Una discipula llamada Gacela

(Hechos 9:36:42)

 

INTRODUCCIÓN: El libro de los Hechos nos muestra ahora el caso de una mujer laboriosa y generosa,  cuya vida fue  interrumpida por una muerte prematura. Estamos hablando de Dorcas de la ciudad de Jope, conocida en la  historia por el embarque de la manera que Salomón usó para el templo y el puerto donde Jonás zarpó en su desobediencia para huir a Tarsis. No sabemos nada de lo que esta mujer dijo, pero sí sabemos mucho acerca de lo que hizo. No tenemos un registro de sus palabras, pero tenemos abundante material respecto a su trabajo. Su vida consagrada y sacrificada al Señor es una historia que nos muestra las características de un verdadero servicio al Señor.  La mayoría de los comentaristas piensan que Dorcas era viuda o soltera,  porque no hay mención de ningún hombre en su vida. El nombre “Tabita” en arameo,  y “Dorcas” en griego, significa  “gacela”. Una gacela era una criatura con impresionantes ojos y pies rápidos. Algunas de ellas pueden alcanzar velocidades hasta de de 100 km/h, y mantener una velocidad de 50 km/h por un largo periodo. Esto indica que los depredadores de tan apetecible presa no le es tan fácil agarrarlas. Se dice que es el animal que duerme menos, de modo que de las 24 horas del día solo hace una  y en intervalos. Esto habla de la vigilancia de esos animales debido a lo apetecible de su carne.  Por otro lado, la Biblia presenta a la gacela como figura del amor romántico (Ct. 2:7). Y cuando el escritor sagrado quiso comparar la rapidez de los  tres primeros hombres de David: Joab, Abisai y Asael, se dice que corrían tan ligero  como una gacela salvaje. (2 Sam. 2:18). De esta manera, la figura de la “gacela” aparece como parte del significado del nombre “Dorcas” para ilustrarnos la belleza de su carácter, pero también su inteligencia y su vigilancia. Su vida es una conjugación de virtudes por las que se le llama en la Biblia “discípula” de Cristo. Según Dorcas, ¿quién, pues es un discípulo?

I.  EN LA VIDA DE DORCAS ENCONTRAMOS EL CARÁCTER QUE EXIBE  UN

VERDADERO  DISCÍPULO

 

1. Un amor especial v. 36. Lo primero que notamos acá es que  Lucas no dice que esta mujer era costurera, pues ya ese era un prestigio  ganado. Tampoco dice que era una comerciante, una doctora, una licenciada o una abogada. Lucas  dice simplemente que había una “discípula”. La hermosura de una mujer no es por lo que  tiene, hace o cómo que se viste. La verdadera hermosura se da por lo que deben ser: Discípulas. Esta calificación no fue dada por casualidad. Dorcas aparece en el Nuevo Testamento como la única mujer identificada  como una discípula. Esto nos llama la atención porque ni siquiera a María o Marta  o Priscilla o cualquier otra mujer con virtudes sobresalientes, recibieron esta distinción. ¿Qué hizo a Dorcas una discípula de Jesús? ¿Cuánto amor tenía esta mujer por Cristo que pasó a la historia como la discípula de Jope? No sabemos si esta mujer tuvo algún amor en su vida, pero lo que si revela esta sola frase es que ella amaba con devoción infinita a su Señor y salvador.   ¿Qué había en su carácter  que se le distinguió de esta manera? Dorcas no tuvo problema con su soltería porque el amor a Cristo y al prójimo llenó su vida. Ningún amor reemplazará al que Cristo nos ofrece.

2. Una compasión especial  (Mt. 9:35-36). Considere la hermosura y el carácter de esta mujer a quienes la llamaban “discípula”. Dorcas recibió este reconocimiento por la devoción que tuvo por su Señor. Un discípulo es un aprendiz, un seguidor; alguien que está decidido a ser como su maestro. Lucas 6:40 nos dice que “el discípulo no es más que su maestro, más todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro.” ¿Llegó a tener Dorcas el carácter de Cristo cuando se le calificó de esta manera? Uno de los elogios más alto que alguien pudiera poseer  es que se diga de él o ella  “actúa como Jesús” en todo lo que dice y hace.  Dorcas poseía la misma compasión  de Jesús que Mateo registra en  su libro (Mt. 9:35-36). Esta parte de su carácter era tan grande que nadie quiso su muerte, de allí su pronta resurrección. La compasión es una marca distintiva de un auténtico discípulo. Si esto falta en un creyente debe revisar su discipulado.

