Del escritorio de Julio Ruíz

Un nacimiento inigualable

Un nacimiento inigualable

Lucas 1:26-38

Para finales de este año, unos 143.080 millones de bebés habrán nacido en el mundo, con un promedio de unos 392 mil de ellos por día.  Esta cifra es sin contar que 25 millones de bebés no nacerán, porque serán asesinados por sus propias madres.

Por lo tanto, muchos hogares se llenan de gozo con estos nacimientos, pero a muchos se les cortará la vida. La pena de esto último es que nadie se enterará de quiénes llegarán a ser ellos si se les hubiera permitido la vida. El nacimiento de un bebé está sujeto a diversas circunstancias.

Sin embargo, hubo un bebé cuya vida estaba ya planificada, y debidamente profetizada, lo cual aseguraba que nada ni nadie detendría su nacimiento. ¿De cuál bebé estamos hablando? Fue el bebé quien antes de nacer ya había creado a su mamá, y era más viejo que su papá.

Además, cuando ese bebé nació ya había creado el mundo, incluyendo el pasto que sirvió de colchón para ser puesto en su pesebre. Hablamos del nacimiento más controversial en las discusiones teológicas y filosóficas de todos los tiempos, porque en la mente de muchos este nacimiento es una locura impensable. Sin embargo, Jesús no fue el Hijo de Dios porque nació de una virgen.

Cuando Jesús nació de María ya era el Hijo de Dios. Él estaba antes del principio, y es el origen de lo que tuvo un principio. Nadie nació como el bebé de Belén entonces ¿por qué su nacimiento es incomparable? ¿Qué lo hace tan único y por qué celebramos con tanto gozo y alegría su nacimiento?

Porque es el único nacimiento angélicalmente anunciado

“¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo…”

Lucas 1:28. Siempre he pensado en el privilegio que tuvieron los hombres del Antiguo Testamento en recibir y hablar con ángeles. Hubo un solo caso donde un ángel se le había aparecido a una mujer (la mamá de Sansón), y no se había dado otro caso, sino hasta la visita de uno de ellos a la virgen María. Observe el saludo. “¡Salve, muy favorecida!” Este saludo significaba un honor muy especial otorgado por Dios. ¡Ella simplemente fue “muy favorecida”!

Cuando uno se pone a ver las aspiraciones de las señoritas de aquellos tiempos y las de hoy, la diferencia es muy grande. El asunto más anhelado para una adolescente en los tiempos de Jesús era que en su vientre pudiera tener al Mesías prometido; por lo tanto, para ellas, la virginidad era algo sagrado debido a ese propósito. ¿Le importa a la joven de hoy la virginidad?  

Además de ser favorecida, le dijo: “el Señor es contigo” (1:28), y le añadió algo más extraordinario, al decirle has “hallado gracia delante de Dios” (1:30). Gabriel le dijo a María exactamente lo que Dios vio en ella. ¿Qué vio Dios en aquella virgen de unos 15 o 16 años para ser escogida y visitada por uno de los ángeles más poderosos para dar este tipo de mensajes?

Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

Lucas 1:31.  El ángel entró sin pedir permiso a la casa de María y le habló acerca de la decisión celestial. Para ese entonces ella estaba casada, pero todavía la ceremonia no se había consumado. Sin embargo, el ángel le dice directamente: “María, vas a tener un hijo”. Como era de esperarse, María hizo la pregunta lógica: “¿Cómo será esto?  pues no conozco varón”.

Mire la respuesta del ángel vv. 35-37. Subraye esta frase: “Nada hay imposible para Dios”. ¿Cuál fue la respuesta de María v. 38? He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. La navidad es la proclamación del nacimiento virginal, y eso no depende si usted lo acepta o no para que sea válido. Usted ni yo tenemos que entenderlo para que sea cierto.

Hay muchas cosas que no entendemos, y las mismas nos parecen inexplicables. Pero son esas cosas incomprensibles, como el anuncio del nacimiento de Cristo, el terreno donde nuestro Dios se mueve.

El nacimiento virginal de Cristo es el asunto de mayor desafío para ser aceptado por cualquier mente racional. ¿Cómo puede nacer un niño sin el proceso humano? Así como no se puede explicar como una vaca negra, comiendo pasto verde da leche blanca y al batirla de mantequilla amarilla. Solo Dios conoce estos misterios.

