Salvados por el llamamiento del Hijo

(Lucas 19:1-10)

INTRODUCCIÓN: En la predicación pasada decíamos que toda la Trinidad está envuelta en la salvación de nuestra alma. Como vimos, la primera intervención es la del Padre cuando él mismo trae las personas a Jesús para ser salvas. Nuestra conclusión es que el Padre tiene los derechos de propiedad sobre nuestro destino eterno. Ahora vamos a considerar al Hijo, pues los hombres llegan a ser salvos a través del llamado eficaz que Jesucristo extiende. Nuestra próxima entrega tendrá que ver con la obra de regeneración que el Espíritu Santo hace. Para entender este mensaje, proponemos estudiar al diminuto personaje llamado Zaqueo. Esta historia nos muestra de una manera ordenada la eficacia del llamado que Jesús hace a los pecadores. Este encuentro es muy singular, pues no es sino el cumplimiento de las palabras que hicieron los fariseos, cuando dijeron: “Pues éste a los pecadores recibe…”. ¡Qué manera más extraordinaria para describir a Jesús y su misión redentora! Mire al pecador que ahora llama y observe los impedimentos para acercarse a Jesús. Es un hombre de baja estatura; no se sabe si era un enano. Tome en cuenta también la multitud para acercarse y ver a Jesús. Por si la faltara algo, es un cobrador de impuesto, oficio muy aborrecido para su época. Y al menosprecio por su oficio se unía la de su clase social, pues era muy rico también. Sin embargo, él tenía una curiosidad por ver a Jesús. Ya la fama del joven galileo era notoria en todas partes; pero Zaqueo no podía ver a Jesús. ¿Qué hizo entonces? Bueno, hizo lo que seguramente algunos muchachos habrían hecho también: subirse a los árboles. Me imagino que usted recuerda la época cuando se subía a los árboles para buscar frutas o simplemente ver algo que llamaba su atención. Así que este hombre, aunque ya era mayor de edad, trepó el gran sicómoro desde donde tuvo una vista espectacular de Cristo y la multitud. ¿Qué vio él en Jesús? ¿Qué le impresionaría más del joven predicador? Pero la pregunta a responder no fue lo que Zaqueo vio en Jesús, sino lo que Jesús vio en él v. 5. Tracemos los pasos que Jesús da para salvar al pecador por medio de su llamamiento eficaz.

I. EN EL LLAMAMIENTO QUE JESÚS HACE AL PECADOR HAY UNA CONTUNDENTE DEMOSTRACIÓN DE SU GRACIA

Si analizamos bien esta historia, Zaqueo sería la persona menos indicada para ser salva. Veamos su trasfondo y su oficio. ¿De dónde venía? De Jericó. Esa ciudad, de acuerdo a lo que dijo Josué, poseía el estigma de una maldición (Jos. 6:26); así que lo último que pudiera pensarse es que un hombre proveniente de allí se salvara. Pero esta posición no es cónsona con la gracia. Jesús ha dicho que “el que a mi viene no le echo fuera”.  ¿Sabías que la gracia del Señor se pasea por los barrios más lúgubres, por las calles de la prostitución, por los oscuros rincones donde yacen drogadictos, borrachos y todos aquellos que la sociedad ha marcado como no aptos para vivir en ella?  Pero también la gracia se pasea en las urbanizaciones donde vive la gente de clase; los que no sufren de la exclusión social, y a todos ellos llega a través del amor de Jesucristo haciéndolos hombres y mujeres nuevos. Por otro lado, Zaqueo tenía muy mala reputación.  Su ocupación se prestaba para estafar, y no es de dudar que sus riquezas fueran el producto de las trampas. Note que cuando se convierte dice que “si algo he robado, lo devuelvo cuadruplicado”. Creemos que Jesús no le dijo si era ladrón. Pero cuando la gracia lo alcanzó quitó de él cualquier justificación propia. Cuando Cristo llama a alguien no toma en cuenta su lugar, su ocupación o su pasado. Hay algo que debe destacarse en esta historia; por lo general la mirada de misericordia del Señor es hacia abajo, acordándose que somos polvo. Pero el acto de mirar hacia arriba, y en especial a un hombre despreciado como este, nos lleva a ponderar aquel amor llamado “de tal manera”.