3. Una fe especial. Ciertamente Dorcas no aparece entre las heroínas de la fe al mejor estilo de Debora o de Rahab, pero la fe que depositó en su salvador amado la condujo a ocupar un sitiar de honor en la vida de todas las personas que tocó con su ejemplo y dedicación. Por supuesto que la verdadera fe debe ser demostrada, pues como dice Santiago,  de qué nos sirve una fe sin obras. El resultado de esto es  una fe muerta. La fe de Dorcas es admirable. Como vamos a ver luego, ella tuvo bajo su responsabilidad el sostener una especie de “sociedad de viudas” y eso requirió de mucha fe para sostenerles a todas. Su fe le llevó a encarnar la definición de la verdadera religión que Santiago nos presenta, diciéndonos: “La religión pura y sin mácula delante de nuestro Dios y Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Stg. 1:27). La fe forma parte del carácter de un auténtico discípulo del Maestro, pues  “sin fe es imposible agradar a Dios”.

  1. EN LA VIDA DE DORCAS ENCONTRAMOS LAS ACCIONES DE UNA FE                                   RESPALDADA POR  OBRAS

 

1. Manos hacendosas v. 39. Dorcas fue una mujer con una capacidad emprendedora que hizo mucho más especial su carácter. Se nos ocurre pensar que esta mujer debió tener una empresa que llevaba el sello distintivo de sus manos hacendosas.  Las viudas daban cuenta de sus buenas obras a través de los vestidos  y las túnicas que hacía. Su trabajo no tenía nada que envidiarle a los confeccionistas modernos, pues ya era conocido en toda Jope el trabajo laborioso de esta distinguida discípula. Bien pudiéramos decir que la “marca Dorcas” (por ponerle un nombre), debido al encomiable valor de vestir a las viudas, ya tenía su lugar ganado en la sociedad de Jope. Una devoción sin acción no hace un real discípulo. Después de entregar el corazón, lo primero que hay que darle al Señor son nuestras manos y nuestros pies para que él los use, pues como alguien dijo: “El Señor no tiene más manos y más pies en la tierra que los nuestros”.  El evangelio según “Santa Dorcas”, si es que pudiéramos asignarle esto a sus méritos, se tradujo en acciones concretas. Fuimos creados en Cristo Jesús para buenas obras.

2. Viudas agradecidas v. 39b. Lucas nos revela en este versículo dos aspectos conmovedores. Por un lado el trabajo de las túnicas y los vestidos que con gran orgullo presentaban las viudas con las que Dorcas les vestía; y  por otro lado,  ver a las viudas llorando por la ausencia de su protectora. La verdad es que ninguna escena conmueve más que ver a un huérfano y a una viuda llorar. Veámoslo de esta manera. Por seguro esas viudas a lo mejor todavía lloraban la muerte de sus esposos; y cuando lograron calmar un poco su pena por el ministerio bondadoso y esplendido de esta “gacela del Señor”, ahora volvían a quedar viudas, pues Dorcas llegó a  suplir lo que antes hacían sus esposos. De modo, pues, que la muerte prematura de esta amada mujer trajo un llanto inconsolable y una especie de determinación para que Talita siguiera con ellas. “No tardes en venir a nosotros” (v. 38) son palabras que están llenas de una gran fe y mucha esperanza, pues esta discípula ahora está muerta. ¿Pensaban ellos en una eventual resurrección? Bueno, lo cierto es que aquí entramos en la cumbre de toda esta historia que tendré un final feliz.    El trabajo que se hace para Dios y el prójimo ni la muerte misma logrará detenerlo. Nuestro evangelio debe ir acompañado de acciones. No nos cansemos, pues,  de hacer el bien (Ga. 6:9).

3. El dinero también cuenta para la obra v. 36b.  Lucas se asegura en decirnos que esta discípula “abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía”. De esto se desprende que sus obras eran tan abundantes como sus ofrendas para apoyar a la obra. Así que esta mujer no solo puso sus manos al servicio de Dios sino también su dinero. He aquí otra cualidad que hace distintivo a un auténtico discípulo de Cristo. La verdad sea dicha en todo esto. Yo no puedo pretender ser un discípulo de Cristo si no le consagro también mis bienes. Hay muchos creyentes que han sido muy mal discipulados, pues pretenden que el servicio al Señor consiste solamente en asistir a sus cultos, pero no comprometerse. El trabajo que  Dorcas hacia  con  las túnicas y los vestidos, parte de sus ganancias eran traídas para ayudar en el sostenimiento de la obra. De esta manera, ella no solo vestía a las viudas, sino que también aliviaba su carga social. Mis amados hermanos, seremos realmente discípulos de Cristo en la medida que traemos lo que le  corresponde a Dios en relación a nuestros  diezmos y ofrendas para bendecir a otros. La vida cristiana se disfruta a plenitud cuando usamos nuestras manos y también el dinero  para su obra.

