Del escritorio de Julio Ruíz

Asombrosamente hecho

Asombrosamente hecho

Este es el primer mensaje de una serie Yo Soy Único e Irremplazable. Los estudios están 4 basados en el salmo 139.

Salmo 139:13-16

Mucha gente dice estar viviendo una crisis de identidad, aunque esto pudiera ser más bien una manera elegante para preguntarse “¿quién soy yo?». Hay personas para quienes la vida no tiene sentido. Se sienten tan insignificantes en medio de tantos otros sin saber para qué están aquí. Otros, por no saber quiénes son, están optando por cambiarse de género después de haber sido maravillosamente creados.

La visión de esta sociedad respecto a quiénes somos contrasta enormemente con la visión del salmo 139, donde encontramos a un hombre asombrosamente hecho, perfectamente conocido, imposiblemente separado y humildemente transformado, siendo estos los temas y la visión de este singular salmo. El Dr. Rick Warren en su bien conocido libro “Una Vida con Propósito”, cuando habla de “Entiende tu FORMA” en el capítulo 31, hace alusión al versículo 13 de este salmo, resaltando el valor que todos tenemos para Dios por la manera cómo fuimos creados.

Él ha escrito cómo “Dios nos diseñó a cada uno de tal manera que no haya un doble en el mundo”. La frase “no somos un accidente, naciste para un propósito” es una de las más notoria de su obra. De esta manera, por ser únicos e irremplazables, hemos llegado a ser Su obra maestra. Mi amado, cuando Dios te hizo quebró el molde, no hay otro parecido a ti. Veamos por qué eres tan especial.

El libro de nuestra historia

“Y en tu libro estaban escritas…”

Salmo 139:16b. Este versículo ha encontrado cierta dificultad en las mentes analíticas, porque no pueden reconciliar la idea del conocimiento previo de Dios sobre nuestras vidas, para luego tener una libertad de elección, como si Dios nos hubiera programado.

Otra versión traduce el texto así: “Todos los días de mi vida fueron previstos por ti, asentados en tu libro” (Moffatt). La RSV lo traduce así: “En tu libro fueron escritos, uno a uno, los días que fueron formados para mí”. Dios no nos creo al azar, porque nuestra existencia fue previamente planificada. Él se tomó su tiempo en diseñarnos. La primera cosa observada en este texto es el libro donde se escribió mi historia, muy distinto al registro donde aparece asentada mi acta de nacimiento.

Este libro es divino. Es el libro de Dios, donde reposan los archivos de nuestra historia. Es un libro con los planos originales de nuestra creación. ¿No es maravilloso pensar cómo antes de ser creados Dios lo había diseñado todo?  En el tiempo antiguo todo lo importante fue puesto por escrito, de allí nuestro conocimiento de la historia en los siglos pasados. Dios registró en sus memorias los días y los años de nuestra vida “que luego fueron formadas”. Nada surgió al azar.  

“Sin faltar una de ellas”

Salmo 139:16c. Si bien hay deformaciones genéticas en algunas personas al nacer, como la falta de piernas o brazos, o en algunos casos con órganos demás (1 Crónicas 20:6), eso no formó parte del diseño original. Dios nunca hace nada incompleto. Ningún hombre podrá protestar con el creador porque le faltó una pieza al momento de hacerlo.  Dios no olvidó ningún detalle cuando nos creo.

Él hizo lo mismo con nosotros como lo había hecho con Adán.  ¿Por qué Dios nos hizo con dos oídos, dos ojos, dos manos, dos piernas, pero con una sola boca? ¿Sabe usted las funciones de sus órganos internos?  ¿Sabe usted por qué fueron puestos todos sus órganos de esa forma? Con seguridad sabemos de los órganos exteriores, pero ¿sabe usted por qué Dios los puso en la forma cómo aparecen tan sabiamente distribuidos? ¿Le faltó algo a nuestro cuerpo?

Los evolucionistas no podrán explicar cómo es que el cuerpo humano tenga esa dependencia entre sus órganos. No pueden explicar la complejidad del cuerpo humano y la manera cómo está tan perfectamente conectado. El orgullo de la ciencia le cuesta aceptar a Dios como la mente maestra que hizo al hombre sin faltarle nada. A Dios ni le faltó ni le sobró alguna pieza al hacernos.