II.    EN EL LLAMAMIENTO QUE JESÚS HACE AL PECADOR SE REFLEJA UN  TOQUE MUY PERSONAL

Una inmensa multitud seguía a Cristo, sin embargo él se detuvo para llamar personalmente a un hombre de dudosa reputación. La Biblia nos habla de un llamamiento general cuando enfatiza la labor del Padre trayendo a los hombres a Cristo, pero es un hecho que el llamamiento de Cristo apunta hacia un llamado personal, específico. Cada uno de nosotros debe recordar ese llamado. Usted pudo haber estado en medio de una gran multitud en alguna casa, en algún templo o en algún estadio… pero desde allí el Señor te llamó por tu nombre. Es más, a lo mejor estabas solo y el Señor se ocupó de ti. Se nos dice que grandes multitudes seguían a Jesús, pero él hizo llamamientos personales. Considere la forma cómo llamó a los doce que le acompañaron. Levi (“ligado”) a Mateo (“don de Dios”) y Simón (“audiencia”) a Pedro (“roca”).  A muchos de ellos después de pronunciar sus nombres, les decía: “Levántate y sígueme”. ¿Dónde estaba usted cuando el Señor le llamó? Cuando Jesús llegó al pie del árbol miró hacia arriba, y como él no necesita preguntar por el nombre de las personas, pues conoce a todos por igual, dijo: “Zaqueo, date prisa, desciende…”. Así es como obra el Señor. Hay sermones que son predicados para toda la gente que acude a la casa del Señor, pero hay una palabra de todo lo dicho que penetra solo en tu corazón. El Espíritu Santo toma la palabra expuesta y a través de ella hace su toque especial; el resto no es si no la rendición a Cristo. Los predicadores tenemos el ministerio de predicar y extender una invitación, pero la obra del llamado personal es tarea del salvador eterno.  

III.    EL LLAMAMIENTO QUE JESUS HACE AL PECADOR TIENE EL SENTIDO DE LA URGENCIA

Cuando Jesús vio a Zaqueo lo primero que le dijo fue “date prisa”. La estatura de este hombre suponía caminatas y corridas de pasos cortos. Bien pudiéramos imaginarnos que Zaqueo era un hombre, a lo mejor por su propio trabajo, calculador, que iba sin “prisa, pero sin pausa”. Que se había acostumbrado a un sistema mucha comidad, producto de sus riquezas. Pero ahora escucha una orden nítida. La voz del joven galileo llenó las ramas del árbol cuando dijo: “Date prisa”. Es como si le dijera: “Zaqueo has vivido como bien te ha parecido, pero ahora debes correr para arreglar tu vida”. “Has vivido aprovechándote de los demás por el tipo de trabajo que tienes, pero ahora debes tener urgencia para cambiar tu vida”. ¿Se ha dado cuenta cómo el hombre retiene el llamado divino? ¿Ha visto cómo se pospone el llamamiento que Jesús hace? Con cuánta facilidad escuchan los hombres una voz interna que le dice: “¡Espera!”. Cuánta gente ha escuchado al Señor hablarles a su corazón, pero hay otra voz que le habla a su razonamiento, y le dice: “¡Todavía no!”. A lo mejor algún pecado muy mimado  a través de su vida no le hace levantar su mano y venir a prisa a entregarse al salvador. En el llamamiento de Cristo jamás existe mañana. La Biblia simplemente nos dice: “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazones, como en la provocación”. Satanás sabía que la palabra “mañana” era la mejor arma que los hombres habían descubierto para lograr que muchos de ellos le acompañaran a su propio infierno. Note por qué Jesús llamó a Zaqueo tan urgentemente. Al verlo supo que ese hombre era alguien a quien Satanás le había cegado el entendimiento. Era un esclavo del pecado.  Pero la mirada de Jesús no ha cambiado. Su llamado es al arrepentimiento.  Dese prisa, y venga ahora a él.

V.    EN EL LLAMAMIENTO QUE  JESÚS HACE AL PECADOR SE PLANTEA UN QUEBRANTAMIENTO DEL ORGULLO

Cuando Jesús vio a Zaqueo le dijo que se diera prisa y que descendiera. Quiero pensar que en esta historia hay verdades escondidas que van más allá del acto de bajarse del árbol.   La naturaleza del hombre lo empina. Es más, algunos están tan encaramados en su propio mundo, tan encumbrados en sus propios pensamientos, tan elevados en su vana gloria y orgullo, que no permiten ver a Jesús o dejarse ver por Jesús. El mundo pareciera estar encaminado a levantar al hombre siempre. De modo que mientras más se eleve, mientras más alto de la “rama” pueda estar, entonces es cuando más vale la persona. Si no es así, observe quiénes son los que más reciben honores y pleitesía en la sociedad. Miren cómo adula el mundo a los que están en las altas posiciones. Observe quién es la gente más “importante” de este mundo: los que están en las “ramas” del “sicómoro” viendo hacia abajo. Sin embargo, el llamado de Jesucristo es para que el hombre baje, para que no siga en su posición de arrogancia, de orgullo y de espaldas al Señor. Al hombre que ha descansado hasta ahora en su propia suficiencia, al que ha vivido en una constante indiferencia, a ese hombre el Señor le dice: “¡Desciende!”. Es posible que por la fuerza de la costumbre y por las tradiciones en las que haya vivido, sigas  aferrado a unas fuertes “ramas”,  que aunque escuches una y otra vez al Señor, allí permanezcas indiferente e insensible ante el más extraordinario llamado que se pueda  hacer a hombre alguno. Jesús se acerca mientras sigue caminando por las calles de este mundo a cada hombre y le dice: “¡Desciende!”. Y la pena más grande será que muchos desciendan al infierno un día por no haber descendido a Cristo. Este llamado plantea un quebrantamiento del alma, eso significa descender.

