Una nueva espiritualidad bajo riesgo COVID-19

Me siento sumamente angustiado; por eso, mi Dios, pienso en ti. . . Salmos 42:6 (NVI)

Momentos sin precedentes vive la humanidad, el terror y el miedo han inundado las calles de la mayoría de los países del mundo, un riesgo silente, invisible recorre los barrios, las urbanizaciones y las residencias, una amenaza que no distingue clase social, credos, creencias ni ideologías. El mundo se debate con un enemigo inesperado pero real, poniendo a prueba sistemas políticos, económicos y sociales. A esta hora probablemente en muchos países no se ha experimentado lo peor. Son muchas las pérdidas humanas en muchos lugares del mundo, y muchos más hoy se debaten entre la vida y la muerte. Los expertos en las ciencias de la salud luchan día y noche por encontrar una cura y vacuna para contrarrestar y frenar esta pandemia mundial. Un reconocimiento a todo el personal de salud que lucha en los hospitales, muchos han dado su máximo sacrificio por sus pacientes.

En medio de toda esta convulsión que pareciera una pesadilla, de las peores, estamos observando por diversos medios, lo que podemos catalogar como un despertar espiritual en muchas personas alrededor del mundo, el ser humano se ha enfrentado con una realidad que le está llevando a un acercamiento espiritual, para encontrar respuestas a las más profundas preguntas existenciales que nos abordan en estos momentos. Nos estamos enfrentando con la dura realidad de nuestra finitud y limitante humana, el dinero no lo resuelve todo, la vida sin la salud no es vida, y muchas reflexiones más.

Pedro Vigil nos sugiere: “La espiritualidad como patrimonio de la humanidad” 1 , es una nota inclusiva, que nos reconecta con nuestra más profunda necesidad, la necesidad espiritual que es una necesidad y a la vez una realidad, es decir, Dios nos hizo, pero lo hizo a su “imagen y semejanza”, esto nos afirma que el ser humano es un ser espiritual, o con necesidad de lo espiritual en su vida. Esta descuidada carestía, que hemos intentado de suplir con otros aspectos fútiles, vanos e insignificantes, cosa que no habíamos notado hasta estos días. Intentos fallidos nos desvisten totalmente y nos arrojan al vacío existencial. Esto no es malo del todo, ya que es en esto momento donde podemos desarrollar la capacidad de una sincera introspección que en otro momento no estábamos capacitados para hacerlo.

Nos hemos revisado, y hemos encontrado con los anaqueles vacíos, con poca dotación de virtudes del espíritu para afrontar la magnitud de esta prueba, pero esto no es malo del todo, porque no representa de todas las cosas, al contrario, puede convertirse en el principio de un nuevo paradigma espiritual para la humanidad. El despertar espiritual se nos asoma acompañado por un tiempo de desabrimiento, que es útil para despertar del profundo sueño a la humanidad, que había tildado de religiosidad inservible para un mundo modelado por los avances tecnológicos y la nadería de las tendencias en el mundo virtual.

Hoy observamos a ciudadanos de todo el mundo citando la Biblia, buscando refugio en salmos, oraciones y conexiones virtuales, acudiendo a su propia revisión, para encontrar cosas que emendar, es en el seno del hogar, la base de la sociedad, donde debemos reencontrarnos con Dios y nuestras familias, porque es en familia donde debemos elevar nuestras plegarias, la tarea que nos urge es el cambio, salir ilesos no se logra solamente con eludir al virus y sus consecuencias, la idea es la metamorfosis espiritual, que inunde la totalidad del ser.

Planteamos el título de una nueva espiritualidad, no porque se esté inventando, sino más bien, porque es una novedad en un mundo asediado angustiado y agobiado. Los recursos espirituales siempre han estado disponibles, solo que hoy la situación nos impulsa a recurrir a ellos, repito esto no es malo, todo lo contrario, es bueno. Esta nueva espiritualidad debe tener como enfoque central la gracia, la esperanza y el amor entrañable de Dios por la humanidad, no se requieren mensajes con artilugios de juicios ni decretos de condena, esta nueva espiritualidad se cimienta en la obra redentora de Cristo, el mensaje es el evangelio, la predicación de una segunda oportunidad, la oportunidad de la fe en Cristo. Son las buenas nuevas las que alienta y sustenta esta nueva oportunidad.

Los pulpitos deben trabajarse en cuarentena, la madera de ellos está siendo pulida, para brillar con la luz de esa antorcha que no se esconde, porque el llamado es a ser luz y sal, los corazones atentos y necesitados de ese encuentro con la gracia de Dios. Solo su gracia nos sustenta. Este nuevo despertar espiritual se concibe en la angustia pero nace en la esperanza, el parto es sumamente riesgoso, pero el alumbramiento nos recuerda la escena de un pueblito llamado Belén, donde se inició el nuevo paradigma, el Dios trino de la eternidad, se hizo carne y habito entre nosotros, y vimos su gloria, como la del Unigénito de Dios. Hoy nos acompaña el Verbo Encarnado, nos alienta a conectar con El, en esta nueva espiritualidad bajo riesgo COVID 19.

Msc. Darío J. Ortega B.
Teólogo
Terapeuta Psicosocial
Coaching de Liderazgo
Pastor en la I.B. MUF Valencia (Venezuela)
Redes sociales: INSTAGRAM @mufvalencia @darluz.ortega
Facebook:
Misión Última Frontera Valencia

1 Casaldaliga, Pedro; Vigil, José, Espiritualidad de la Liberación, Serie Presencia Teológica, Editorial Sal Tarrae Santander, España 1992. (ir arriba)

 

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Angel Luis Perez
Angel Luis Perez
1 mes de haberse escrito

Mientras leía también recordaba una profesía que David Wilkerson anunció en el 1986, que retrataba con mucha exactitud lo que estamos viendo hoy y que decía que el propósito y final resultado sería un gran avivamiento. Él no pudo ver el cumplimiento de su profesía ya que murió en el año 2011. Sin embargo, hasta el momento pienso que ha sido la profesía más certera que he leído. Si esta situación trae dicho avivamiento está por verse, aunque lo que estoy viendo apunta a que nos dirigimos a eso. Siempre me decía que sabía que Dios tenía un propósito en… Leer más »

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