El lugar donde fuimos formados

“Tú me hiciste en el vientre de mi madre”

Salmo 139:13b. David es visto en la Biblia como un hombre dotado de muchos talentos, entre ellos como músico, líder, guerrero valiente; pero se desconocía su habilidad como médico. Pues en este texto a David se le reveló la clave de la embriología humana, una faceta del desarrollo en el útero, ignorada en su tiempo.

De este modo vemos acá algo extraordinario al mostrarnos el poder de la creación. El texto no deja dudas acerca de quién es nuestro hacedor. Si bien Dios no nos hizo del polvo de la tierra, como hizo con Adán, o a Eva de una de sus costillas, Él es nuestro creador, tanto como lo fue para ellos. Pero, además, es un contundente texto a través del cual vemos los derechos del bebé para que le sea respetada su vida.

Un bebé es un bebé así sea formado en el vientre o fuera del él al momento mismo de la concepción. Por lo tanto, él no es una mera colección de células. Fue allí en el vientre donde el Creador formó nuestras entrañas. Aquel fue como su “taller” donde hizo su laborioso y complejo trabajo en la formación de nuestro cuerpo. Fuimos asombroso hechos.

“Mi embrión vieron tus ojos”

Salmo 139:16. David sigue describiendo la manera cómo Dios lo había hecho tan bien planificado y  cómo cuidó de él mirando todo el proceso de su formación. No sabemos quién fue la partera que atendió a David, pero acá nos habla de Dios como siendo el primero en observarlo.

La visión de Dios en la etapa embrionaria no solo fue contemplativa, sino participativa. Dios sostiene el proceso y vigilancia de ese embrión con cuidado personal antes de nuestro nacimiento. Los nueve meses que estamos en el vientre de nuestras madres son debidamente cuidados.

En este sentido, Dios nos da la forma, así como lo hizo Adán, teniendo la similitud de haber sido hechos de las “profundidades de la tierra”. Esto confirmará, como sucedió con Adán, que venimos del polvo y al polvo volveremos. David sigue asombrado en su descripción añadiendo más elementos a ese conocimiento previo para decir también que “mi cuerpo no fue oculto” de esos ojos.

La visión anticipada de Dios respecto a nuestras vidas nos da una gran seguridad, porque nadie más sabe cuál sería mi destino y mi misión como el Señor. Antes de ser lo que soy estuve en la mirada de Dios. Eso me hace vivir para un propósito.

La manera cómo fuimos hechos

“No fue encubierto de ti mi cuerpo…”  

Salmo 139:15. Otra versión dice: “Tú me observabas mientras iba cobrando forma en secreto…”. Aunque la ciencia puede hoy saber los movimientos del bebé a través de un ultrasonido, y hasta precisar su sexo, no podrá entender la manera cómo el cuerpo humano va cobrando forma dentro de nosotros. Pero para Dios todo está a su vista porque Él ha sido su hacedor. Llama la atención en esta única y maravillosa obra, la manera cómo Dios trabaja; así David sigue describiendo la obra de Dios en su vida: “Bien que en oculto fui formado…”.

Juan Calvino, comentando este texto ha dicho: “Si un artesano intentara comenzar una obra en una cueva oscura, donde no hay luz para ayudarle, ¿adónde dirigiría su mano para hacerlo? ¿Y en qué forma lo haría? ¿Y qué clase de arte demostraría? Pero Dios hace la obra más perfecta de todas en la oscuridad, porque forma hombres en la matriz de una madre”. Extraordinario comentario. Dios no necesita de luz para hacer su obra, porque lo mismo le son las tinieblas que la luz Salmo 139:12.  

Spurgeon dice:“¡Con qué hermosura describe la formación de nuestro ser antes del tiempo de nuestro nacimiento! El gran artista trabaja a solas en su estudio…”. La obra será maravillosa.

“Y entretejido en lo más profundo de la tierra”

Salmo 139:15b. Otra versión traduce como “bordados” por las manos del Creador. Dios nos hizo como una pieza de arte inigualable, para llegar a ser   únicos en relación con otros. Yo no sé si habrá vida en otros planetas, o cómo serán los seres de otros mundos (por cierto, los que nos han mostrado son muy feos), pero el ser humano posee una composición tan finamente conectada, donde los órganos dependen unos de otros, y donde los evolucionistas no pueden explicarlo, por cuanto es imposible que el cuerpo humano haya evolucionado con esa simetría tan asombrosamente elaborada.