¿Cómo será esto? pues no conozco varón

Lucas 1:34.  María hizo la pregunta que mucha gente se hace. Estamos en presencia del primer caso que rompió con el orden natural y biológico.  Sin embargo, esto no sería así si aceptamos lo que el ángel dijo: “Nada hay imposible para Dios”. Déjeme decirle que Dios no está impedido por las leyes que él mismo ha creado. Un milagro es la alteración del orden natural de las cosas.

No debiéramos tener problemas en aceptar el nacimiento virginal si aceptamos el hecho de la creación. Si usted admite Génesis 1:1, no tendrá problemas en reconocer los demás milagros. En el principio Dios creó los cielos y la tierra; y, ¿de qué la hizo? ¡De la nada! ¿Tiene usted problemas con el nacimiento virginal? Déjeme recordarle esto: Dios creó al primer hombre sin padre ni madre del polvo que él mismo hizo. Pero el polvo que sirvió como materia prima para hacer al hombre fue hecho de la nada.

Es posible que para usted el nacimiento virginal sea un misterio, pero no lo es para Dios, si entendemos la creación misma. No nos preocupemos si no podemos explicar el nacimiento virginal, así como no podemos explicar la naturaleza de Dios. Mis amados, si pudiéramos explicar a Dios, dejaría de ser Dios.

Porque es el único nacimiento proféticamente anunciado

Os ha nacido hoy un salvado, que es CRISTO el Señor…

Lucas 2:11. Hasta el día de hoy, que se sepa, no ha habido ningún otro acontecimiento del cual se haya profetizado la razón de su nacimiento.  ¿Qué hace el nacimiento de Jesús tan especial? Un profeta habló de la ciudad donde nacería ocho siglos antes (Miqueas 5:2), y otro habló de una virgen que lo tendría 700 años antes también (Isaías 9:7).

El mismo profeta Isaías habló de él como el Emmanuel, el Verbo haciéndose carne. De esta manera, el anuncio del ángel acerca del lugar no fue sino el fiel cumplimiento de este hecho único, y totalmente planificado por Dios.  Un Dios encarnado fue necesario para nuestra salvación. ¿Por qué? Porque Dios le dio dominio a Adán y a Eva, pero pecaron y ese dominio se perdió.

Después ellos se convirtieron en esclavos de Satanás e infectaron a toda la raza humana con su pecado. Nuestro dominio se perdió por un hombre, y la única manera en que puede ser devuelto es por otro hombre. En la actualidad estamos representamos o por Adán o por Jesús. En Adán todos morimos, pero en Cristo todos somos vivificados. Jesús, el último Adán, vino de una virgen para deshacer lo que el primer Adán hizo.

Y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS…

Lucas 1:31.  El bebé de Belén pudo haberse llamado Juan, Alberto o Pedro, pero el ángel le dijo a María que se llamaría “Jesús”, porque su nombre significa “salvador”. Pero, para ser un salvador, él tenía que morir. Esto no lo entendía ni la misma María.

El Mesías esperado por todos era un guerrero triunfador, ¿cómo se explica eso? Porque la salvación traída por Jesús no era militar, sino espiritual. El pecado debería ser expiado con sangre derramada; en eso consistía la tipología de los corderos sacrificados por el pecado. Jesús sería ese cordero, pero no cualquiera, sino el “Cordero de Dios”.

Era un cordero sin mancha, por lo tanto, tenía que ser un hombre perfecto para salvarnos. Todos somos hijos de Adán y Eva por nacimiento, pero ninguno está calificado para morir por otro (Romanos 5:12). Tome en cuenta esto, si el Señor hubiera nacido como uno de nosotros, él sería un hijo de Adán, y como tal hubiera sido pecador. Así que esto le imposibilitaba ser sin mancha, y por supuesto salvarnos.

La respuesta de Dios para salvarnos es un hombre, pero un hombre sin pecados. Un hombre perfecto. El Dios hombre. El Señor Jesús. De eso se trata el mensaje profético asignado por el ángel.  

