan 3:16. No hay ejemplo mayor respecto al mandato de amarnos unos a otros como el amor de Cristo. Una cosa es amar de labios y otra muy distinta es de hechos.

 Jesucristo es nuestro modelo supremo cuando hablamos del tema del amor hacia los demás. Su muerte no fue pasiva como el sacrificio hecho con un animal.  Su muerte fue activa y determinada. Por su absoluta decisión dio su vida por los demás.

 En una de sus más grandes declaraciones, cuando se acercaba al final de su vida en el fiel cumplimiento a su misión y destino, dijo: Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13). Jesús dio su vida por nosotros, pero de acuerdo con Juan, se puede aborrecer a los hermanos por quienes él murió.

El amor significa la disposición de hacer cualquier cosa por los demás, lo contrario a esto no es amor. Con este ejemplo, Juan nos anima a considerar el valor de las demás personas. Es estar dispuesto a renunciar a la propia vida para que otros vivan. Nuestra naturaleza egoísta no considera el valor de este sacrificio. Por lo general vivimos pensando más en nosotros en lugar de otros.

 Esto es normal en el mundo, ¿y qué pasaría si esto llega a ser normal en la iglesia?

“También nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos”

Juan 3:16b.  Esta declaración nos compromete a revisar nuestra salvación. El amor que tenga o no por mi hermano, es una de las pruebas de mi salvación. Si no me sacrifico por mis hermanos, y solo velaré por mis derechos, jamás veré en mi hermano la oportunidad de amarle o de servirle.

Mientras no tenga el espíritu de entrega, revelado en Cristo, no estaré dispuesto a sacrificarme por los demás. Juan en el capítulo cuatro va a tocar otra vez este tema, diciendo: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto” (1 Juan 4:20).

 Por supuesto al ver la manera cómo Juan habla del amor, y el odio a la misma vez, uno pudiera reaccionar evaluando los propios sentimientos, y decir que yo no odio a mi hermano según Juan lo dice. Sin embargo, hay muchas maneras de que esto pudiera suceder.Cuando tengo algo contra un hermano y eso me lleva a no hablarle, contestar sus llamadas y hasta ignorarlo, eso encaja en el mensaje de Juan; no estoy dando mi vida por mis hermanos. Hasta dónde me olvido de mi mismo y pienso en mi otro hermano.

Porque nos necesitamos mutuamente

“¿Cómo mora el amor de Dios en él?”

Juan 3:17. Este texto resume nuestro gran compromiso con nuestros hermanos de la misma fe. La pregunta insolente de Caín: “¿soy yo guarda de su hermano?” (cf. Génesis 4:9), hecha por la otra pregunta de Dios acerca de Abel, plantea una respuesta contraria en la vida de la iglesia. ¿Soy yo guarda de mi hermano? Sí, yo soy guarda de mi hermano, pero además de guarda, soy llamado a abrir mi mano y mi corazón para ayudarle.

 Soy llamado para hacer esto, porque esta es la mejor demostración de mi fe. Si no muestro ningún interés por mi hermano, y no me preocupo en aliviar su pena y su condición, Juan pregunta: “¿cómo mora el amor de Dios en él?”. Es como si dijera: ¿Cómo puede llamarse alguien cristiano si cierra su corazón contra su hermano? Juan habla de una condición práctica. Él ve aquellos casos dentro de la congregación de alguien teniendo más que otros, pero cerrando su mano y corazón para ayudar.

Pero este texto va más allá del prurito hecho de ayudar a otros económicamente. También se puede aplicar a aquellos tiempos cuando alguien está pasando por diferentes circunstancias. No cerremos ni el corazón ni la mano para ayudarnos mutuamente.

“No amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”

Juan 3:18.  Este versículo es un ruego vehemente para que los cristianos dejemos la hipocresía. Hablar sin actuar no engaña a mucha gente. A veces hay una gran distancia entre nuestras palabras y nuestros hechos. Es muy fácil, como decía Santiago, dar a algún necesitado palabras de aliento, pero no darle pan y sustento.  Solo cuando Dios nos pide  hacer más los unos por los otros, lograremos entender su amor, y nos evaluaremos si estamos amando de hecho y en verdad, o lo estamos haciendo solo de palabras.

Cuando nos amamos unos a otros,  de manera práctica, la Biblia nos muestra una absoluta seguridad ante Dios, porque estamos haciendo lo correcto delante de él. Pero sobre todo, cuando nuestro amor es de hechos y de palabras, estamos comprobando a quien pertenecemos.

El amor de Dios por nosotros no fue en palabras.  Si bien nos había dejado su palabra en el AT, esa palabra se hizo carne y habitó entre nosotros como su más grande regalo hasta llegar a la misma muerte. Yo comprobaré mi salvación con  Cristo al demostrar mi amor con hechos y no con palabras. “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”. Este es nuestro reto.

Que nos amemos unos a otros

Las casas de los japoneses tienen, normalmente, un espacio hueco entre las paredes de madera. Mientras una persona echaba abajo los muros de su casa, se dio cuenta de que allí había una lagartija inmóvil, porque un clavo, desde fuera, le había atravesado una de sus patitas y la había hecho permanecer fija en la pared. El dueño de la casa, viendo esto, sintió, al mismo tiempo, piedad y curiosidad.

Cuando estudió el clavo, quedó pensativo… El clavo había sido clavado hacía diez años, cuando la casa fue construida. ¿Qué habría ocurrido entonces? ¡La lagartija había sobrevivido en esa posición durante diez años! ¡En un oscuro muro en esa posición durante diez años sin moverse! ¡Es imposible, inimaginable!

Entonces, aquella persona se preguntó cómo esta lagartija habría podido sobrevivir durante diez años sin dar un solo paso ¡si desde entonces su patita estaba clavada allí! Así que, paró de trabajar y observó a la lagartija, preguntándose qué podría haber hecho, y cómo ella habría conseguido alimentarse. Más tarde, sin saber de dónde venía, apareció otra lagartija, con alimento en su boca.

¡¡Ahhh!! Quedó aturdido y emocionado al mismo tiempo. ¡Otra lagartija había estado alimentando durante diez años a la lagartija que permanecía clavada en la pared…!

He aquí un ejemplo hermoso de amarnos los unos a los otros. Recordemos: el odio mata el amor, amarse unos a otros comprueba mi salvación, Jesucristo es la demostración suprema del amor, entonces, demostremos nuestro amor.

Estudios de la serie: Las pruebas de la salvación

Julio Ruiz

Venezolano. Licenciado en Teología. Fue tres veces presidente de la Convención Bautista en Venezuela y fue profesor del Seminario Teológico Bautista de Venezuela. Ha pastoreado diversas iglesias en Venezuela, Canadá y Estados Unidos.

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América
América
6 meses de haberse escrito

Que enseñanza más impactante. No podemos solo hablar bonito , realmente lo que nos califica es lo que hacemos cuando vemos a un hermano en una situación de necesidad, Dios nos ayude para ser prontos a abrir nuestro corazón y nuestras manos 🙏

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