Observe lo entretejido del cerebro humano. Sin él no hay vida, porque es el que manda a todos. Como si se tratara de una orquesta, el cerebro es el órgano director, indicándole a los demás como funcionar. Fue hecho para controlar el resto del cuerpo. ¿Sabía usted que una de las funciones del corazón es bombear sangre oxigenada al cuerpo después de que bombea sangre desoxigenada a los pulmones? Normalmente hace esto de 60 a 100 veces por minuto, 24 horas al día. Los órganos internos fueron cubiertos con huesos, los huesos con tendones y los tendones fueron cubiertos con piel. ¡Totalmente asombroso

La alabanza que esto produce

“Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras…”

Salmo 139:14a. La versión NTV lo traduce así: “¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo!”. David no terminaba de salir de su asombro al verse como Dios lo hizo, de allí esta declaración de alabanza. Él, al contrario de los evolucionistas que niegan a Dios como creador, y al saber cómo fue hecho, expresa maravillado la alabanza que merece su Creador.

Si algún canto produjo su total inspiración fue este, y por lo visto acá, esta fue una sublime alabanza al ver cómo Dios tuvo cuidado de él aún antes de ver la luz del mundo. Bien pudiéramos unirnos a esta alabanza de David hasta decir igualmente: Yo alabo a mi Dios por haberme hecho formidablemente.

Lo alabo porque al verme, al saber de dónde vengo, cómo me ha sostenido y dirigido, me doy cuenta de que hay un solo yo. Que conmigo Dios usó un solo patrón que nunca más usará. También podré alabarle, porque para el tiempo venidero no habrá otro como yo. Y por ser una obra exclusiva y única de Dios debo ser encontrado haciendo siempre la voluntad de Aquel que me hizo tan especialmente, sin ser comparados con otros. Sí, formidables son tus obras. Me hiciste para ti y por eso te alabo.

«Mi alma lo sabe muy bien…”

Salmo 139:14b. David sigue en un estado de asombro cuando ve la deferencia de Dios al haberlo hecho de esta manera tan exclusiva. Habla de estar maravillado por el resultado final de la obra; otra versión dice: “Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien” (NTV).

¿Qué es lo que sabe nuestra alma? Nuestra alma sabe del don de la vida visto en nuestro cuerpo con la finalidad de adorarle y de bendecirle. Nuestra alma sabe del llamado de Dios para usar ese cuerpo en santidad y honor. También nuestra alma sabe muy bien que ese Dios al crearme tan laboriosamente hecho, superando al mejor de los tapices, me hizo para llegar a ser después la morada de su Espíritu.

Esa parte, el alma de David no lo sabía, porque esto ocurrió en la revelación progresiva y vino como resultado de recibir a Cristo en el corazón. En resumen, nuestra alma es la encargada de presentarle al Señor nuestra alabanza, al igual como ya David lo había expresado   en el salmo 103. Debemos detenernos para que todo nuestro ser bendiga a Dios y no olvide ninguno de sus beneficios, entre los cuales se incluye este de nuestra creación. “No somos el producto de una generación espontanea, sino hechos de un diseño divino”, y mi alma lo sabe muy bien.

Asombrosamente hecho

Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas” v. 16. Esta es la razón por la cual David quedó asombrosamente maravillado. Al profeta Jeremías ese mismo Dios le dijo también: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones” (Jeremías 1:5). No somos el producto de la casualidad o de alguna teoría evolucionista con su llamado “eslabón perdido”, sin probar todavía el origen de la vida. La ciencia y su orgullo no le permite concebir la idea de ser el resultado de un Creador que nos hizo asombrosamente perfectos, decir como David: “Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras…” v. 14. Honremos la vida de ese embrión. Honremos el cuerpo como templo del Señor.

Los estudios sobre esta serie del Salmos 139

Julio Ruiz

Venezolano. Licenciado en Teología. Fue tres veces presidente de la Convención Bautista en Venezuela y fue profesor del Seminario Teológico Bautista de Venezuela. Ha pastoreado diversas iglesias en Venezuela, Canadá y Estados Unidos.
1 Comment
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América
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3 meses de haberse escrito

Excelente y poderosa palabra. Muchas gracias por compartir Dios le bendiga hno Julio Ruiz Dios le continúe usando para su gloria!

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