Porque es el único nacimiento divinamente anunciado

El Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios… 

(Lucas 1:35). Como lo había anunciado Isaías, el ángel le revela a María la naturaleza divina de aquel bebé cuyo nombre fue Jesús. Ahora como Hijo de Dios, él comparte la naturaleza del Padre. ¿Quién es este bebé nacido de una virgen? ¿A quién se pareció Jesús? ¿A María o a José? Pues no se parecía a ninguno de los dos. Este ha sido el único bebé que nació sin los genes de sus padres. Entonces ¿a quién se pareció Jesús?

Pues es parecido a Dios, porque él mismo es Dios. Muchos no aceptan esto. Los mormones piensan que Jesús es un dios, pero no el Dios verdadero. Los Testigos de Jehová sostienen que Jesús fue una creación de Dios.  Sin embargo, esto es lo que nuestra Biblia nos dice: “Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino” (Hebreos 1:8).

Jesús es el hijo terrenal con un Padre celestial, pero a su vez es el Hijo celestial de una madre terrenal. Ese bebé acostado en el pesebre, envuelto en un pañal, con sus piecitos tocando la paja, es el poderoso Dios del Génesis 1:1 y de Juan 1:1. Jesús no comenzó con María en Belén, él existió desde siempre con el Padre eterno. Fue hijo de María, pero primero fue Hijo de Dios.

Y será llamado Hijo del Altísimo

Lucas 1:31. María había sido instruida como toda mujer judía respecto al venidero Mesías, pero ella nunca había oído acerca de todos estos títulos dados por el ángel. Oyó decir que se llamaría “Jesús”, pero ahora también oye que será llamado “Hijo del Altísimo”.

El hijo tendría una naturaleza humana y divina a la vez. No sería el hijo de un padre terrenal, sino el Hijo del Altísimo. ¿Y quién es el Altísimo? Pues el Dios de los cielos.   En el vientre virginal de María, Dios, por medio del Espíritu Santo, estaba dando a luz la parte humana de la segunda persona de la Trinidad, nuestro Señor Jesucristo.

Cuando María escuchó toda esta revelación, prorrumpió en el más excelso cántico que aparezca en las Escrituras. Pero ¿qué más le dijo el ángel? Le dijo que el niño sería “grande”. No con la grandeza humana, sino con la divina Aunque iba a recibir de parte de su Padre “el trono de David”, para mantener la línea mesiánica, el reinado de ese niño no era parecido al de los reyes de Israel, cuya referencia más notoria era el reinado de David, sino que “reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. María recordaría a muchas madres que concibieron a reyes que al final murieron, pero ella sería la única que pariría a uno que ya era eterno. ¿Podemos entender esto? No, eso es un misterio.

Un nacimiento inigualable

En el año 1912 Londres fue escenario de una gran exposición de pinturas. Había óleos representando todas las latitudes. La belleza del Canadá, las costumbres de Australia, el verdor de Escocia, etc. Sin duda, los lienzos de mayor prestigio fueron presentados por un renombrado artista africano que con trazos magistrales ganó de inmediato el aplauso del público.

En sus obras de la agreste selva, su mundo traído al lienzo al desnudo apareció la imagen de un Cristo negro. La originalidad de su trabajo la explicó con palabras llenas de emoción. Lo pintó negro porque así lo sentía suyo, compañero de su raza y su dolor, partícipe de su desprecio y soledad. A través de todos los siglos el hombre ha tratado de interpretar a Cristo. Leonardo Da Vinci lo pintó como italiano; el Greco, con rostro de español y cada uno de nosotros lo asimilamos a nuestra singular experiencia.

Este es el misterio de Cristo que siendo Universal es también individual, compañero de nuestra vida, amigo inseparable, consejero, redentor, Salvador eterno. Cristo quiere ser hoy tu Señor, ancla de fe en tu vida, antorcha de tu esperanza y objeto de tu adoración y amor (Tomado de Sigume.net). Esta fue la razón de su nacimiento.

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Julio Ruiz

Venezolano. Licenciado en Teología. Fue tres veces presidente de la Convención Bautista en Venezuela y fue profesor del Seminario Teológico Bautista de Venezuela. Ha pastoreado diversas iglesias en Venezuela, Canadá y Estados Unidos.

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