V.    EN EL LLAMAMIENTO QUE JESÚS HACE AL PECADOR EXISTE UNA DISTINCIÓN AMOROSA

Si la gente que llegó aquel árbol ya estaba sorprendida por la forma cómo Jesús venía tratando aquel “estafador” y de la “mala reputación”, lo que ahora hace de llamar a Zaqueo para ir a su casa, tuvo que ser un escándalo mayúsculo. Si en esa multitud había fariseos, estas palabras tuvieron que ser el mayor insulto que Jesús provocaría en medio de estos religiosos prejuiciados e inmisericordes. Pero Jesús no tuvo ningún reparo en decirlo: “Hoy es necesario que pose yo en tu casa”. Jesús pudo llevar a este hombre a un genuino arrepentimiento allí mismo. Él pudo dar alguna orden y algún cambio espectacular hubiera venido. Pero Jesús fue más allá. En su amoroso llamado le dijo que quería ir a su casa. Es más, las palabras “es necesario”, tienen una consideración extrema. ¿Qué había en la casa de Zaqueo que a Jesús le llamó tanto la atención?  Vamos a verlo de esta manera. Primero Jesús tiene un gran interés en su persona y en su familia. Jesús tuvo que saber que ese hombre tenía esposa e hijos. La esposa seguramente sabía de sus trampas y triquiñuelas.  Los hijos de ese hombre a lo mejor estaban contaminados con la mentira. Habrían tenido que mentir para que el padre quedara bien. Pero hay otra razón más. La casa de Zaqueo a lo mejor era sinónimo de estafa. Cuánta gente al pasar por allí, que fueron robados por Zaqueo, llevaban consigo una amargura del espíritu por haber perdido su casa o embargado su trabajo o confiscado algún bien. La casa de Zaqueo al parecer no era un oasis de amor.  Pero lo más importante es que Jesús fue a la casa de ese hombre sin importar lo que era. Lo mismo hace hoy con nosotros. Él quiere venir a nuestra casa también con su toque de amor. ¿Qué clase de casa tienes? ¿Cómo la has convertido? ¿Es un lugar de pleitos, insultos, mentiras, borracheas? Cualquiera que sea la condición, él te dice: “Hoy es necesario que pose yo en tu casa”.

VI.    EN EL LLAMAMIENTO QUE JESÚS HACE AL PECADOR EXISTE LA INTENCIÓN DE QUEDARSE CON ÉL PERMANENTEMENTE

Note las palabras otra vez de Jesús: “Hoy es necesario que pose yo en tu casa”. Hay personas que no visitarían otras casas ni siquiera algunas horas. La casa de Zaqueo no era muy visitada. La gente pasaría siempre de largo. Pero mire lo que Jesús hace. La palabra “pose” quiere decir entrar y sentarse como anfitrión. Jesús no está interesado en una visita rápida a tu casa. A él no le molesta los olores de tu casa. No te va a criticar por los muebles que tienes. No te va a decir nada por el lugar donde duermes, donde moras, donde vives. Él, al igual que Zaqueo, te dice: “Hoy es necesario que pose yo en tu casa”. El llamamiento de Jesús es para hacer una morada permanente. Él no quiere ser un visitante que llegó a tu casa y luego se fue. Hay en la pared de nuestro hogar un pensamiento que un hermano nos regaló en inglés, cuya traducción es como sigue: “Algunas personas vienen a nuestras vidas y se van rápidamente. Algunos permanecen por un momento y dejan huellas en nuestros corazones y nunca más seremos los mismos”. Yo creo que la persona que deja esa huella con la que nunca más seremos los mismos, se llama Jesús. Jesús no viene a tu casa para luego criticar lo que ve. Él viene a posar en ella para transformarlo todo. El llamado eficaz que él hace es para salvarnos para siempre. Hay gente que anda buscando algo permanente. Está cansada de ilusiones pasajeras, de satisfacciones temporales, de breves momentos de felicidad. Jesucristo busca esos corazones porque desea morar en ellos. Note que en esta historia Jesús no está tocando la puerta, él dice “es necesario”. Y esa necesidad es porque quiere tener una morada permanente en cada corazón. Si así él te llama hoy, déjalo que entre.

CONCLUSIÓN: Los resultados del llamado eficaz que Jesús hace al pecador se ve en estas palabras: “Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado” v. 8. No sabemos si Zaqueo quedó en la “banca rota” financiera, pero lo que si estamos seguros es que el encontró la verdadera riqueza que jamás había tenido. Eso es lo que Cristo hace cuando te llama por tu nombre, te ordena a darte prisa y a descender. Él quiere ser el anfitrión eterno de tu corazón. ¿Qué harás hoy con esta invitación? ¿Descenderás y le recibirás en casa o te quedarás en las “ramas” donde has vivido aferrado? Desciende hoy e invita al salvador a tu vida, a tu casa.

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