  1. EN LA VIDA DE DORCAS ENCONTRAMOS LAS RAZONES PARA SEGUIR VIVIENDO

 

1. Muy buena para morirse v. 37. La muerte de un ser amado es siempre dolorosa, pero cuando ese ser es parecido a Dorcas, el dolor no tiene comparación. El llanto de las viudas amparadas por esta discípula tuvo que ser desconsolador. La pérdida era muy grande. Ahora ellas se sentían doblemente viudas. Aquellas mujeres fueron literalmente vestidas de la compasión de Dorcas. Cada una de ellas fue vestida a su talla, por lo tanto Dorcas les conocía de forma individual, así como Dios nos conoce también. De modo, pues, que en virtud de semejante pérdida, algo había que hacer. Pero la pregunta que  había en el ambiente era ¿cómo alguien tan bueno podía morir? ¿Cómo podía truncarse  la vida de una mujer de cuya fuente surgía tanta bondad? Cierto, había que hacer algo, aunque ahora Talita esté preparada para ser enterrada. Una vida tan entregada al Señor no debiera ser interrumpida, aunque la muerte tenga esa intensión. La gente que depende de nosotros nos requiere vivos. La obra que hacemos para el Señor todavía no está consumada. Así que esta historia pareciera decirnos que valemos más vivos que muertos. Un discípulo de Cristo trae consigo la motivación para seguir viendo.


2. De vuelta a la vida v. 40.
El hombre encargado para que Dorcas siguiera con vida y sirviendo al Señor, fue Pedro. Así que fue traído  al mejor estilo de su Maestro en estos casos, para proceder a realizar un milagro que sería imposible: resucitar a esta discípula. ¿Por qué Dorcas fue resucitada de entre los muertos, mientras que alguien como Esteban no lo fue? ¿Se imagina las conversiones que vendrían por su testimonio? Bueno, Dios tiene sus planes. La muerte de Esteban contribuyó a la conversión de Pablo, mientras que en el caso de Dorcas, Dios no quería que se muriera la compasión en la iglesia. La muerte de Dorcas generó una gran crisis de compasión y  la iglesia no estaba preparada para cubrir las necesidades de las viudas.  La resurrección plantea la continuidad de la vida, por lo menos esto fue lo que sucedió en los otros casos donde vemos este milagro en la Biblia. Elías resucitó al hijo de una viuda, quien llegaría a ser su sustento (1 Re. 17:17-22).  Eliseo resucitó al hijo de la mujer sunamita por ser también su único (2 Re.  4:32-35).  Jesús resucitó al hijo de la  viuda de Naín (Lc. 7:11-15) y también lo hizo con la niña de doce años (Lc. 8:49-56). La resurrección de Lázaro tuvo un gran propósito, pues además de la demostración del poder del Señor, también lo fue por el servicio que prestaba esta familia al Señor y su ministerio (Jn. 11:1-44). El otro caso que tenemos es el de Pablo resucitando al joven que cayó muerto (Hch. 20:9-10). Todos ellos honrarían en gran manera al Señor al ser devueltos a la vida. Esto pasó con Dorcas. La razón por la que Dios nos mantiene con vida es para que sirvamos. Se ha dicho que si uno no vive para servir, no sirve para vivir.

 

CONCLUSIÓN: La conclusión de esta sorprendente historia es que Dorcas era demasiado buena para que muriera pronto.  Pedro fue invitado para que la compasión en la iglesia no muriera. Considere la forma cómo él procedió en este milagro. Como él no estaba interesado en una especie de  “show mediático”,  procedió a sacar a todos de la casa, y allí, solo con el cuerpo, oró diciendo: “Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó”. Y en efecto, después de esto Dorcas se incorporó a la vida y al servicio. El llanto de las viudas se convirtió en gozo. La muerte fue vencida y como resultado “esto fue notorio en toda Jope, y muchos creyeron en el Señor” v. 42. El testimonio y la resurrección de Dorcas trajo un gran avivamiento en Jope. Este el propósito de un milagro. La orden de Pedro de levantarse sigue vigente hasta ahora. El Señor también nos llama a levantarnos. Somos más útiles de pie que sentados o acostados. Así lo dijo Pablo después:“Despiértate, tú que duermes,
y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo…” (Ef. 5:14).
¡Levántese para servir ahora!

 

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