Los siete Pecados Capitales, Parte 2

La Irresponsabilidad de la Acidia 

La "acidia" es el segundo de los Siete Pecados Capitales, conocida en nuestro medio como la pereza. Son sus sinónimos: la desidia, la flojera, la negligencia, el desgano, el desinterés, la holgazanería y la vagancia. Este mal del espíritu se ha calificado como el pecado "metafísico" por la incapacidad que posee de una manera intrínseca para aceptar y hacerse cargo de la vida misma. La pereza o el ocio no parecieran constituir una falta a simple vista, para que se le otorgue el título de pecado capital; más bien son los efectos, eso es, la manera irresponsable cómo actúa en determinadas ocasiones contra su prójimo, obviando las obligaciones que nos son inherentes hacia ellos. Aquí también mencionamos que la falta de la observación de los preceptos divinos, aquellos donde se hacen presente los ejercicios de la piedad y la vida religiosa, permiten que la pereza conforme esta lista. Así tenemos que, si de una manera deliberada y con plena anuencia de la voluntad, sentimos antipatía de las cosas a las que estamos obligados: las humanas y las divinas, la acidia es un pecado declarado porque se opone llanamente al amor de Dios y al de los demás. Concebir pues desánimo por tales cosas, abrigar voluntariamente en el corazón, inapetencia, como animosidad y disgusto por ellas, es pecado capital. Entre los sinónimos de la acidia, el desgano es uno de los más populares de nuestra generación. Esta falta encierra al individuo en su propio "castillo", y para él, el mandamiento de amar a Dios y a su prójimo, como a si mismo, se "cumple" en la última parte. En los tales, la siguiente admonición no es un hecho: "En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor" (Romanos 12:11) Porque "no hacer nada", como dijo Natanael Howe, "es el camino para no ser nadie". La pereza le cierra la puerta a las buenas obras.
 
 Mauricio Gonzáles U., en "POESIS", Revista de Filosofía, ha establecido los efectos más nocivos que pudiera generar la pereza si no es reconocida y enfrentada como un mal que daña el carácter, enumerándolo en el orden que sigue: En primer lugar, la repugnancia y la aversión al bien que hace que este se omita o se practique con notable defecto. En segundo lugar, la inconsistencia en el bien, la continua inquietud e irresolución del carácter que varía, a menudo, de deseos y propósitos, que tan pronto decide una cosa como desiste de ella, sin ejecutar nada. En tercer lugar, una cierta pusilanimidad y cobardía por la cual el espíritu abatido no se atreve a poner manos a la obra y se abandona a la inacción. En cuarto lugar, la desesperación de considerar que la salvación es imposible, de tal manera que lejos de pensar el hombre en los medios de conseguirla se entrega sin freno alguno a sus propias pasiones. En quinto lugar, la ociosidad, la fuga de todo trabajo, el amor a las comodidades y a los placeres. Y en sexto lugar, la curiosidad o desordenado apetencia de saber, ver, oír, que constituye la actividad casi exclusiva del perezoso. Así, pues, la acidia, vista como la pereza, genera efectos muy graves , pues no sólo empuja a la ociosidad sino que conduce al relajamiento y a la tibieza, constituyéndose este en el preámbulo de la decadencia moral y espiritual. Proverbios lo resume así: "El deseo del perezoso le mata, porque sus manos no quieren trabajar" (Proverbios 21:25)
 
 Ningún asunto hace más daño al individuo, a la familia y a la sociedad que una persona holgazana. Triste es reconocerlo, pero son muchos los que viven en esa especie de inacción, quienes dependiendo sólo de alguna ayuda social o familiar, se entregan a la laxitud y a la improductividad sin ver coronado la puesta en marcha de sus facultades naturales, o los dones entregados por la Providencia. Resulta, pues, tan necesario como urgente sacar de la vida la flojera. Para ello debiera haber una firmeza de propósito, que convierta la vida en una estela de utilidad. Se pasa una vez por este mundo; infeliz de aquel que no deja nada, porque no sembró nada. El pecado de la acidia se combate cuando descubrimos el don de la vida misma; eso es, para qué nacimos. Jesucristo dijo: "Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo". Él Señor desea trabajar en cada vida, en especial en aquellos que no tienen gana de seguir viviendo. La acidia es enemiga de los grandes logros. ¡Viva para ser útil!


 

 

Estudios de esta Serie:

Los siete Pecados Capitales, Parte 1
Los siete Pecados Capitales, Parte 2
Los siete Pecados Capitales, Parte 3
Los siete Pecados Capitales, Parte 4
Los siete Pecados Capitales, Parte 5
Los siete Pecados Capitales, Parte 6
Los siete Pecados Capitales, Parte 7

Nota: Este estudio es brindado por entrecristianos.com y su autor para la edificación del Cuerpo de Cristo. Siéntase a entera libertad de utilizar lo que crea que pueda edificar a otros con el debido reconocimiento al origen y el autor.  

 

 

¿Que te ha parecido este artículo?
Votos: 0, Promedio: 0

Te recomendamos

Deja tu comentario

avatar
  Suscríbete  
Notificado